Hilar fino
Todos los presidentes de nuestra historia han sido conscientes de que las miradas de nuestra sociedad gravitan en torno a lo que se desarrolla en la Plaza de la Constitución durante la ceremonia que recuerda el inicio de la lucha por la Independencia. Cada presidente ha implantado un estilo con el que es recordado y nos han traído a la escena a personajes históricos afines a su gobierno
Carlos Carranza*
La búsqueda por dejar un signo que trascienda y que, a su vez, permita que quienes han protagonizado el ejercicio del poder sean reconocidos a través de la historia, parece que se actualiza con los recursos de la modernidad.
A lo largo de la historia –y, por supuesto, en la literatura– encontramos personajes que intentaron alcanzar la posteridad al abatir el olvido, último refugio del pasado: basta con acercarse a la epopeya de Gilgamesh para comprender su desesperación al enfrentarse a la única certeza que brinda la muerte, el olvido. La inmortalidad es propia de los dioses.
En muchas mitologías, los seres humanos son condenados por la soberbia búsqueda de la inmortalidad. Por ello solamente serán recordados por la relevancia de sus obras y, también, subordinados a la habilidad de sus pueblos para hilar un tejido que derrotara al tiempo, la consolidación de su historia como parte de la memoria colectiva.
Sin embargo, todo dependerá de la lectura que se realice del pasado y sus fuentes que nos brindan la información precisa para acercarnos a la comprensión de quienes alguna vez protagonizaron aquello que hoy nos define como sociedad. Conocerlos es dialogar con nuestra memoria.
Una simple mirada al llamado presidencialismo de nuestro país, así como a los últimos sexenios de la ilusión llamada alternancia, nos lleva a una conclusión que, sin duda, permite entender la poca disposición crítica que existe en las aulas donde se comparte el conocimiento del pasado: manipular la historia y sus personajes es una excelente estrategia para lograr cimentar una ideología afín al poder.
Lo relevante ha sido fijar en la memoria a una serie de personajes que, por sus acciones, han sido interpretados de tal manera que la misma Clío pareciera estar al servicio del “señor” Presidente en turno.
Hoy por la noche, el actual Presidente, solamente cambiará de escenario: estábamos acostumbrados a que desde el 2006, protagonizara una celebración cuyo discurso apelaba a la resistencia y la exigencia por una justicia anhelada, por una sociedad cuyo motor era el desencanto del régimen político. Mientras Felipe Calderón y posteriormente Enrique Peña Nieto protagonizaban el Grito desde el balcón central del Palacio Nacional, López Obrador consolida –alrededor de Benito Juárez y el liberalismo decimonónico– el discurso que lo llevaría a la Presidencia en el 2018.
Si Felipe Calderón impulsó una noción militar desde su primer día de mandato, Enrique Peña Nieto protagonizó una serie televisiva en la que se observaba cómo se volvía a aceitar una maquinaria que el panismo no intentó desarmar.
Todos los presidentes de nuestra historia han sido conscientes de que las miradas de nuestra sociedad –en la que predomina el espíritu de la celebración– gravitan en torno a lo que se desarrolla en la Plaza de la Constitución durante la ceremonia que recuerda el inicio de la lucha por la Independencia.
Cada presidente ha implantado un estilo con el que es recordado y nos han traído a la escena a personajes históricos afines a su gobierno. Andrés Manuel López Obrador ha poblado de altares su maniqueo discurso político: en sus nichos se han colocado a los héroes que ilustran su promesa de gobierno. Sin embargo, parece que hoy por la noche no habrá novedades: seguirá hilando su ilusión de trascendencia con la misma pirotecnia de todos sus antecesores.
