Yo no fui, fue Teté

Las autoridades han atribuido el mal comporta-miento de la economía mexicana de manera, casi exclusiva a la desaceleración internacional.

La contracción de la economía cayó como balde de agua fría para el gobierno federal y para el sector empresarial interno y externo. De inmediato la SHCP revisó a la baja su pronóstico de crecimiento a sólo 1.8%, generando con ello una oleada de pesimismo entre inversionistas y analistas de la economía del país. Frente a esto, resulta fundamental hacer un análisis de las causas de dicha contracción para determinar si es un fenómeno meramente coyuntural o si existen motivos que justifiquen el pesimismo que se ha manifestado a lo largo y ancho del país.

Las autoridades han atribuido el mal comportamiento de la economía mexicana de manera, casi exclusiva a la desaceleración internacional y al efecto que esto ha tenido sobre nuestras exportaciones. Esto es sólo parcialmente correcto. Nuestro principal destino exportador (el sector industrial de EU) disminuyó su crecimiento de 4.2% en el primer semestre de 2012 a 2.1% en 2013.  Desaceleración clara, pero no contracción. En México la producción industrial creció 4.5% en el primer semestre de 2012 y se contrajo 0.2% en 2013. Esto no corresponde a la vinculación histórica de nuestro sector industrial con el de EU. Las trayectorias de crecimiento son diferentes desde hace más de un semestre.

El sector manufacturero de EU ha mostrado un crecimiento muy superior al de otras economías industrializadas y emergentes, asociado a la revolución energética derivada de la explotación del gas shale y a la consecuente reducción de sus costos energéticos. Procesos industriales que hasta hace unos años ya no eran viables en ese país, hoy son los más competitivos del mundo. La industria de EU se ha empezado a desvincular de muchas de las economías emergentes de las que demandaba insumos o procesos. México no ha sido la excepción y es desafortunado que, hasta el momento, no hayamos aprovechado la oportunidad de “montarnos” en esa revolución industrial a pesar de que nos ubicamos en la misma zona geo-económica. Otra oportunidad desaprovechada. La pregunta de fondo hacia adelante es si seguiremos ese patrón de desvinculación industrial creciente o si seremos capaces de revertir la tendencia de los últimos tres trimestres.

Sin embargo, hay otros elementos que explican nuestra contracción y que no están asociados a lo que pasa en el resto del mundo. El sector de las construcción es uno de ellos. El primer semestre de 2013 ha sido uno de los peores en materia de construcción de vivienda en nuestro país. Los cambios anunciados en diciembre de 2012 para detener el crecimiento horizontal de las ciudades de México y fomentar la construcción vertical de vivienda, han tenido un efecto devastador sobre las empresas desarrolladoras de vivienda del país. Al margen del mal manejo que hayan tenido esas compañías de su deuda, el hecho es que hoy los créditos puente para la fabricación de vivienda nueva están detenidos y el inicio de casas en México es el menor de los últimos 15 años. En pocas palabras, la mitad del sector construcción (vivienda) está parado y seguirá parado hasta que no se reactive el crédito.

Al mismo tiempo, la inversión directa del gobierno federal ha observado uno de los peores arranques para una nueva administración. De acuerdo con cifras de la SHCP, la contracción real en ese rubro ha sido superior a 30% en el primer semestre del año. La reactivación de esta porción de la construcción tiene un fundamento político y es plausible suponer que su desempeño será mejor en el segundo semestre del año.

Por último, no se puede menospreciar el impacto que ha tenido la contracción del poder adquisitivo de las familias de México como resultado del aumento de los precios de los bienes agroalimentarios. Esto se ha traducido en una contracción importante de las ventas que podría seguir manifestándose en el segundo semestre de 2013.

El escenario benevolente que se anticipaba para México en 2013 parece diluirse frente a nuestra complacencia con el statu quo. Recuperar esa senda requiere cambios de timón drásticos. Las reformas estructurales planteadas para septiembre-diciembre podrían echarnos una manita, pero sus efectos se sentirán hasta bien entrado 2014.

                *Director General GEA

                Grupo de Economistas y Asociados S.C.

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