La identidad digital: el nuevo desafío para la democracia mexicana

Por Cuauhtémoc Ochoa La revolución tecnológica avanza más rápido de lo que imaginamos. Hoy, con el uso de la inteligencia artificial, es posible replicar voces, alterar rostros o generar videos falsos con una fidelidad que raya en lo perfecto. Estas herramientas, que ...

Por Cuauhtémoc Ochoa

La revolución tecnológica avanza más rápido de lo que imaginamos. Hoy, con el uso de la inteligencia artificial, es posible replicar voces, alterar rostros o generar videos falsos con una fidelidad que raya en lo perfecto. Estas herramientas, que podrían impulsar la innovación, también representan un riesgo enorme: suplantación de personas, explotación de imágenes y una violencia digital que golpea con mayor crudeza a mujeres, jóvenes y niñas.

No estamos frente a un problema hipotético. La manipulación digital ya está entre nosotros.

Frente a este panorama, propondré al Senado un paquete de cuatro iniciativas que buscan reconocer la identidad digital como un derecho humano y frenar los abusos. Con ello, México puede colocarse a la vanguardia en América Latina en materia de regulación sobre inteligencia artificial.

El planteamiento es integral:

  • Una reforma constitucional para proteger la identidad digital.
  • Cambios al Código Penal Federal para castigar con cárcel la creación y difusión de deepfakes no consentidos, con penas más severas cuando se afecte a mujeres o menores.
  • Ajustes a la Ley Federal del Derecho de Autor, otorgando a cada persona la titularidad de su voz e imagen, incluso de sus simulaciones.
  • La obligación de etiquetar contenidos generados por IA en telecomunicaciones y publicidad, garantizando el derecho de la ciudadanía a saber qué es real y qué no.

Esta discusión no puede esperar. En otros países apenas comienza el debate, mientras que en México ya circulan discursos clonados de políticos, avatares comerciales de artistas fallecidos y deepfakes sexuales que perjudican vidas.

La democracia se basa en la confianza y en la veracidad de la información. Si no protegemos la identidad digital, corremos el riesgo de que la mentira suplante a la verdad y de que la dignidad de las personas quede expuesta a la manipulación.

Este reto no se limita a México. En Europa, Estados Unidos y Asia ya se discuten normas que buscan establecer candados frente al avance de la IA. Sin embargo, pocas naciones han dado el paso de reconocer explícitamente la identidad digital como un derecho humano. Si logramos consolidar este principio en nuestra Constitución, no sólo estaremos protegiendo a millones de mexicanas y mexicanos, sino que también enviaremos un mensaje claro: que la tecnología debe estar al servicio de la dignidad humana y no al revés.

El momento de actuar es ahora. Las iniciativas que presentaré buscan abrir un nuevo pacto social en la era digital.

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