En la Ciudad de México la alimentación es un derecho
Por Fadlala Akabani* Olivier de Schutter, en su calidad de relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación 2008, señaló en sus diversos trabajos que el acceso a la alimentación es un derecho humano, reconocido por la legislación ...
Por Fadlala Akabani*
Olivier de Schutter, en su calidad de relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación (2008), señaló en sus diversos trabajos que el acceso a la alimentación es un derecho humano, reconocido por la legislación internacional, que protege a los seres humanos para alimentarse con dignidad, ya sea produciendo su propio alimento o adquiriéndolo.
Para producir su propio alimento (aun cuando parece una obviedad), una persona necesita tierra, semillas, agua, entre otros recursos y para comprarlo necesita dinero y la posibilidad de acceder al mercado. El derecho a la alimentación requiere, por tanto, que el Estado proporcione un entorno propicio en el que las personas puedan desarrollar plenamente su potencial para producir o procurarse una alimentación adecuada para sí mismas y para sus familias. Las políticas del gobierno están enfocadas a mejorar la logística y los centros de distribución para generar en la región precios accesibles.
La misión de la Secretaría de Desarrollo Económico, a través de la Central de Abasto de la Ciudad de México, es mantener una plataforma adecuada y organizada para materializar el derecho de los ciudadanos de adquirir alimentos de manera accesible, segura y confiable, a través de distribuidores en los mercados fijos o ambulantes, recauderías, locales comerciales, o mercados de cercanías, así que hoy más que un negocio la Central de Abasto es una plataforma de garantía de derechos fundamentales que el Estado procura para sus ciudadanos.
Tal y como reconoció el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales “El derecho a la alimentación adecuada se ejerce cuando todo hombre, mujer o niño, ya sea solo o en común con otros, tiene acceso físico y económico, en todo momento, a una alimentación adecuada o a medios para obtenerla”.
Los pequeños productores generan aproximadamente 70% de los alimentos del mundo; parte del problema es que a ellos les resulta relativamente difícil acceder a los mercados locales, nacionales y regionales y obtener beneficios debido a las barreras en el acceso a financiamiento, la infraestructura y la tecnología adecuada. Así la Central de Abasto de la Ciudad de México es una base firme para dar cabida a los productores en pequeña escala, el sector agropecuario del país encuentra una salida adecuada para colocar sus productos.
Con base en los trabajos del Coneval, Profeco consideró un listado de productos básicos y de alto consumo para la alimentación de la población mexicana, a partir de los hallazgos sobre tendencias de consumo durante 2021. A ello se sumó un criterio adicional de selección que considera el valor monetario que las familias destinan para la adquisición de los alimentos que consume. Definir el concepto de consumo requerido, el cual se refiere al consumo mínimo de calorías o nutrientes para que los individuos puedan realizar sus actividades metabólicas básicas, es una labor de precisión para considerar políticas correctas en materia de alimentación, ya que la diferencia entre comer y alimentarse es abismal.
Pero a las políticas económicas ahora se deben integrar las de cambio climático, consideraciones medioambientales que integran una serie de elementos adicionales y en la Ciudad de México, además de todos estos elementos, se suman la logística y distribución de última milla.
Así, un sistema alimentario sostenible es aquel que garantiza de manera segura la nutrición de todas las personas, de tal forma que no se pongan en riesgo las bases económicas, sociales y ambientales de éstas y las futuras generaciones. Esto significa que siempre será redituable invertir en acciones que garanticen la sostenibilidad económica; ofrecer amplios beneficios para la sociedad, asegurando esa función social, que tiene un efecto positivo en los recursos naturales, salvaguardando la sostenibilidad del medio ambiente. Las políticas públicas deben acceder a principios de medio ambiente y bioéticos para garantizar la alimentación de las personas aún en tiempos de crisis económicas o pandemia para las siguientes generaciones.
De esta manera, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, estableció como base para colocar al alcance de la ciudadanía ese derecho fundamental con las Ferias del Bienestar, proyecto que implica una mejora alimentaria en todas las zonas de la Ciudad de México, especialmente en aquellas ubicadas con un índice de bajo ingreso, pues logra acercar alimentos de calidad provenientes de los productores nacionales para una alimentación sana, base y principio de la mejora poblacional. Se acompaña, además, la firma de un convenio con Segalmex, cuya primera etapa implica la apertura de 12 de 35 tiendas Diconsa que ofrezcan abarrotes y leche con precios por debajo del promedio.
La visión de la ciudad de Sheinbaum se enfoca en establecer políticas públicas para proteger y materializar el derecho humano a la alimentación, que implica mejorar la distribución y generar cercanía con los productos de calidad. Los desafíos para acabar con la inseguridad alimentaria son demasiados, aún así durante la pandemia por covid-19 se puso a prueba el sistema de distribución en la Ciudad de México y salimos adelante ubicando prioridades y creando esquemas de protección social alimentarias.
