De dioses, física cuántica y budismo

En diferentes momentos, el Dalai Lama ha señalado que si un descubrimiento científico contradice o pone en duda la doctrina espiritual del Tibet entonces deben revisarse los principios del budismo. Tenzin Gyatso así se llama el Dalai Lama ha tenido mucho interés por la ...

En diferentes momentos, el Dalai Lama ha señalado que si un descubrimiento científico contradice o pone en duda la doctrina espiritual del Tibet entonces deben revisarse los principios del budismo.

Tenzin Gyatso (así se llama el Dalai Lama) ha tenido mucho interés por la física cuántica y en general por otras ramas de la ciencia. En su libro “El universo en un solo átomo” publicado en el 2005, afirma categóricamente: “si el análisis científico pudiera demostrar sin lugar a dudas que determinados postulados del budismo son falsos, deberíamos aceptar los hallazgos de la ciencia y abandonar dichos postulados”.

El interés científico por parte de los monjes tibetanos también está narrado en un capítulo del libro “Saltos Cuánticos” escrito por el físico teórico Jeremy Bernstein. Relata que en 1983 una delegación de monjes encabezada por el Dalai Lama visitó la sede de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN por sus siglas en francés) cuyo laboratorio destaca por su dedicación a la física de las partículas elementales. Durante esa visita el líder espiritual del Tibet conversó con el físico irlandés John Bell sobre diversos temas de la cuántica y de la cosmología, como el Big Bang.

La física cuántica también ha estado presente en el pensamiento de sacerdotes católicos pero a título individual, nunca a nombre de El Vaticano. De hecho, la ciencia como concepto siempre provoca incomodidad en la Santa Sede. Y esa situación puede observarse en otros credos milenarios que reaccionan cuando alguna disciplina científica confronta sus creencias.

¿Por qué el budismo tibetano no teme revisar sus preceptos e incluso modificarlos ante los hallazgos de la física cuántica? Pueden aducirse varias razones, particularmente que su líder es inteligente, que está familiarizado con las investigaciones cuando construyen principios y cuya capacidad predictiva puede ser comprobable, pero también porque las tesis del budismo convergen con la mecánica cuántica y sobre todo porque estamos frente a una religión introspectiva, “no teísta”. De hecho, es la única religión milenaria que puede darse el lujo de madurar, expandirse y consolidarse sin tener un dios de por medio.

¿Entonces, para la física cuántica los dioses son innecesarios? Las religiones teístas milenarias y las religiones emergentes responderán que no, que es imposible pensar el origen de la vida sin un dios. Sin embargo, la antropología nos ha formulado una llamada de atención. Está documentado que la aparición de los dioses se produce en la mente del humano de forma paralela al desarrollo del cerebro. Dicho de forma diferente: la noción de Dios es producto de la evolución de los homínidos; el homo sapiens es quien ha creado la narrativa de los dioses.

A partir de la teoría de la evolución del cerebro, Edwin Fuller Torrey apunta: “los dioses y después las religiones formales vinculadas con los dioses son producto del desarrollo del cerebro humano”. La evolución de la capacidad cognitiva -añade- permitió a nuestra especie “proyectarse hacia atrás y hacia adelante en el tiempo” con lo cual pudo predecir su propia muerte pero también buscar cómo evitarla. Torrey relata de forma detallada cómo es que se fueron configurando las condiciones mentales para desafiar ese destino abriendo la posibilidad de seguir existiendo después de la muerte.

Psiquiatra de formación, para el investigador estadounidense la conciencia de la muerte, la creencia de que existe vida después de la muerte confirmada por los sueños, la adoración de los ancestros y su jerarquización desembocan en el surgimiento de deidades. Este es el punto crucial que permite identificar la esencia en el pensamiento religioso: vivir después de la muerte es una oferta de las religiones.

También maestro en Antropología, Torrey identifica que “las semillas de los dioses” aparecen cuando aumentan la inteligencia, la autoconciencia, la conciencia del pensamiento de los otros, la introspección y la memoria autobiográfica.

Si bien la evolución cognitiva se completó en nuestra especie hace unos 40 mil años debe tomarse en cuenta que la construcción de dioses también siguió un proceso afuera del cerebro. Citando al filósofo griego Evémero de Macedonia (330 - 250 aC), Torrey subraya que “originalmente los dioses fueron dirigentes humanos deificados gradualmente por sus súbditos”. Después cita al sociólogo inglés Herbert Spencer quien sugiere que “todos los dioses fueron ancestros fundadores de tribus, jefes guerreros famosos por su fuerza y valor (y) curanderos de gran reputación”.

Hay mucha bibliografía para comprender cómo es que las figuras divinas se convirtieron en plataformas de poder e impunidad que usufructúan sus representantes en la Tierra. Privilegio defendido con una narrativa ideológica por la cual se asegura que son creadores del universo y dueños absolutos de la vida, pero dada la imposibilidad de documentar el origen divino de los dioses, ante el embate de la ciencia se resguarda su existencia con los artilugios de la fe que no tolera ningún asomo de dudas.

La historia ha demostrado cómo es que un dios abordado desde la fe no permite cuestionamientos ontológicos ni información que altere o contradiga su esencia. Un dios así alimentado tampoco acepta la ciencia y sus rigurosos métodos para acceder al conocimiento, sobre todo si ese conocimiento contradice sus premisas espirituales.

Pero la discusión no es sobre si dios existe o no existe, sino de qué forma su concepto le abre puertas a la ciencia. Eso.

Referencias

  • Bernstein, Jeremy. “Saltos cuánticos”, traducción de Pablo Sauras. Ed. Alba, 2011, Barcelona.
  • Torrey, Edwin Fuller. “La evolución del cerebro y la idea de Dios. Los orígenes de la religión”. Traducción de Guillermina del Carmen Cuevas Mesa. Ed. Fondo de Cultura Económica, 2021, México.

@LuisManuelArell

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