¿Quién es el responsable?
Existe una lucha por sobrevivir en nuestro país, la pobreza, el hambre, la obesidad y muchas enfermedades han tejido un estrecho vínculo que la sociedad se rehúsa a enfrentar. Pareciera que alimentarse es algo costoso, de lujo, y en realidad sí lo es, porque el alimento ...
Existe una lucha por sobrevivir en nuestro país, la pobreza, el hambre, la obesidad y muchas enfermedades han tejido un estrecho vínculo que la sociedad se rehúsa a enfrentar.
Pareciera que alimentarse es algo costoso, de lujo, y en realidad sí lo es, porque el alimento bueno, justo y limpio no está al acceso de todos. La “comida” chatarra, que es elevada en grasas, azúcares y sal, se ha vuelto accesible y económica. Nuestra gente dejó de comer tortilla (de calidad) y los alimentos ancestrales con los que levantamos las pirámides, para comer paquetes de cualquier cantidad de productos que no ofrecen nutrientes, pero sí los prometen. Estudiando el tema, me topé con que la alianza para la salud alimentaria y el poder del consumidor están haciendo esfuerzos para lograr concientizar a la población. Y según un estudio las causas de la obesidad son:
1.— Principalmente la mala alimentación, y se habla de 80% de atribución. 2.— Falta de actividad física. 3.— Hereditario 4.— Todos los anteriores juntos.
Ahora, los principales responsables de la obesidad infantil son:
1.— Las personas. 2.— El gobierno. 3.— Las grandes empresas de productos alimenticios. 4.— Los medios de comunicación. 5.— Los restaurantes de comida rápida. 6.— Las escuelas.
Sí, tenemos muchas problemáticas como sociedad que resolver, pero ésta para mí es una de las principales que habría que estar atendiendo.
Somos totalmente responsables como padres y como consumidores.
Vamos a hacer nuestras compras por inercia, por herencia o por moda, sin pensar en que nosotros somos los responsables de lo que estamos consumiendo. Tenemos el poder de marcar pautas en la industria, pero estamos cómodos, adormecidos, como anestesiados por la famosa fórmula de la grasa, azúcar y sal. Ésta es la fórmula mágica con la cual han adormecido nuestros deseos de estar bien y nos han hecho creer que, como quiera, de algún modo u otro nos vamos a morir, pero, ¿y la calidad de vida?
Hace unas semanas mi hijo me confesaba que el día que se quedó en casa de uno de sus amiguitos a jugar, la travesura de los chicos fue ir a la máquina expendedora de la colonia a comprar golosinas y hartarse hasta andar Hiper. Él me dijo: mamá yo compré un mazapán y luego me sentí emocionado y compré otro más. Ningún papá o mamá se dio cuenta de este episodio. A él, con todo y la educación que ha llevado, lo arrastró la corriente. Y me dirán: esta señora se escandaliza porque se comió dos mazapanes, pero, señores, digamos que éste es el comienzo de todo, la vulnerabilidad de la infancia hace que nuestros niños se conviertan en lo que no queremos si los soltamos.
Nosotros sí tenemos la responsabilidad de alertarlos y hacerles ver qué consecuencias tiene el crear un hábito en donde estos productos se vuelvan parte de su vida.
Mi conclusión es que el diálogo abierto, el escucharlos y el compartirles de manera positiva las consecuencias de sus actos al alimentarse, los hará personas conscientes que tengan una cultura de la prevención para que ellos en su paso por este mundo puedan ser más felices.
Tú que me lees y eres afortunado de tener tus necesidades primarias cubiertas, prioriza para la salud y la vida de los que más quieres. Hay muchos que no tienen la fortuna de poder elegir como tú o como yo.
Agradezco de corazón a Fiorella Espinosa de Candido, investigadora en salud alimentaria, por el apoyo en esta redacción.
Conóceme en mis redes como @LamamádeRocco, Cynthia Robleswelch; brindamos asesorías y programas para apoyarte en el tema de la educación alimentaria y en www.mamaderocco.com
