Sheinbaum y la narrativa de seguridad
La Presidenta ha definido un estilo propio: sereno, técnico, institucional.
Por Gustavo Rivera
En México, comunicar la seguridad ha sido tan complejo como garantizarla. Felipe Calderón apostó por la narrativa de guerra; Enrique Peña Nieto, por el silencio, y Andrés Manuel López Obrador, por atender las causas estructurales de la violencia. Con Claudia Sheinbaum comienza una nueva etapa: una estrategia de seguridad con estructura operativa, vocerías técnicas y una narrativa institucional clara. No se improvisa: se comunica con método.
La Presidenta ha definido un estilo propio: sereno, técnico, institucional. No monopoliza la voz del Estado; la distribuye con claridad de funciones. Así comunica algo más profundo: hay estrategia, hay Estado y no todo depende de una sola figura.
El modelo tiene cinco elementos. Primero, la atención a las causas: una política continua, territorial y preventiva, basada en los Programas para el Bienestar. Segundo, la coordinación: el Gabinete de Seguridad, encabezado por Omar García Harfuch, actúa y comunica como un solo cuerpo. Tercero, la inteligencia: se prioriza la investigación sobre la fuerza, con foco en los “generadores de violencia”. Cuarto, el fortalecimiento de la Guardia Nacional como sinónimo de presencia estatal con legitimidad. Quinto y quizás el más importante: la narrativa, que estructura el mensaje público y construye confianza ciudadana.
Esta arquitectura enfrenta ya su primera coyuntura crítica: el caso Tabasco. Hoy se sabe que Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad Pública en ese estado, habría operado una red criminal desde dentro del aparato estatal. Las investigaciones federales derivaron en órdenes de aprehensión y operativos relevantes. Lo ocurrido evidencia con crudeza las consecuencias de no haber contado antes con un modelo de seguridad articulado, con controles eficaces y con inteligencia operativa funcional.
El reto en Tabasco no es menor: garantizar que el repliegue de La Barredora no dé paso a una disputa aún más violenta. Y justo ahí se vuelve crucial la nueva estrategia: actuar antes del vacío, ocupar el territorio con legalidad, institucionalidad y presencia del Estado.
Los avances son verificables. Entre septiembre de 2024 y junio de 2025, los homicidios dolosos disminuyeron 24.5 por ciento. Sin embargo, la percepción ciudadana sigue siendo un desafío: el 61.6% de la población aún se siente insegura, según la última Ensu del Inegi. Esta brecha entre incidencia y percepción demanda no sólo resultados, sino una comunicación clara, creíble y constante.
El caso Tabasco exige aplicar la estrategia sin concesiones: coordinación interinstitucional, inteligencia oportuna, justicia eficaz y vocerías con legitimidad. La respuesta institucional ya está en marcha. Y esa reacción, rápida, ordenada y transparente, es la mejor defensa del nuevo modelo.
Además, la seguridad es hoy una de las principales coordenadas en la relación bilateral con Estados Unidos. La forma en que México resuelva estos casos impactará directamente en la cooperación en materia migratoria, económica y de combate al crimen transnacional.
Construir la paz requiere algo más que fuerza: requiere una narrativa con sustento, una presencia con legalidad y una comunicación que fortalezca la confianza ciudadana. En medio de la tormenta, el rumbo elegido se tendría que confirmar, sin excepciones.
