El tratado global de plásticos: ¿una última oportunidad?

Los plásticos son uno de los ingredientes básicos de nuestro mundo material.

Por: Dra. Alethia Vázquez*

¿Puede existir un mundo sin plásticos? Probablemente no; un escenario como ése no sólo es poco viable, sino que implicaría una modificación radical en nuestro modo de vida.

Los plásticos son uno de los ingredientes básicos de nuestro mundo material, y están fuertemente ligados a la forma en que concebimos nuestro bienestar, que incluye aspectos tan diversos como la forma en que nos comunicamos, el transporte y la atención a la salud.

La producción y consumo de plásticos han crecido exponencialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial, debido, entre otras cosas, a los cambios en nuestros patrones de consumo; el uso de desechables y empaques, las compras en línea y los mercados globales son parte de una forma de vida que privilegia la conveniencia y que pareciera facilitarnos las cosas.

La producción creciente, aunada a la proporción de plásticos que se destinan a productos de vida útil corta, ha generado un aumento constante en los residuos plásticos. El riesgo de que estos plásticos lleguen al ambiente es alto, debido a problemas que, en el caso de nuestro país incluyen la falta de recolección de 17% de los residuos que generamos, el depósito en tiraderos a cielo abierto y la descarga directa en el ambiente.

Las evidencias de la contaminación plástica en el ambiente son claras; el Inventario Nacional de Fuentes de Contaminación Plástica ha documentado su presencia en distintos tipos de ecosistemas, así como la vinculación entre la generación y mal manejo de residuos en nuestras ciudades y la presencia de plásticos y microplásticos (menores o iguales a 5 mm) en distintos ambientes naturales y urbanos, así como en productos que utilizamos y consumimos.

Lo que ocurre en México refleja la situación global, y puede ser constatado en los múltiples estudios que dan evidencia de la presencia de los plásticos en sitios en los que no deberían estar, incluyendo el cuerpo humano.

Ante esto, en 2022, la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente acordó desarrollar jurídicamente un instrumento internacional vinculante para frenar la contaminación por plásticos, antes de finales de 2024. El proceso, sin embargo, ha sido complejo, y el periodo establecido inicialmente tuvo que ampliarse debido a la falta de consenso sobre las medidas que deben adoptarse. Los puntos de mayor discrepancia incluyen la necesidad de medidas que contemplen la reducción en la producción, el control de las sustancias empleadas en la fabricación de plásticos, es decir, el considerar todo el ciclo de vida de los plásticos, y no sólo lo que ocurre cuando se convierten en residuos.

En este contexto algunos países, especialmente grandes productores de petróleo, pugnan por un tratado centrado únicamente en los residuos plásticos, enfocado principalmente a medidas voluntarias definidas a nivel nacional.

Por otro lado, un grupo amplio de países, entre los cuales se encuentra México, han abogado por un tratado ambicioso, que, bajo una visión de ciclo de vida, garantice una reducción real en la contaminación plástica a través de una transición justa y medidas de implementación que permitan solventar las asimetrías económicas y regionales.

La complejidad de la negociación ha llevado a que en este momento se esté llevando, en Ginebra, Suiza, una ronda adicional a las originalmente planeadas, esperando que sea la última y que el 15 de agosto tengamos, finalmente, un acuerdo sobre la forma en que globalmente enfrentaremos esta crisis.

Un tratado débil, limitado a acciones voluntarias o centrado exclusivamente en la gestión de residuos, no sólo dejaría intactas las causas estructurales de la crisis, sino que retrasaría la adopción de soluciones reales durante décadas. Esto significaría más plástico en nuestros ecosistemas, más exposición a sustancias peligrosas y mayores costos ambientales, sociales y económicos.

La oportunidad de actuar de forma ambiciosa y con visión de ciclo de vida está frente a nosotros. Un tratado sólido, con compromisos claros y vinculantes, puede catalizar la transformación hacia una producción y consumo sostenibles, impulsando la innovación y la cooperación internacional. Renunciar a esa ambición sería condenar a las generaciones futuras a heredar un planeta con más contaminación plástica que soluciones.

*Investigadora de la UAM.

Colabora con el Pacto de los Plásticos de México que lidera WWF México.

Temas: