Sí, “pero”... el flan que no acaba de cuajar

Desde 1995 México se dedicó a estabilizar su economíacorrigiendolos tres grandes desbalances que nos afectaron en los 70, 80 y 90.

Durante décadas la economía mexicana ha enviado señales a los mercados internacionales de que las “cosas” se están haciendo bien en nuestro país y de que “pronto” vendrá un periodo de crecimiento importante que no se debe desaprovechar. Ese periodo de bonanza, representado por crecimiento superior a 3% anual, no ha llegado y la confianza abrumadora de los inversionistas internacionales no se ha consolidado. Siempre se ha podido de encontrar un pero que impida que la receta para el flan perfecto se materialice.

En ese tenor, desde 1995 México se dedicó a estabilizar su economía  corrigiendo los tres grandes desbalances que nos afectaron en los 70, 80 y 90: déficit fiscal incontrolable, déficit en cuenta corriente exacerbado y sobreendeudamiento del sector privado. A partir de ello, nos consolidamos como una de las economías emergentes más estables del mundo. La respuesta internacional fue clara: te aplaudo pero eso no es suficiente. Tu economía sigue creciendo poco y necesitas consolidar un mercado interno amplio y atractivo.

México tiene un problema serio de pobreza: 50% de la población se ubica en esa situación. Pero ese no era el caso hace 20 años, cuando la pobreza alcanzaba a más de 65% de las familias. Por medio de programas específicos (Solidaridad, Progresa, Oportunidades y Para Vivir Mejor), se ha consolidado una clase media que hoy alcanza 16 millones de familias, lo que representa una población con poder adquisitivo superior a la población total de cualquier país de América Latina, excepto Brasil. La respuesta internacional nuevamente fue: fantástico pero eso tampoco es suficiente. No has consolidado las reformas estructurales necesarias para garantizar que el crecimiento sea elevado y sostenido.

Todos sabemos que tenemos el sistema político perfecto para no realizar los cambios estructurales que requiere el país (o realizarlos muy lentamente). Las distintas visiones del país que queremos ser en el futuro, se suman al requerimiento de mayoría calificada para modificar nuestra (por demás anquilosada) Constitución. El cambio de Administración y la voluntad política de los tres partidos políticos de mayor representatividad en nuestro país, condujo a un esquema sui géneris para salvar este obstáculo: el Pacto por México.

Con este instrumento, en 2013 se han aprobado cuatro reformas estructurales de gran envergadura: la laboral, la educativa, la de competencia en telecomunicaciones y la financiera. Sobre la mesa de discusión del Congreso están otras tres reformas de gran calado: la fiscal, la energética y la política. Todas ellas tendrán un impacto importante en el crecimiento potencial de nuestro país. La respuesta internacional ha sido en el mismo sentido que las anteriores: fantástico, pero no me gusta del todo que la reforma fiscal no garantice los recursos suficientes para que no se incurra en déficit fiscales. Después de todo, México tiene una tendencia clara a confundir lo temporal con lo permanente y permitir un déficit público hoy, no necesariamente implica que las siguientes administraciones lo reduzcan en el futuro. La Ley siempre puede modificarse para eludir la responsabilidad del “autoajuste”.

Me parece que el tradicional escepticismo sobre nuestra capacidad para elevar el crecimiento potencial de la economía es, ahora sí, injustificado. Probablemente, la incredulidad se asocia al bajísimo crecimiento económico del presente año o al impacto que pueda tener la reforma fiscal sobre la inversión, el consumo y la estabilidad macroeconómica. También es claro que la lista de tareas pendientes es larguísima (seguridad, corrupción, transparencia, Estado de derecho, protección civil, etc.),

Pero no se puede soslayar el hecho de que los avances estructurales son tangibles. El escenario de crecimiento prospectivo es el mejor de los últimos 30 años y en el caso de que peligrara la estabilidad macroeconómica ganada hasta el momento, tenemos instituciones autónomas (Banxico, IFAI, Congreso de la Unión, medios, etc.) que pueden y deben actuar para evitarlo.

                Director General GEA

                Grupo de Economistas y Asociados S.C.

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