Las apariencias engañan
Me parece muy simpático escuchar el término godín y me puse a investigar de dónde viene y por qué está tan permeado, encontré que en México, el término godínez es utilizado para referirse a los oficinistas que habitualmente trabajan de 9:00 a 18:00. Es un ...
Me parece muy simpático escuchar el término godín y me puse a investigar de dónde viene y por qué está tan permeado, encontré que en México, el término godínez es utilizado para referirse a los oficinistas que habitualmente trabajan de 9:00 a 18:00. Es un término similar al salaryman japonés, aunque en México el término es muchas veces utilizado de forma despectiva o peyorativa para referirse a un trabajador de bajo salario y sin importancia dentro de la organización, implicando que ese trabajador realiza una tarea poco creativa y repetitiva.
Al leer esto que les comparto, no tenía ni idea que era un término peyorativo ni despectivo, también encontré que, desde el punto de vista de la sociología, la utilización del término, por un lado, refleja los anhelos aspiracionales del mexicano y, por otro lado, revela la búsqueda de establecer una jerarquización social que muchas veces intenta humillar y desvalorizar a las personas a quienes se aplica el término, pues los godínez son los otros, los inferiores.
Conozco poco ese mundo, casi toda mi vida he decidido ser freelance. Me llama la atención su estilo de vida, los veo, son hombres siempre muy bien peinados, impecables. Las mujeres mayormente muy bien maquilladas, guapas y con toda la actitud. Y también he analizado que detrás de este mundo, de corbatas y tacones, imagen y deber, existe algo que no está sucediendo de la mejor forma.
Y aunque, repito, no conozco mucho ese mundo, me he dedicado a analizarlo los últimos meses para concluir que las prioridades de este grupo mayormente están revueltas y confundidas.
Existen muchos padres ausentes que suplen el tiempo con sus hijos regalando tecnología y juguetes; madres que delegan la responsabilidad del cuidado de los hijos por el deseo de realización y la necesidad de una mejor vida.
Hace poco conocí a un lindo representante de esta especie: alto, guapo, impecable, divorciado, pero padre “presente”, según sus conceptos de estar presente.
Baja y sube de un avión, y pasa cuatro de siete días en hoteles.
Ha conocido casi todo el mundo, bueno, los aeropuertos y los centros de convenciones de los lugares que ha visitado. Tiene un par propiedades y autos, y todo lo sé porque él me lo ha informado.
Tiene muchas “amistades” que derivan de las relaciones que se gestan en su trabajo y, por supuesto, sólo las frecuenta en sus reuniones laborales. Le pregunté cómo era un día normal para él, “ningún día es normal y todos son diferentes”, me dijo con un tono aventurero. Entonces me interrumpió desesperado, “no tengo tiempo de rutinas”.
Le pregunté, intentando ser sensata, “¿a qué hora comes?”, él respondió: “como cuando puedo, muchas veces tengo comida de negocios, conozco los mejores restaurantes del mundo, los mejores chefs del mundo han cocinado para mí”. ¿Cuándo ves a tus hijos? “Pues mira, cuando se puede, soy el proveedor”. Ok, y ¿cómo duermes?, él me tiró una sonrisa sarcástica y me dijo: “soy como un vampiro, casi no duermo, mi cerebro no para”.
Estaba desconcertada, y lo único que me salió fue ¿cómo te sientes hoy?, él contestó: “¿Cómo me ves tú?”, hice una pausa que me permitió mirarlo a los ojos y le dije: LAS APARIENCIAS ENGAÑAN.
