El segundo esfuerzo
Las leyes y reglamentaciones secundarias que tendrán que instrumentarse para aterrizar cada una de las reformas constitucionales aprobadas son cruciales.
Uno de los pilares de la filosofía Lombardi (basada en las enseñanzas del entrenador del equipo Green Bay Packers, de 1959 a 1967) es la del segundo esfuerzo. Bajo esta premisa, Vince Lombardi enseñó a sus pupilos que la diferencia entre un jugador exitoso y los demás no es la falta de fuerza, ni de conocimientos o de inteligencia, sino de voluntad y perseverancia. México se encuentra hoy en una situación en la que, precisamente, se debe aplicar esta enseñanza.
Después de un año en el que se alcanzaron cinco reformas estructurales (pospuestas durante décadas), laboral, educativa, telecomunicaciones, financiera, fiscal y dos que están en el límite de la negociación para su aprobación (política y energética), queda todavía un sabor de boca de franca duda. ¿Habrá valido la pena el esfuerzo de sacar adelante estas reformas con el costo político que ello conlleva? ¿Habrá sido suficiente el trabajo realizado hasta el momento para asegurar que el crecimiento potencial de México se eleve de 3% a 5%? ¿Realmente estas reformas de “gran calado” tienen el impacto para remover las estructuras anquilosadas de nuestro país?
Esas interrogantes se nutren del escepticismo que impera en nuestro país respecto de la aplicabilidad de la ley. Podemos tener las mejores leyes del mundo, si no se aplican, simplemente no sirven. Ahí es en donde tenemos que aplicar el segundo esfuerzo. Las leyes y reglamentaciones secundarias que tendrán que instrumentarse para aterrizar cada una de las reformas constitucionales aprobadas son cruciales. Ese es el segundo esfuerzo sobre el que se definirá la diferencia entre un país mediocre con “buenas leyes” y un país de prosperidad, con una aplicación irrestricta de las mismas.
Ejemplos sobran. Hoy sigue imperando la incertidumbre respecto de la aplicabilidad de la reforma educativa en todas las entidades del país; las acciones de la CNTE en Oaxaca y otros estados justifican esa duda. La tardanza en las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones ha producido una suspicacia innecesaria entre los mexicanos respecto de la aplicabilidad práctica de esa reforma. La percepción de que la reforma laboral se quedó “corta” es un fenómeno generalizado entre los inversionistas nacionales y extranjeros que no palpan una mayor flexibilización de los mercados laborales de nuestro país. La reforma fiscal sigue ganando adversarios de manera consistente.
Hoy, México no puede desaprovechar la oportunidad que se ha ganado a pulso, habiendo cumplido con tres de las cuatro condicionantes para saltar a un periodo de crecimiento acelerado y desarrollo. La primera, estabilidad macroeconómica, ha sido trabajada desde hace 20 años con la corrección a fondo de los desbalances en materia de déficit público, balanza externa y endeudamiento privado; la segunda, generación de un mercado interno sólido de clase media, tiene ya una dimensión que todos reconocen: 18 millones de familias con poder adquisitivo que hacen atractiva la inversión en prácticamente cualquier sector; la tercera era inconcebible hace sólo un año, un conjunto de reformas estructurales que sacudieran las estructuras regresivas y oscuras de este país. Para sorpresa de todos, ya consolidamos seis de ellas.
Por si fuera poco, estos tres elementos estarán acompañados de un escenario internacional favorable en 2014 (EU podría crecer hasta 3%) y los precios de los bienes agroalimentarios tendrán una tendencia decreciente.
Pero nos falta lo fundamental. Falta la cuarta premisa para alcanzar el verdadero desarrollo, que implica la aplicación sin miramientos de la ley hasta sus últimas consecuencias. Un conjunto de leyes y reglamentaciones secundarias a las reformas estructurales que facilite la aplicación del Estado de derecho es crucial. El gobierno federal, el Congreso de la Unión, las empresas privadas y la sociedad de México, en general, no pueden bajar los brazos. Ahí está nuestro segundo esfuerzo. Ahí está la diferencia entre los países que tienen leyes flexibles pero aplicación estricta de las mismas (desarrollados) y países con leyes estrictas, pero aplicación flexible del marco legal (emergentes).
*Director General GEA Grupo de Economistas y Asociados S.C.
Twitter: @ernestocerv
