Seguridad Nacional; prioridad ante el nuevo orden
Para el gobierno de México, la seguridad nacional es la condición indispensable para garantizar la integridad y soberanía nacionales, libres de amenazas al Estado
Por Fadlala Akabani
En los oscuros tiempos de Felipe Calderón, en los que, desde la puerilidad de su propia persona, y a través del espacio político más importante, la Presidencia de la República, el tema de la seguridad fue reducido de manera simplista a la idea de una guerra entre el bien y el mal, que, sin embargo, tuvo graves implicaciones de las que aún sufrimos las consecuencias. Con la pretensión de rematar los recursos energéticos de México, al neoliberalismo le convenía —y le sigue conviniendo— la narrativa de un país inmerso en la violencia, donde continuamente se discutía acerca de la seguridad, pero no se ahondaba en el bien superior de la Seguridad Nacional.
Para el gobierno de México (2018-2024), la seguridad nacional es la condición indispensable para garantizar la integridad y soberanía nacionales, libres de amenazas al Estado, en busca de construir una paz duradera y fructífera, de acuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo (DOF, 2019). Cabe destacar que, tal y como lo contempla la Estrategia Nacional de Seguridad Pública (DOF, 2019), si bien seguridad pública y seguridad nacional son conceptos relacionados, no son sinónimos como se quiso hacer entender en los sexenios de Calderón y Peña Nieto; la seguridad pública consiste en el salvaguardo de la integridad y los derechos de las personas, así como la preservación de las libertades, el orden y la paz pública. Comprende, además, la prevención, sanción, investigación y persecución del delito y la reinserción social; es una función de los tres niveles de gobierno y de los tres poderes del Estado mexicano.
Ante un mundo en constante y acelerado cambio, que enfrenta escenarios de crisis energética, alimentaria y conflictos bélicos regionales que son sólo la punta del iceberg de la disputa subyacente entre dos bloques; de un lado el G7 y la OTAN y del otro China/Rusia y su recientemente ampliado bloque BRICS, afianza lazos en África, América del Sur y Medio Oriente, regiones en pugna por un nuevo orden global multipolar, donde el dólar estadunidense deje de ser la moneda de curso para el comercio internacional, así como la divisa internacional de reserva.
Otro síntoma de la disputa subyacente, la podemos encontrar entre los países del Este de África, pues, a lo largo de los últimos tres años se han suscitado golpes de Estado militares; constituidos en nuevos gobiernos de corte nacionalista que cuentan con amplio respaldo popular. Estas insurrecciones militares han tenido el común denominador de tomar decisiones nacionalistas, en búsqueda de recuperar la soberanía de recursos estratégicos como el gas y el uranio. El más reciente estallido sucedió en Níger, a finales de julio de este 2023 y prácticamente es historia en curso, que sin embargo, en menos de cinco semanas ha puesto en jaque al neocolonialismo europeo en la región, mediante la expulsión de tropas francesas y alemanas, generando un escenario que compromete la puesta en marcha de un gasoducto transahariano para abastecer (de forma más eficiente) a Europa con el gas de la región del Sahel, cuyos países cuentan con una vasta riqueza en recursos minerales e hidrocarburos, empero se encuentran entre los más pobres e inestables en el mundo. Ante un fenómeno que lo que la prensa occidental no se ha atrevido a calificar como “Primavera africana”, Níger se ha unido a un creciente conformado por Malí, Burkina Faso y Guinea, cuyas autoridades se respaldan mutuamente en busca de soberanía que les permita crear seguridad nacional en países independientes de lo que hasta el siglo XX fueron colonias francesas.
En nuestra región también se siguen suscitando cambios de rumbo alentados por el respaldo de sociedades cansadas del detrimento institucional, la corrupción y la desigualdad; el más reciente ejemplo está en Guatemala, país en que, pese a tener la economía más dinámica en Centroamérica, más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.
Si bien para el caso latinoamericano, es un amplio crisol de diferentes realidades, López Obrador ha demostrado que la conquista de la soberanía del Estado mexicano es condición sine qua non para sortear con éxito a nivel nacional los retos que implica la compleja coyuntura geopolítica global. Actualmente, México cuenta con una voz fuerte en el mundo, con autoridad moral para ser respetado y concretar políticas en favor del desarrollo social, política y económico. Además —y con base en la soberanía nacional— tenemos delante la oportunidad de adquirir un papel estratégico en la economía global, en la que con mayor frecuencia suceden eventos críticos, como el reciente colapso del Canal de Panamá por sequía, que alteran las cadenas logísticas planteando la necesidad de soluciones que requieren infraestructura como la que se ha venido construyendo en nuestro país con la 4T, el Corredor Transoceánico del Istmo de Tehuantepec; proyecto que ya abordamos en este espacio:
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