Momentos
Todos los días desde hace 5 meses, lo primero que veo es el cielo azul de mi ventana, no tengo cortina y me rehúso a ponerla, porque me siento afortunada del paisaje que tengo por las noches y por las mañanas. Llego a casa de mi tía, abro el periódico y leo mi ...
Todos los días desde hace 5 meses, lo primero que veo es el cielo azul de mi ventana, no tengo cortina y me rehúso a ponerla, porque me siento afortunada del paisaje que tengo por las noches y por las mañanas.
Llego a casa de mi tía, abro el periódico y leo mi columna favorita, eso me recuerda que cada que he deseado algo en mi vida, lo he logrado, que muchas veces no de la forma que imaginé y otras no en el tiempo que pensé, pero lo logré.
Estoy desfasada, loca, enojada, me doy cuenta que estoy discutiendo con mi hijo por algo insignificante, que entré sin darme cuenta en una guerra de poderes absurda y que le estoy lastimando y a mí. Le estoy educando de la forma que no quiero, él llorando me pide un abrazo y me resisto, al minuto siguiente le ofrezco una disculpa, nos abrazamos y entiendo que la vida es más simple.
Caminando por el parque veo a las parejas tomadas de la mano, más adelante hay otro par besándose con mucha pasión, mi corazón siente un vacío y mi hijo me pregunta: “mamá, ¿cuándo fue la última vez que besaste a mi papá con amor?”, ni siquiera lo recuerdo, pensé, y luego me abalancé sobre él y lo agarré a besos, esos son los besos de amor.
Saliendo de un baño caliente, me siento reconfortada, intento mirarme en el espejo y está empañado, prendo la secadora de pelo y apunto para él, poco a poco mi rostro aparece y me doy cuenta que mis líneas de expresión están más marcadas y pienso en la frase que me compartió una conocida: “hay que envejecer con dignidad”. La belleza la tenemos de manera innata siempre y consiste en aceptarnos cada día y decidir en qué nos transformamos con conciencia.
Una música muy melódica nos alcanza en nuestro sueño, mismo que no se ve interrumpido, sino más bien incorpora la música, pam parampampampam, pararapam parampam pam, a lo lejos se escucha una frase “taquito de amor” y nos reímos, no estamos durmiendo, son las 6:30 y amanecimos felices y bailando.
Suena el teléfono y veo un número desconocido, esta vez decido contestar, la persona que está al otro lado me dice que le interesa mi proyecto y que quiere una cita conmigo, yo me la creo y me emociono, voy con toda la actitud y termino cerrando un trato para lograr expandir lo que ya hago, periodismo consciente.
Me siento rebasada, quiero hacer tantas cosas a la vez y parece que la tecnología nos ayuda a lograrlo, en un aparato no encuentro la solución, ésa tiene que ver con mi enfoque personal, ayer decreté qué es lo que quiero, hoy lo estoy haciendo realidad.
Termino sentada en un centro comercial por alguna situación no planeada, miro los aparadores y decido recorrerlos de punta a punta, todo se me antoja, un sillón para ver nuestras pelis, una bici, una tele más grande, un abrigo más calientito, el sueño ese loco de comprar y comprar sin mirar precios, me invade y luego una voz a lo lejos que reconozco me saluda, me salgo de mi estado de compritis, y es una persona que tenía años de no ver y que quiero tanto, me abraza y nos miramos a los ojos, nos vemos con tanto gusto que ese momento nubla todo, me despido y mi cuerpo entra en un estado de felicidad increíble, me doy cuenta porque ya estoy en mi carro cantando con la ventana abajo (con todo y camión tirando humo negro) y yo llego a mi destino, feliz.
Escribiendo con mis gatos ronroneando en mis pies, y mi pequeño dormido a mi lado, agradezco que me hayas leído, este año ha sido maravilloso, conocí gente que me hizo crecer, otra que me hizo entender, mucha que me dio mucho cariño, logré romper mis miedos y entender que me falta mucho camino por recorrer, tuve una conversación con mi ego y le pedí que siguiera a mi lado, pero nunca sobre mí, hoy agradezco a la vida las oportunidades que se me presentan.
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