Columbus (parte I de II)

Por Reidezel Mendoza S.

A fines de 1915, Villa había sido derrotado en su incursión al estado de Sonora por tropas constitucionalistas. Por esos mismos días, el presidente de Estados Unidos, Woodrow

Wilson, reconoció al gobierno de facto de Venustiano Carranza y permitió que tropas mexicanas se movilizaran por territorio estadunidense para sorprender a las huestes villistas en Agua Prieta. Al mismo tiempo, suspendió el suministro de armas a Villa; como resultado, sus tropas fueron destrozadas y obligadas a desbandarse.

Enfurecido por estos acontecimientos, el guerrillero se replegó al estado de Chihuahua, donde comenzó a planear su venganza contra su antiguo aliado norteamericano. Su cálculo consistía en provocar una intervención extranjera que despertara una reacción nacionalista en México y le permitiera reorganizar un nuevo ejército bajo la bandera de la defensa de la soberanía nacional. No obstante que en distintas ocasiones el caudillo negó haber participado directamente en estas agresiones y atribuyó la responsabilidad a algunos de sus lugartenientes.

Lo cierto es que, el 10 de enero de 1916, uno de sus más fieles cabecillas, Pablo López, capturó un tren donde viajaban empleados estadunidenses de la ASARCO que regresaban a su empresa en Cusihuiriachi. El grupo fue interceptado al mediodía sobre la vía del ferrocarril, a ocho kilómetros de Santa Isabel, luego de haber descarrilado un tren remolque que obligó detener la marcha del carro. Charles Rea Watson, gerente general de la empresa, corrió al oír los gritos “¡viva Villa!”, pero  fue asesinado por la espalda.

 Enseguida, López ordenó al resto de los estadunidenses descendiera del vagón. Les exigió que se quitaran la ropa y el calzado, y que se formaran a lo largo de la vía. Luego instruyó a dos de sus hombres para que los ejecutaran uno por uno con un disparo en la cabeza; a quienes intentaron escapar los obligaron a regresar a la fila a culetazos. Tras cerciorarse de que no quedaban más estadunidenses en el tren, y después de que el cabecilla, Francisco Beltrán, se apoderara de seis mil 500 pesos en plata, López ordenó que el convoy regresara a Chihuahua para dar aviso del crimen.

Las víctimas fueron: Alexander Hall, Charles A. Pringle, Charles Wadleigh, Herman C. Hase, Thomas Johnson, Ernest I. Robinson, George W. Newman, Jack Hass, John Pope Coy, J. W. Woom, Maurice Anderson, Avery Hollis Couch, Manuel Bonifacio Romero, Richard Henry Simmons, Thomas M. Evans, William D. Pierce y William John Wallace.

Poco después de esa brutal masacre, el presidente Carranza declaró fuera de la ley a Villa y a dos de sus jefes subalternos, por lo que “cualquier ciudadano de la República puede aprehender a los cabecillas, Francisco Villa, Rafael Castro y Pablo López, y ejecutarlos sin formación de causa”.

Por si esto fuera poco, el segundo golpe se ejecutó la madrugada del 9 de marzo. Una partida de casi 400 hombres al mando de los cabecillas Candelario Cervantes, Francisco Beltrán y los hermanos Pablo y Martín López cruzó la frontera. La localidad estaba situada apenas a seis kilómetros al norte de la línea fronteriza y tenía poco más de 300 habitantes. Contaba apenas con dos hoteles, algunas tiendas y casas de adobe, y muy cerca se encontraba el Campo Furlong, sede del 13º Regimiento de Caballería, al mando del coronel Herbert J. Slocum, con una guarnición de 350 hombres.

A las cuatro y veinte de la mañana, los bandidos irrumpieron en el Hotel Comercial y asesinaron a su propietario, William Taylor Ritchie, delante de su esposa, Laura Gane-

tte Ritchie. La mujer les ofreció 50 dólares que llevaba en la bolsa a cambio de que le perdonaran la vida a su marido. Los atacantes tomaron el dinero, pero aun así le dispararon a quemarropa y arrojaron el cuerpo de su marido al interior del hotel, que ya comenzaba a arder. El nieto de Ritchie relata que, además de su abuelo, los bandidos sacaron a punta de pistola a tres huéspedes del establecimiento. Los obligaron a bajar por las escaleras mientras los empujaban con las armas. Se trataba del médico veterinario e inspector Henry Maurice Hart; de Charles DeWitt Miller, un ingeniero que realizaba estudios topográficos en la región; y de John Walton Walker, un joven que se encontraba de luna de miel y había llegado al pueblo para asistir a una convención de la Escuela Dominical. La esposa de Walker, Susan, se aferró a él mientras lo obligaban a descender. Un bandido la apartó bruscamente y, cuando Walker intentó protegerla, le dispararon y lo dejaron tendido en las escaleras. Miller y el doctor Hart fueron obligados a salir por la puerta principal y les dispararon en la calle. Miller, Hart y Walker quedaron completamente consumidos cuando el hotel ardió hasta los cimientos. En cambio, los soldados estadunidenses lograron rescatar de entre las llamas el cadáver calcinado de Ritchie.

Las mujeres que se encontraban en el hotel fueron salvadas gracias a la intervención de Juan Favela, quien trabajaba para la Palomas Land & Cattle Company. Días antes, Favela había advertido a las autoridades estadunidenses sobre las incursiones de Villa en las cercanías de la frontera, pero sus advertencias fueron ignoradas.

José Pereyra, cónsul mexicano en El Paso, murió durante el asalto. Se hospedaba en el Hotel Comercial cuando el lugar fue atacado por los bandidos. Al ser interceptado, les dijo que era un villista y que los esperaba en el hotel. Los asaltantes le permitieron retirarse, por lo que corrió escaleras arriba para avisar a unas mujeres estadunidenses que se encontraban allí. Al advertirlo, los villistas lo capturaron y lo condujeron hacia el otro lado de la frontera. Durante la persecución, recibió un disparo por la espalda, efectuado por tropas estadunidenses, que le causó la muerte. Su cuerpo fue encontrado a la mañana siguiente de lado mexicano de la frontera.

Temas: