Mitos que alimentan el desperdicio en México, contra el cero desecho

Columnista Invitado Nacional
Editorial
Por Kim Durand*
Nn México, cada persona tira cerca de 80 kilos de comida al año. Dicho de otra forma, cada uno desecha, sin notarlo, más de un kilo semanal.
Durante años pensé que el desperdicio era un problema de grandes cadenas o fallas logísticas. Trabajando con la industria, entendí que no es una excepción, sino el resultado de decisiones operativas pequeñas, repetidas y normalizadas.
Esto ocurre en cocinas, restaurantes, tiendas y hogares: lo que no se vende, aunque esté en buen estado, se descarta. Pero no es inevitable. La Red de Bancos de Alimentos de México ha demostrado que, con estructura, coordinación y voluntad, puede aprovecharse. No falta comida: falta un sistema que la recupere, saber qué hacer cuando sobra y cerrar el ciclo, combatiendo mitos arraigados.
El primero: donar alimentos es un riesgo legal. No es que donar esté prohibido; es que no hay suficiente claridad sobre cómo hacerlo. Ante la duda, lo más común es no hacer nada y permitir que toneladas de alimentos perfectamente aprovechables terminen en la basura. El mayor riesgo no es donar, es no actuar.
El segundo: sale más caro rescatar que tirar. Durante años, el desperdicio ha sido tratado como una pérdida inevitable, casi como parte del statu quo. Pero tirar también cuesta. Desde mi experiencia comercializando excedentes alimentarios, puedo confirmar que cuando se gestiona bien, el rescate no sólo reduce desperdicio, también genera valor. No es filantropía: es eficiencia.
El tercero: un alimento cercano a su fecha de consumo preferente ya no sirve. Problema de interpretación, pero también de etiquetado. Caducidad no es lo mismo que consumo preferente, aunque se traten como equivalentes. La falta de claridad en su comunicación y regulación empuja decisiones conservadoras: retirar, descartar, evitar riesgos. Así, toneladas de productos seguros se desperdician no por su estado real, sino por cómo se interpreta una etiqueta.
El cuarto: el desperdicio es un problema de otros. Se piensa que ocurre en grandes cadenas o en la industria; pero también está en restaurantes, panaderías, cocinas y en nuestros hogares. El problema se construye en millones de decisiones pequeñas.
El quinto: ya se está haciendo lo suficiente. Los esfuerzos existen, pero siguen siendo insuficientes. Cada año se rescatan cientos de miles de toneladas de alimentos, pero eso es apenas una fracción de los más de 30 millones que se desperdician. A estos mitos se suma uno más, quizá el más cómodo: creer que el problema ya está siendo atendido.
A casi dos años de la promulgación de la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible, México cuenta con un marco legal que reconoce el derecho a una alimentación suficiente, nutritiva y sostenible. También se han impulsado agendas como la economía circular y distintas iniciativas para reducir pérdidas en la cadena alimentaria. Pero aún no se convierten en un sistema que opere, ordene, mida e incentive.
Sin reglamento, la ley carece de mecanismos para bajar a tierra. Y sin reglas claras, la sostenibilidad se queda en discurso. En ese vacío, la operación sigue resolviendo de la forma más simple: tirar.
No es un tema menor. Esta semana, el mundo volvió a poner el foco en el desperdicio a propósito del Día Internacional de Cero Desechos. Hoy, más de mil millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año globalmente, con impactos directos en emisiones, recursos y seguridad alimentaria. La conversación internacional cambió: el desperdicio dejó de verse como falla operativa para entenderse como una variable estratégica.
México no está fuera de esa conversación. Pero tampoco avanza al mismo ritmo. Entre marcos legales incompletos, iniciativas fragmentadas y decisiones que privilegian la salida más fácil, el país corre el riesgo de quedar atrapado en una contradicción: reconocer el problema, pero perpetuarlo.
¿Daremos el paso para desmontar los mitos que sostienen el desperdicio o seguiremos celebrando días internacionales mientras la comida se sigue tirando? Es momento no sólo de responder, sino de actuar.
*CEO y fundador de Cheaf