Salud pública, derecho de las y los mexicanos
La oposición se ha lanzado a ciegas y sin análisis alguno contra la colaboración de los médicos cubanos en territorio nacional.
Por Fadlala Akabani*
Desde hace unos días, y ante uno más de los ataques y golpeteos que a diario y por cada una de sus acciones es objeto el gobierno de México. Me refiero, por supuesto, a la colaboración de una misión médica de Cuba en nuestro país, atribuible no sólo a la reciente visita de Andrés Manuel López Obrador, a Cuba, sino también al peso de dos hechos históricos, la larga tradición humanitaria de las misiones médicas cubanas en todo el planeta, y la independencia y soberanía para la conducción de las relaciones exteriores mexicanas circunscritas en la Doctrina Estrada, plasmada en nuestra Carta Magna.
No es o no debería ser para nadie un secreto que la medicina cubana se ha distinguido por ser una de las más avanzadas a nivel regional, prueba de ello, radica en que el único agente vacunal contra covid-19 de patente latinoamericana, es el reactivo cubano, Abdala. Desarrollado en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba, este fármaco cuenta con nivel de eficacia del 92.28% para evitar el desarrollo de un cuadro severo por covid-19 bajo un esquema de tres dosis. Esta vacuna cuenta con la aprobación de la Cofepris para su administración en nuestro país desde finales de 2021.
Condenada —por falta de ideas y proyecto— a la continua repetición de sí misma, la oposición se ha lanzado a ciegas y sin análisis alguno contra la colaboración de los médicos cubanos en territorio nacional anunciada por el gobierno de México. Como siempre, su crítica resulta acrítica tanto del contexto al que se encuentra circunscrita (la negociación abierta por Washington ante la negativa de López Obrador para asistir a la próxima Cumbre de las Américas en caso de persistir la exclusión unilateral de naciones caribeñas, centro y sudamericanas del encuentro continental), así como de la relación histórica de colaboración entre nuestro país y la mayor de las islas Antillas, Cuba.
Parece ser que los opositores tampoco tienen asesor alguno que sea capaz de ponerles en perspectiva el número de profesionales de la salud, médicos generales y con especialidad; que en ambos casos se encuentra en déficit. De acuerdo con las estadísticas a propósito de las personas ocupadas como médicos, publicado por el Inegi el 23 de octubre de 2021, del universo encuestado 67 de cada 100 son médicos generales y sólo 33 de cada 100 cuenta con alguna especialidad. Asimismo, el número de personas ocupadas como médicos es de 2.4 por cada 1,000 habitantes, por debajo del número de la OCDE, cuyo registro es de 3.5 médicos por cada 1,000 habitantes.
Mientras en México laboran 270 mil 600 médicos generales, la Secretaría de Salud estima que el número ideal es de 393 mil 600; en el caso de los médicos especialistas, laboran 143 mil 300, mientras la estimación indica que deberían ser 219 mil. En síntesis, podemos decir que tenemos un déficit de 195 mil profesionales de la salud entre médicos generales y médicos especialistas.
Convendría tener en cuenta que una situación así sólo puede producirse cuando el modelo económico imperante en un sistema político privilegia la mercantilización en el acceso a derechos humanos como la salud y la educación. Para un país que carece de 200 mil médicos, en números redondos, el menosprecio a la educación pública como política pública fue un acto criminal del que aún sufrimos las consecuencias.
Tan sólo en 2019, entre sus dos concursos de ingreso, aspiraron a la Facultad de Medicina 13 mil 711 aspirantes, de los cuales sólo 211 consiguieron su ingreso, en otras palabras, el 98.2% de los jóvenes que cada año aspiran a estudiar medicina en el campus central de la UNAM no lo consiguen, la educación pública que dejó de ser un derecho durante el régimen neoliberal, se ha vuelto un privilegio. Quienes hoy se autonombran defensores de la UNAM y sus estudiantes jamás denunciaron la falta de recursos, por el contrario, estigmatizaron a miles de jóvenes mexicanos con el mote de “rechazados”, y cuando éstos se organizaron para pelear por su derecho a la educación, los llamaron “revoltosos”.
Además del problema del poco acceso a la educación superior, se suma la poca dispersión de los profesionales de la salud en el territorio nacional, pues de los más de 143 mil médicos especialistas, 35 mil 474, casi el 25% de estos profesionales se encuentra concentrado en la CDMX. Es decir, no sólo existe un déficit de personal sanitario, también se presentan algunos fenómenos como la sobreoferta en zonas metropolitanas contrastante a la total carencia de atención médica en comunidades rurales tan apartadas y marginadas como la Sierra de Guerrero. Hay 13 mil 765 plazas para médicos especialistas en diferentes ramas de la medicina vacantes en instituciones públicas como el IMSS, IMSS-Bienestar, ISSSTE y Pemex, para las que el gobierno de México ha comenzado una campaña de reclutamiento a nivel nacional.
Sirva entonces este análisis, también, como un llamado a las y los médicos mexicanos para enaltecer la vocación humanística que debe imperar en el ejercicio de la medicina en un país como el nuestro y a no ser rehenes del golpeteo político, pues el valor de la aportación social de su gremio no merece ser usado como moneda de cambio contra el gobierno de México y el Presidente.
Sólo una oposición acomplejada y xenófoba, técnicamente limitada y políticamente sumisa a Estados Unidos como es la oposición mexicana, puede reclamar a la 4T la congruencia en la política exterior que rige constitucionalmente al Estado mexicano por contratar médicos cubanos para atender a los mexicanos que la mercantilización de derechos dejó sin acceso a la salud, los mexicanos más pobres que habitan las comunidades más apartadas.
* Secretario de Desarrollo Económico del Gobierno la Ciudad de México.
