Centralización vs. cooperación
El presidente Peña reitera, en cada oportunidad, que para mejorar las condiciones de seguridad en el país se requiere de la cooperación de los actores gubernamentales que tienen esta responsabilidad. Su énfasis surge de las muchas historias que construyeron el ...
El presidente Peña reitera, en cada oportunidad, que para mejorar las condiciones de seguridad en el país se requiere de la cooperación de los actores gubernamentales que tienen esta responsabilidad. Su énfasis surge de las muchas historias que construyeron el desencuentro entre el gobierno federal y autoridades locales en la administración que hace unos meses concluyó. Es conocido que en la administración pasada no se establecieron relaciones de confianza entre quienes debían operar los instrumentos y las estrategias para combatir el problema. Y esto se dio no sólo entre las agencias del gobierno federal y sus contrapartes en los estados; en el propio equipo del gobierno federal, las zancadillas entre unos y otros estuvieron a la orden del día. En estas dinámicas influyó el personal estilo de gobernar del presidente Calderón, quien depositó su confianza en un muy reducido y selecto grupo de colaboradores. Pero el problema no sólo es de personalidades, es más estructural y así debe entenderse y abordarse.
El gobierno del presidente Peña identifica el problema, pero no estoy segura que la solución. En el trabajo de diagnóstico que realizó el equipo de transición, escucharon todo tipo de recriminaciones sobre el trato hostil que gobernadores y funcionarios de otros ámbitos de gobierno recibieron por parte del gobierno federal. Estas recriminaciones no fueron hechas debajo de la mesa. El presidente Calderón públicamente señaló a sus contrapartes estatales por su falta de compromiso con el proyecto y con el objetivo de abatir la criminalidad. Como todo diferendo entre partes, cada una de las versiones que se ofrecen tiene un componente de verdad. Pero el hecho es que la falta de comunicación y coordinación tuvo como consecuencia la multiplicación de víctimas que pudieron protegerse de ser más efectiva la respuesta gubernamental.
Por eso, esta administración, en lugar de engolosinarse con las anécdotas del fracaso, debería estar planteándose cómo resolver el problema. En estos primeros meses se ha podido distinguir en ella el afán por reconcentrar decisiones y poder, y a esa lógica corresponden algunas de sus más llamativas medidas de arranque. Pero no se deben de confundir los mecanismos de la recentralización con los de la coordinación. Son conceptos con lógicas e implicaciones muy distintas.
Lo que sucede ahora mismo en la Secretaría de Gobernación es un buen ejemplo que ilustra el punto. Con la fusión entre ésta y la antigua Secretaría de Seguridad Pública se han concentrado una gran cantidad de decisiones y poder en su titular. Y, sin embargo, por lo que se percibe, la secretaría es un hervidero por la confusión de funciones y atribuciones que resultan de una integración que aún no culmina. El secretario de Gobernación puede dar manotazos para poner orden, pero mientras la fusión no acabe de asentarse y las competencias y funciones de definirse, no habrá condiciones para la coordinación. Por más que tengan a un supersecretario a la cabeza. Y si no se logra dentro de la casa, difícilmente fuera de ella.
La coordinación entre agencias gubernamentales y dentro de las mismas refleja madurez en instituciones y procesos, un trabajo de tejido fino que se logra con el paso de los años en ejercicios de ensayo y error. También es posible llegar a ella por otras rutas de acceso. Nuestro pasado lo ilustra: el viejo régimen político contó con mecanismos de disciplina tan potentes que la coordinación no fue tema sino hasta años recientes. El colapso de un sistema político monolítico dio paso a un sistema fragmentado de poder y de toma de decisiones que todavía no encuentra los cauces y mecanismos para construir un todo armónico, funcional. Éste es el tema de fondo cuando hablamos de la coordinación o de su ausencia: múltiples actores que no están del todo acomodados e interconectados para producir un sistema que procese decisiones, recursos y políticas de manera efectiva.
Cuando el nuevo gobierno se refiere con tanto afán al tema de la coordinación, no puedo dejar de preguntarme cómo la concibe y cómo piensan resolverla. Puede intentar recrear el viejo modelo o promover cambios institucionales más profundos que darían resultados perdurables. En el ámbito de la seguridad cuenta con el instrumento: el Sistema Nacional de Seguridad Pública. En lugar de mantenerlo relegado, debería estimularlo, reformarlo para convertirlo en la plataforma de comunicación, de concertación y de coordinación que tanto necesitan nuestras políticas de seguridad. Para que la estrategia de seguridad no dependa de personalidades ni de humores, sino de mecanismos que asignen con claridad responsabilidades, atribuciones y funciones entre los distintos actores.
El gobierno de Calderón batalló con contrapartes locales, pero ahí donde la coordinación se dio (Juárez, Tijuana), lo peor de la crisis se remontó. Ante ello, ¿qué esperamos para tomárnoslo en serio?
*Directora de México Evalúa
Twitter: @EdnaJaime
@MexEvalua
