El cuerpo necesita hablar
En las últimas décadas el cuerpo se ha convertido en discurso. Crece el número de quienes se abren camino y lanzan un mensaje con solo estar presentes. Importa poco lo que digan. Llegan, irrumpen e incomodan, sobre todo si les acompaña una fuerte carga sexual. La ...
En las últimas décadas el cuerpo se ha convertido en discurso. Crece el número de quienes se abren camino y lanzan un mensaje con solo estar presentes. Importa poco lo que digan. Llegan, irrumpen e incomodan, sobre todo si les acompaña una fuerte carga sexual.
La psicoanalista Silvia Ons ha observado que el sexo constituye un elemento vinculado a este discurso que emerge desde la anatomía. Y eso lo documentan las prácticas sexuales transformadas en movimientos con consignas, añade. El individuo se vincula con su sexualidad desde donde construye una identidad propia.
La horizontalidad de la comunicación ofrecida por las redes sociales ha permitido que personas con premisas compartidas puedan interactuar para luego agruparse en estos colectivos.
Sin embargo, Silvia Ons alerta que “el impacto de las tecnologías de la información ha alterado la percepción temporal de los seres humanos”. El tiempo cronológico ha sido desplazado por el tiempo de la pantalla, particularmente de los dispositivos móviles donde “todo está ahí, de manera instantánea”.
Lo anterior, dice en uno de sus ensayos, estaría alentando la percepción de que no existen límites para modelar el cuerpo sexuado. Esto puede percibirse en quienes se proyectan diferentes desde principios de libertad y sobre todo de autonomía. No me refiero a las identidades indígenas o raciales, sino a las filiaciones emergentes que están definiendo los derroteros del Siglo XXI.
Si bien el cuerpo constituye una marca insoslayable, añade esta autora, los desarrollos tecnológicos y científicos ofrecen su permanente renovación proyectando un orden simbólico construido para perdurar, a sabiendas de la finitud existencial. El aquí y ahora parte de esta situación para crear un limbo desde donde se minimiza y se pierde la percepción de riesgo para la salud así como la integridad física del embalaje.
Es por ello que me permito, a manera de hipótesis, advertir en la sexualidad construida desde estos referentes los contextos de riesgo que supone usar sustancias y alcohol o en el caso de los hombres abusar de la pastilla azul para prolongar la erección. Las infecciones de trasmisión sexual completan el cuadro al igual que los contextos de violencia sexual, solo explicables porque el machismo permanece en la construcción de los nuevos roles sexuales.
Si antes “el viaje lúdico” se gestaba desde la imaginación trastocada por el LSD o la mariguana, ahora el desplazamiento sideral surge del cuerpo mismo, territorio libre pero sobre todo autónomo, aunque frágil al mismo tiempo. ¿Qué tanta vulnerabilidad puede ocultar una identidad comunitaria conformada por individuos que descuidan su propio cuerpo?
En la apariencia parece estar la clave. Silvia Cons cita al filósofo francés Guy Debord, quien en los años setenta alertó sobre el surgimiento de un valor asociado a la apariencia; ya no iba a ser el “ser” ni el “tener”, sino el parecer.
La cita es oportuna. Permite comprender que el culto por lo nuevo está vinculado al aspecto o la imagen definidos desde su reelaboración permanente frente a necesidades no satisfechas por el mercado ni la globalización. El asunto aquí es que construir sobre el cuerpo físico conlleva simultáneamente el deterioro de ese volumen corpóreo, porque no siempre existen los recursos o las condiciones biológicas para atender la exigencia de vivir bajo el ritmo trepidante de la modernidad, la moda y la permanente búsqueda de identidad.
No estoy del todo convencido que este fenómeno constituya una expresión de malestar; dejo dicha valoración para los psicoanalistas. Pero algo es cierto: los colectivos que labran su identidad a partir de referentes sexuales están jugando un papel importante en la configuración de epidemias que tienen como vector el combustible sexual, precisamente, de su discurso.
Uno de los regalos que llegan con el cuerpo lo constituye el placer genital. Hay que disfrutarlo sin etiquetas. Distanciado de identidades sexo genéricas, anarquistas o políticas. Basta con entregarlo a los cinco sentidos para configurar ese lenguaje desplazado por la carne, para que comunique desde la sensibilidad y el erotismo. Un ejercicio que implica tocar, oler, escuchar, mirar y, sobre todo, hablar.
Referentes
Cons, Silvia. Comunismo sexual. Ed. Paidós, 2012, Buenos Aires.
@LuisManuelArell
