¿Y el ahorro, apá?
La reforma fiscal tendrá implicaciones importantes sobre la evolución del consumo y del ahorro para el país en los próximos años. El planteamiento de origen era alcanzar un régimen fiscal más progresivo, al tiempo de aumentar la capacidad recaudatoria del gobierno. ...
La reforma fiscal tendrá implicaciones importantes sobre la evolución del consumo y del ahorro para el país en los próximos años. El planteamiento de origen era alcanzar un régimen fiscal más progresivo, al tiempo de aumentar la capacidad recaudatoria del gobierno. La incidencia del nuevo régimen fiscal será especialmente elevada para las personas físicas y las familias, en específico, para las de mayores ingresos relativos. Esto se deriva de que se plantean nuevos impuestos al consumo de bienes específicos (con elevado contenido calórico), el establecimiento de un nuevo impuesto a las utilidades en bolsa, la eliminación de regímenes especiales y el aumento de la tasa impositiva para la población con ingresos superiores a 750 mil pesos anuales.
Aunque loable desde el punto de vista distributivo, este esquema no estará exento de costos, al menos en el corto plazo. Cuando menos, se pueden identificar dos variables macroeconómicas de suma importancia para el crecimiento, que se verán afectadas en los próximos años: el ahorro y el consumo privado. De acuerdo con la información de la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares en México (ENIGH) para 2012, el estrato de mayores ingresos en el país (decil 10) representó 34.8% del ingreso familiar total y 41.7% del ingreso neto, una vez descontados los gastos esenciales de las familias (alimentación, vestido, vivienda, transporte, cuidado de la salud y educación).
De manera evidente, las familias asignan el ingreso neto a dos propósitos fundamentales: al ahorro o al consumo considerado como “no indispensable”. Ante el apretón fiscal, el ingreso del 10% más rico del país podría disminuir hasta 4% en 2014 y las familias de este estrato tendrán que decidir cuál de estas dos variables será la que ajustarán. Vale la pena subrayar que el peso relativo del ahorro de este estrato de ingresos en el ahorro total del país, es superior a 100%. Este resultado es posible en la medida que los deciles de menores ingresos observan consistentemente un desahorro anual.
En periodos de expansión, aproximadamente 10% del aumento en los ingresos totales se traduce en un aumento del ahorro, pero en periodos de contracción, el ahorro tiende a ser sacrificado en mayor proporción que el consumo no indispensable. En ese contexto, es plausible suponer que en 2014 se observará una contracción del ahorro total de la economía con el consecuente impacto sobre los fondos disponibles para el financiamiento a la inversión del sector privado. Así, sólo una política agresiva de crédito por parte de la banca de desarrollo podría compensar el impacto negativo potencial al financiamiento disponible para la inversión.
El segundo elemento de preocupación derivado de la reforma fiscal es el consumo privado. El decil 10 (de mayores ingresos en el país) representa 36.3% del gasto del país, lo que pone de manifiesto la importancia que tiene el consumo que realiza, año con año, este estrato de ingresos. Para algunos sectores específicos, la participación del gasto del decil 10 en el gasto familiar total es sustancialmente más elevado y, precisamente para esos sectores, 2014 constituirá una año difícil en términos de ventas. En especial, destacan los sectores de restaurantes (32.9%), electrodomésticos (34.4%), automóviles (49.0%), esparcimiento (44.0%) y turismo (59.6%). Para todos ellos, el consumo del estrato de ingresos más elevado es crucial.
En reiteradas ocasiones hemos insistido que para crecer a tasas cercanas a 5%, México necesita invertir mucho más (20% del PIB anual). Esa inversión sólo será posible si existe financiamiento oportuno y competitivo para las empresas del país. Pero dicho financiamiento sólo se puede dar si se genera el ahorro correspondiente. El eslabón más frágil para 2014 es precisamente ese: sin ahorro no hay financiamiento, y sin financiamiento no habrá suficiente inversión. Así, los fondos disponibles para el sector privado no sólo se verán menguados por un mayor déficit público, sino también por un menor ahorro del estrato de ingreso más elevado del país.
*Economista
