Venezuela: el espejo donde Latinoamérica debe mirarse

Por Raúl Morón Orozco 

La historia de Latinoamérica parece estar escrita en círculos. Lo que hoy presenciamos en Venezuela no es un fenómeno aislado, sino la actualización de un guion viejo y conocido: el del neocolonialismo. Como bien advertía Eduardo Galeano, en nuestra región la riqueza de la tierra siempre ha generado la pobreza del hombre; Venezuela es hoy el espejo donde se refleja esa lucha eterna entre la soberanía y el despojo.

Bajo la máscara de una supuesta “democratización”, el imperialismo yanqui y el sionismo israelí despliegan una estrategia de dominación que busca lo de siempre: el control de las reservas estratégicas —petróleo y minerales— y la imposición de una ultraderecha regional alineada a los intereses de Washington. Ya lo hemos visto en Argentina, Ecuador, Perú y recientemente en Bolivia. El objetivo no es la libertad, sino el sometimiento geoestratégico.

El control del relato: tecnoneofascismo. Hoy la guerra no sólo se libra con armas, sino también con algoritmos. Estamos ante un tecnoneofascismo que utiliza el control de los medios y las redes sociales para fabricar narrativas a conveniencia. Construyen un “terrorismo imaginario” para justificar intervenciones y frenar la influencia de potencias como Rusia, China o Irán en el ajedrez multipolar.

Es la misma receta que aplicó en su momento Donald Trump: acusar al gobierno venezolano de autoritarismo y narcotráfico para ocultar el verdadero interés por sus recursos energéticos. La “verdad histórica” es que el hambre de energía del norte siempre ha intentado devorar las soberanías del sur.

Este asedio nos recuerda inevitablemente a la invasión de Panamá en 1989. Bajo la operación “Causa Justa”, Estados Unidos derrocó a Manuel Noriega prometiendo “restaurar la democracia”. La realidad fue otra: asegurar el control del Canal y proteger sus intereses comerciales.

Resulta alarmante que, dentro de nuestro propio país, existan sectores que aplaudan el intervencionismo, como es el caso de la oposición. Ignoran, quizá por miopía política, que un golpe a Venezuela es una amenaza directa a la estabilidad de toda la región y, por ende, a la propia seguridad exterior de México.

En un contexto donde nuestra relación con Estados Unidos ya es compleja debido a temas de aranceles, migración y la próxima revisión del T-MEC, la postura de México debe ser ejemplar. Por ello, apoyamos la posición de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha mantenido la dignidad histórica de nuestra diplomacia al condenar el injerencismo y defender la libre autodeterminación de los pueblos.

En México, el momento nos exige unidad nacional y defensa de nuestra patria. Debemos entender que Venezuela es el espejo en el que nos miramos para recordar que nuestra soberanía no es una concesión, sino un derecho que se defiende día con día contra cualquier intento de avance genocida o neocolonial.

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