La basura y el cambio climático (parte 1)
• En México, según datos del Conapo, 82 por ciento de los municipios tiene menos de 50 mil habitantes, lo que implica que en ellos el compostaje tendría quizá mayor viabilidad de ser llevado a cabo, pero en ellos sólo se genera el 22% de los residuos.
Por Cuauhtémoc Ochoa Fernández
En México se generan diariamente alrededor de 117 mil toneladas de residuos sólidos urbanos, de los cuales aproximadamente la mitad son orgánicos y la otra mitad inorgánicos. Los orgánicos culminan su vida útil en tiraderos a cielo abierto en la mayoría de las ocasiones y en el mejor de los casos dentro de un relleno sanitario. Salvo algunos que tienen dispositivos para capturar y quemar el biogás generado, la mayoría de los sitios de disposición carecen de mecanismos para evitar la emisión del metano de manera directa a la atmósfera.
Recordemos que el metano es el gas de efecto invernadero antropogénico más abundante, después, precisamente, del bióxido de carbono, y representa alrededor de 20 por ciento de las emisiones globales.
Además, es considerado un forzador climático a corto plazo, es decir, se trata de un gas que, pese a vivir poco tiempo en la atmósfera (aproximadamente 12 años), atrapa 28 veces más calor en ella que el bióxido de carbono.
El metano se emite durante la producción y el transporte de petróleo, carbón y gas natural, así como durante la descomposición de los residuos orgánicos presentes en los sitios de disposición, el almacenamiento de estiércol y los sistemas de tratamiento de aguas residuales.
La descomposición de los residuos orgánicos en todo el país libera anualmente el metano equivalente a 21 millones de toneladas de bióxido de carbono, lo que es similar a las emisiones de gases de efecto invernadero del parque vehicular de la Ciudad de México durante un año y medio. El metano también es un precursor de ozono troposférico, uno de los responsables de las contingencias ambientales que ha vivido la Zona Metropolitana de la Ciudad de México en diversas ocasiones.
Por lo tanto, es inaceptable permitir que 21 millones de toneladas de bióxido de carbono alcancen la atmósfera y deambulen en ella cada año. En realidad, necesitamos impulsar la captura del metano para mitigar los efectos del cambio climático, a la par de mejorar la calidad del aire, favorecer el crecimiento económico e incrementar la seguridad energética.
La creencia tradicional dicta que el método más conveniente para el aprovechamiento de los residuos orgánicos es convertirlos en composta o en un mejorador de suelo que permita utilizarlos posteriormente como abonos o fertilizantes útiles para los sistemas de cultivo de productos alimenticios u ornamentales.
La composta requiere de extensiones considerables de suelo que provean la superficie necesaria para tratar los residuos recolectados, además de conllevar el riesgo inherente de aportar una desafortunada mezcla de compuestos tóxicos en caso de no haberlos segregado apropiadamente desde un inicio de la materia orgánica usada.
Si estos compuestos tóxicos son metales pesados, sobra decir que habrá un impacto significativo tanto a nivel ambiental como sanitario y ejemplos de esto hay muchos por todos lados. Cuanto más poblada esté una ciudad, mayor será su complejidad para separar apropiadamente sus residuos, y mayor la probabilidad de encontrar residuos inorgánicos y tóxicos presentes en la materia orgánica usada para producir la composta.
En México, según datos del Conapo, 82 por ciento de los municipios tiene menos de 50 mil habitantes, lo que implica que en ellos el compostaje tendría quizá mayor viabilidad de ser llevado a cabo, pero en ellos sólo se genera el 22% de los residuos. En cambio, el otro 18% de los municipios, que es el que tiene más de 50 mil habitantes, acumula 78% de los residuos.
Esto significa que si el compostaje se llevara a cabo en la mayoría de los municipios, es decir, en aquellos con menos de 50 mil habitantes, donde aparentemente sería más sencillo hacerlo, sólo se resolvería acaso la cuarta parte de los problemas asociados a la disposición de la materia orgánica.
Definitivamente, la opción de seguir pensando en usar predios, ya sea rellenos sanitarios o tiraderos, para disponer todo el tiempo los residuos, sólo agrava los impactos ambientales y sanitarios, por lo que tenemos que descartarla como alternativa de disposición inicial y sólo pensar en ella como medida para disponer, en todo caso, aquellos residuos inertes que no resulte posible valorizar y que tampoco produzcan efectos adversos.
¿Qué hacer entonces? Necesitamos poner en marcha una serie de acciones que de manera complementaria faciliten la disposición apropiada para evitar la libre circulación del metano.
En Europa, por ejemplo, países como Alemania, Suecia, Bélgica, Dinamarca, Austria, Suiza y Noruega prácticamente han extinguido el uso de rellenos sanitarios, al tratar sus residuos en un 50% mediante acciones de reciclaje y compostaje, y en otro 50% mediante valorización energética. En México estamos aún lejos de alcanzar estos niveles, pero tenemos un potencial enorme para lograr atractivos beneficios en el ámbito social, ambiental y económico.
