El coronavirus nos recuerda el riesgo de insalubridad de los rellenos sanitarios y tiraderos

• Cuantos más sitios irregulares haya para recibir residuos sólidos urbanos en todo el país, tanto mayor será la contaminación generada y la enfermedad provocada. No podemos, como país, seguirnos permitiendo la existencia de tiraderos a la deriva porque esto, irremediablemente, se convertirá, en el mediano plazo, en un nuevo reto de salubridad.

Por Cuauhtémoc Ochoa Fernández

En México son incontables los sitios que los gobiernos municipales utilizan de manera clandestina para depositar todo tipo de residuos domésticos sin ninguna separación. El permitir que esto siga ocurriendo favorece la pérdida de flora y fauna, la contaminación de los mantos freáticos, la desertificación, el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, el deterioro del paisaje, el riesgo de sufrir inundaciones y el aumento de condiciones insalubres inadmisibles causantes de diversas enfermedades, como el hoy indescifrable COVID-19, generadas por roedores, insectos, bacterias y microorganismos.

Este hecho de permitir que los residuos deambulen por la vía pública, terrenos baldíos, barrancas, ductos de drenaje, cuerpos de agua, zonas rurales, áreas de cultivo o, incluso, de que sean incinerados a cielo abierto, impide la posibilidad de aprovecharlos en beneficio de la población.

Hoy el mundo polemiza sobre si el coronavirus surgió en Wuhan o no, y cuestiona las medidas sanitarias de los mercados chinos de abasto en los que, probablemente, comenzó su dispersión. En México no comemos murciélago ni pangolín ni muchos otros animales considerados como la fuente probable de contagio. Pero lo que sí hacemos, igual que en China, es comerciar una gran cantidad de víveres y mercancías en múltiples sitios, donde ocurre un sinnúmero de intercambios mercantiles, muchas veces con medidas muy poco higiénicas y riesgosas. Basta recordar que el primer caso de H1N1 de 2009 en México se atribuyó a la transmisión por un cerdo en una granja ubicada en el estado de Veracruz. Y lo que también hacemos en este país es arrojar todo tipo de objetos y materiales contaminantes a lugares que no tienen las condiciones físicas para recibirlos.

Cuantos más sitios irregulares haya para recibir residuos sólidos urbanos en todo el país, tanto mayor será la contaminación generada y la enfermedad provocada. No podemos, como país, seguirnos permitiendo la existencia de tiraderos a la deriva porque esto, irremediablemente, se convertirá, en el mediano plazo, en un nuevo reto de salubridad, de afectación medioambiental y de impacto económico adverso como el que hoy afecta a todo el país.

En algunas ciudades de México se utilizan actualmente rellenos sanitarios como los medios preferidos para llevar a cabo la disposición final de los residuos sólidos urbanos. Los rellenos sanitarios ayudan porque, en caso de estar bien diseñados y armados, sirven como una barrera de contención que impide la transferencia de los lixiviados hacia el subsuelo. De hecho, algunos de ellos capturan y queman el biogás generado por estos residuos, con lo que contribuyen a la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero. Algunos otros (la minoría) queman este biogás para generar electricidad, aportando un mayor beneficio por producirla a partir de una fuente limpia.

Sin embargo, todo relleno sanitario, por mejor que haya sido concebido, requiere de un espacio físico que se satura en pocos años, por lo que su implicación futura involucra más espacio para seguir operando y, con ello, más impactos negativos a nivel sanitario y medioambiental. Los rellenos sanitarios, tal como los hemos utilizado hasta ahora en México, no pueden ser ya la única opción a elegir porque son sitios abiertos que mantienen latente el riesgo de contagios.

Se habla de que el coronavirus se transmite mediante el aire unos cuantos metros. Quizá, en un relleno sanitario, un material impregnado de coronavirus difícilmente alcanzaría a una persona que se encontrara a varios metros a la redonda de allí. Sin embargo, si no es el coronavirus, muchos otros microorganismos sí alcanzan a la población que habita en condiciones vulnerables cerca de estos sitios.

Los rellenos sanitarios y, obviamente, los tiraderos a cielo abierto son focos permanentes de infección. Si hemos de pensar en usarlos, habrá que hacerlo sólo para arrojar en ellos aquellos residuos inorgánicos inertes que, definitivamente, no tengan ningún beneficio ni afectación por no reaccionar ni física ni químicamente, por no ser biodegradables, por no reaccionar con otros materiales, por no generar lixiviados, por no suponer ningún riesgo para las aguas superficiales y subterráneas, y por implicar un tratamiento muy complejo y costoso, como es el caso de materiales refractarios, ladrillos, persianas y metales.

Es momento de que las entidades federativas evalúen la condición de sus actuales sitios de disposición final para identificar las principales alarmas que atentan contra la salud de la población. La solución ya no puede seguir siendo enterrar los residuos sólidos urbanos, sino aplicar soluciones que permitan utilizarlos como insumos o materias primas útiles para la producción de otros bienes, que, además, estén libres de riesgos sanitarios para la sociedad.

                Twitter: @cuauhochoa

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