La doble moral de la profesión de moda
¿Ilusión óptica o realidad? ¿Cuál es la fórmula para convertirse en un influenciador en redes sociales? Ante los ojos del mundo pasa lo increíble, y creánme, no tiene nada que ver con esfuerzo, dedicación, empeño, ética y pasión, o no por lo menos en el mundo ...
¿Ilusión óptica o realidad? ¿Cuál es la fórmula para convertirse en un influenciador en redes sociales? Ante los ojos del mundo pasa lo increíble, y creánme, no tiene nada que ver con esfuerzo, dedicación, empeño, ética y pasión, o no por lo menos en el mundo de las redes sociales, donde muchos se valen de la mentira y el fraude que hasta ellos mismos se creen. ¿En qué momento se perdió la ética y responsabilidad? Estaba ya escrito, era evidente que algo así podría pasar, hoy cualquiera puede, desde sus propios medios, gestar “movimientos” en un abrir y cerrar de ojos, impactando de muchas formas y a veces no las mejores.
Ésta es la fórmula ahora, un día alguien piensa que le gustaría ser lo que sea, corte a, ante nuestros ojos, lo increíble pasa, en un abrir y cerrar de ojos, esa persona ya es lo que deseó y no se necesita mucho tiempo; ahora nos valemos de otras acciones que incurren en las prácticas deshonestas. Me sorprende la capacidad de creer que todo es como nos dicta la realidad virtual y somos incapaces de discernir entre la realidad y la ficción.
Me asombra la capacidad que tenemos de dejarnos engañar y vivir en una doble moral que nos lastima.
Ésta nos orilla a vivir pretendiendo lo que no somos, repitiendo, una y otra vez, el patrón de vivir en la ilusión sin ser plenos ni felices, como esclavos de la tendencia.
Haciendo retos absurdos, mintiendo, poniendo en riesgo nuestra vida, exponiendo a los nuestros, todo por un like o por medio segundo de fama, que no alcanza ni para la décima parte de nuestro ego inflado que nos obliga a seguir ‘innovando” para seguir en el foco.
Hace ocho años aproximadamente, producía mi propio programa de radio, la gente se acercaba a presentarme posibles invitados a los que con gusto y respeto les abrimos las puertas, me tocó conocer en el programa a quienes años más tarde dictarían tendencia en el mundo de la alimentación en México.
Estos convirtieron el comer saludable en algo de moda, selectivo, nada inclusivo, y yo me vi participando en esto, no lograba ver más allá de lo que había en mi primer entorno. Me salí al campo y me atreví a entender qué había detrás de esta realidad del mundo y los conceptos emergentes como “orgánico”. Entendí, pues, que la alimentación sana debiera de ser un derecho de cada ser humano. Muchos veintes me cayeron y me siguen cayendo.
La buena alimentación no debería de ser tendencia, sino preservarse a lo largo de la vida a través de la educación, buscando convertirla en la vía de aplicar la prevención para lograr una estabilidad en nuestra salud pública.
Aquí y ahora estamos venerando íconos que cuentan con pocos escrúpulos y muchas ganas de brillar, compran a quien está a su paso con su carta fuerte, la cantidad de seguidores, que nadie tiene la certeza de que sean reales.
Honestidad y congruencia son las bases para consolidar proyectos que de verdad tengan un impacto que sea de beneficio para todos.
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