México noble

Nadie puede negar lo que se ha avanzado durante los últimos 20 años. Hoy somos una de las economías más estables del mundo.

Entre economistas, filósofos, pedagogos, psicólogos, educadores y hasta cineastas de México y del mundo ha surgido la preocupación por la llamada generación“yo-mi-me-conmigo” constituida por jóvenes de todos los países y de todas las clases sociales, que dependen de sus padres sin buscar independizarse del todo y sin reconocer el valor de ganarse las cosas a través del esfuerzo.

La preocupación de esos analistas radica en que, de mantenerse este fenómeno, se consolidará una generación de adultos débiles incapaces de confrontar la adversidad; una generación de personas arrogantes que quieren una medalla de oro sólo por participar; una generación basada en el merecimiento y no en el trabajo; una generación incapaz de postergar la gratificación, cuyo objetivo es la felicidad per se y no el resultado de acciones gratificantes. Su ley es la del mínimo esfuerzo, que no les permite madurar y que desea ser sólo una cosa: un adolescente permanente, pero eso sí, rico y sin luchar por ello.

México, como país que apenas tiene 16 años de vida democrática, desafortunadamente comparte varias de esas características del adolescente del siglo XXI. Postergamos, desde hace décadas, los cambios estructurales económicos y políticos que requerimos para transitar de una economía emergente (adolescente) a una economía desarrollada (adulta, capaz de hacerse cargo de sí misma). Es más fácil así quedarse siempre joven, siempre dependiente. Madurar es más difícil, implica esfuerzo, trabajo e, inclusive, dolor.

Cambiar la posición de México de la de un adolescente a la de un adulto parece imposible, pero todos sabemos que mantenerlo así nos llevará a la ruina. Nos lamentamos del avance que tienen otras economías emergentes, pero no hacemos lo conducente para seguir el mismo camino, con cambios dolorosos sí, pero necesarios. Madurar como país es difícil, no madurar es muy fácil, implica no afectar intereses creados por decreto desde hace décadas a favor tanto de empresarios como de sindicatos, pero también equivale a resignarse al adolecer permanente, al subdesarrollo permanente.

Nadie puede negar lo que se ha avanzado durante los últimos 20 años. Hoy somos una de las economías más estables del mundo desde el punto de vista macroeconómico, sin problemas de sobre endeudamiento (público o privado), sin déficit externo desequilibrante. También tenemos un andamiaje institucional más sólido e independiente (IFE, Banxico, INEGI, IFAI, CFC, Poder Legislativo, TLCAN, etc.) que, sin importar el partido en el poder, nos permite preservar, precisamente, esa estabilidad macroeconómica. Sin embargo, todo ello sigue siendo insuficiente para garantizar un crecimiento elevado y sostenible y una generación de empleos formales que atienda nuestro empuje demográfico. Se requieren esos cambios estructurales en el margen que nos permitan transitar como país de la adolescencia a la adultez.

Hoy las condiciones están dadas para dar ese paso en el muy corto plazo. Contamos con la atención internacional y la avidez de la inversión extranjera por arriesgarse con México, si hacemos esos cambios (reformas política, energética y fiscal). Se ha consolidado inclusive la voluntad de los tres partidos políticos para trabajar en esas reformas en el marco del Pacto por México. Los cambios hechos hasta ahora (reformas laboral, educativa, de competencia y financiera) son importantes, pero insuficientes. Nadie nos va a dar una medalla de oro por ello. Participar ya no es suficiente frente a lo que están haciendo el resto de las economías emergentes del mundo. Se requiere ir al fondo.

La discusión del siguiente periodo ordinario de sesiones del Poder Legislativo será una oportunidad para evaluar si efectivamente queremos dar el salto a la adultez o si queremos perpetuar el sistema económico y político ideal para no cambiar nunca. La madurez como país implica hacernos cargo de nuestras propias acciones, de debatir y realizar los cambios que requerimos.

                *Director General GEA Grupo de Economistas y Asociados S.C.

                ecg@gea.structura.com.mx

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