De cómo el viaje de una semana me dejó estragos en la panza
Me emociona viajar y cuando es en carro es mucho mejor. Recuerdo cuando era niña esos viajes que hacía con la familia, mi padre era experto para encontrar los mejores lugares que ofrecían alimentos tradicionales, naturales y deliciosos que nos hacía probar a todos y ...
Me emociona viajar y cuando es en carro es mucho mejor. Recuerdo cuando era niña esos viajes que hacía con la familia, mi padre era experto para encontrar los mejores lugares que ofrecían alimentos tradicionales, naturales y deliciosos que nos hacía probar a todos y así aprendí a conocer a mi México.
Hoy las cosas han cambiado, nuestro viaje en carro desde el norte hasta el centro del país nos ofreció pocas opciones, en cambio, cada dos por tres aparecía una tienda de conveniencia, que lo único que vendía eran alimentos procesados. Azúcar, grasa y sal, la combinación perfecta para la industria y desastrosa para todos. Atractivos paquetes de colores, adornados con personajes de moda o con leyendas que prometen la felicidad, que enganchan a niños y adultos. “Estas opciones suelen carecer de algunos nutrientes esenciales para la salud, como la fibra, y sí tener sustancias añadidas que extienden la vida de los anaqueles y mejoran su textura, que podría tener efectos secundarios involuntarios, no directamente en nuestro cuerpo, sino en el microbioma humano, los millones de bacterias que habitan en nuestras entrañas.” (Fuente: NYT)
Soy previsora, así que llevábamos un kit delicioso de frutas de la estación, nueces y cacahuates, algo de cacao, un jamón de buena calidad, y agua; la ida la logramos muy bien.
Después, la semana de trabajo fue muy productiva, pero no puedo decir lo mismo de la salud, de mi salud gastrointestinal. Soy una fan de la gastronomía, así que busqué conocer y probar algunas cosas nuevas, pero entre las deshoras y la calidad de los insumos y mi ser glotona, de pronto me vi hinchada y de mal humor. Empecé a extrañar mi cocina. Me sentía pesada, desganada y cansada, ¿me excedí?, mmm.
Haciendo un recuento, me di cuenta de que en realidad habíamos sido cuidadosos, pero que el cuerpo resiente rápidamente cuando cambias tus hábitos.
Hoy que escribo esta columna, estoy en un proceso de regeneración de mi flora intestinal, buscando la solución en los alimentos que más disfruto, como las verduras fermentadas, frutas y verduras frescas, caldos y buena comida en casa, en horarios y respetando el ritual de sentarme a la mesa, y probióticos naturales. Todo esto para que mi microbioma vuelva a florecer.
¿Y para qué llevar algunos kilos de microbios en nuestros intestinos? Justin Sonnenburg, microbiólogo de la Universidad de Stanford, aseveró que una razón consiste en que estos microbios pueden cambiar con rapidez en respuesta a nuevos alimentos, ayudándonos a exprimir calorías de una variedad más amplia de alimentos de lo que nuestro cuerpo nos permitiría normalmente.
Los microbios intestinales se encuentran ligeramente apartados del recubrimiento intestinal mediante una fina capa de mucosa y, al parecer, la dieta occidental erosiona esa barrera protectora, acercando a los microbios demasiado (por el contrario, una dieta rica en fibra soluble mantiene la barrera mucosa gruesa y saludable).
Seguiré compartiendo con ustedes, el próximo domingo, más sobre estas maravillosas investigaciones que se están haciendo y que es necesario que todos aprendamos para poder cuidarnos y cuidar a los nuestros.
Por lo pronto, te invito a que visites www.mamaderocco.com y mis redes sociales para que conozcas nuestro nuevo lanzamiento: Pa’ que tu niño coma, información que transforma a tu familia.
Fuente: The New York Times.
