El Z-40 y la prevención

Las políticas públicas pueden cambiar vidas. Para eso existen, para elevar el bienestar de las personas, modificar su entorno, abrir oportunidades de desarrollo personal. Especulo sobre aquellas que pudieron haber hecho mella en la trayectoria de vida de un personaje como ...

Las políticas públicas pueden cambiar vidas. Para eso existen, para elevar el bienestar de las personas, modificar su entorno, abrir oportunidades de desarrollo personal. Especulo sobre aquellas que pudieron haber hecho mella en la trayectoria de vida de un personaje como El Z-40, ese criminal de indescriptible crueldad. Sin duda, hay componentes de la propia personalidad del criminal que marcaron esa trayectoria, pero también hay elementos de contexto que potenciaron estas desviaciones primarias.

Traigo esta reflexión a colación porque en el país se trabaja en una estrategia nacional para prevenir el crimen y la violencia. Desde febrero pasado, apenas iniciada la administración, se presentaron las bases de lo que constituiría el programa y se han dado los primeros pasos en su implementación. La prevención del delito es una materia complicada y también jabonosa. Si uno busca en la literatura especializada sobre el tema anclajes conceptuales para facilitar la hechura de políticas, lo frecuente es encontrar que es un concepto con muchas dimensiones y que además se encuentra en constante evolución.

El concepto y las prácticas de prevención surgen como una alternativa, o más bien complemento, a las medidas policiacas punitivas para lidiar con el problema del crimen. La idea es actuar antes de que ocurra el hecho delictivo. Las políticas o acciones de prevención entonces trabajan sobre aquellos factores de riesgo que pueden detonar o traducirse en un acto criminal. Y la lista de condicionantes o detonantes del delito y la violencia es tan amplia, que difícilmente una política pública aislada puede hacerse cargo de ellas. Por eso es que generalmente interviene más de una agencia gubernamental y más de un nivel de gobierno, pero también por eso, muchas de ellas pierden enfoque: porque quieren atender simultáneamente fines múltiples con recursos escasos.

Por lo expuesto pienso que la política de prevención del gobierno actual puede extraviarse si no toma partido desde un principio, esto es, si no define con claridad cuál es su apuesta y alinea los instrumentos y recursos tras los objetivos que plantee como prioritarios. De lo contrario la estrategia puede fragmentarse en un sin fin de iniciativas aisladas que abarquen tanto que el impacto quede reducido.

Las trayectorias de vida de las personas sentenciadas y en reclusión ofrecen buenas indicaciones de por dónde deben conducirse las políticas de prevención. En esas trayectorias se pueden identificar puntos de quiebre que hicieron a la persona más proclives a la comisión de un crimen. Y es en estos puntos donde las intervenciones gubernamentales pueden tener un impacto: cambiar algunos aspectos de la trayectoria de vida que empujan al acto criminal.

Ciertamente, sabemos que las personas que purgan una condena son apenas una fracción de las que han cometido un delito y que nuestro sistema de justicia sanciona particularmente a personas que por su condición social no cuentan con los medios para defenderse. Aun y con estos sesgos y problemas, la información que se recaba de sus perfiles de vida ofrece evidencia extraordinariamente valiosa para diseñar políticas de prevención. De aquí, creo yo, puede el gobierno escoger las batallas que quiere dar en los próximos cinco años de gobierno.

Las Encuestas de Población en Reclusión que elabora y procesa el CIDE y los trabajos académicos que de ellas se han derivado, como los de Carlos Vilalta, académico de la misma institución, quien trabaja en construir perfiles criminales, dan las pautas sobre los puntos de quiebre: en dónde se puede intervenir estratégicamente para cambiar vidas.

La mayoría de la población en reclusión entrevistada en las encuestas mencionadas, tiene un origen familiar problemático: padres alcohólicos, familias uniparentales, entornos de violencia dentro del seno familiar, dificultades económicas, abandono del hogar a una edad temprana, deserción escolar, y por tanto, bajas destrezas y habilidades para el trabajo. Si se urga más, los factores de riesgo se hacen evidentes.

Por nuestra realidad de crimen y violencia, es evidente que las políticas de prevención en México no se habían tomado en serio hasta hace muy poco, a pesar de que el concepto aparece en los planes de desarrollo desde Miguel de la Madrid. Esta administración lo ha convertido en un componente central en su estrategia anticrimen.

Los responsables de la política de prevención tienen una enorme tarea frente a sí, pero también una enorme fuente de inspiración: buenas políticas, buenos instrumentos pueden hacer que quienes se encuentran en la línea, no la traspasen y hallen oportunidades para desarrollarse sin infringir la ley.

El Z-40 es, en parte, producto de su entorno familiar, comunitario, social. Un entorno del que somos responsables. No permitamos que se repita.

                *Directora de México Evalúa

                Twitter: @EdnaJaime

                @MexEvalua

Temas: