Demócratas y Republicanos, la misma receta intervencionista

Por:Fadlala Akabani La prensa especializada se enfrasca en debates y análisis, así como la especulación de escenarios probables ante el resultado de la próxima elección presidencial en Estados Unidos; empero, hay temas y decisiones tomados con antelación y que en ...

Por: Fadlala Akabani

La prensa especializada se enfrasca en debates y análisis, así como la especulación de escenarios probables ante el resultado de la próxima elección presidencial en Estados Unidos; empero, hay temas y decisiones tomados con antelación y que en realidad no están sujetos a la voluntad del presidente estadunidense, sino al arbitrio de poderes fácticos que se encuentran por encima de la estructura del poder político, intereses principalmente económicos que ejercen un imperialismo genocida.

Las posiciones de Donald Trump respecto al conflicto bélico en Europa del Este suelen ser a favor de una solución negociada para el restablecimiento de la paz; asimismo, el magnate neoyorquino guarda una postura discursivamente agresiva hacia Beijing, pero que suele siempre ser atenuada, al grado de que China anticipa que sería relativamente más fácil hacerse con el control de Taiwán si el candidato republicano es reelecto para un segundo periodo el próximo martes 5 de noviembre.

Respecto al creciente conflicto en Oriente Medio, en que el Estado de Israel está provocando una peligrosa escalada, Donald Trump mantiene un discurso en favor del cese a la pérdida de vidas humanas e incluso ligeros atisbos de crítica a Benjamin Netanyahu, actual primer ministro israelí, señalándole de estar “perdiendo la guerra mediática”.

Sin embargo, como presidente de Estados Unidos (2017-2021), Trump respaldó la invasión imperial y genocida que el sionismo israelí profundiza en Oriente Medio, pues durante su mandato ordenó la reubicación de la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén (2018); en marzo de 2019 reconoció la anexión israelí de Los Altos del Golán (1981) territorios arrebatados a Siria tras la Guerra de los Seis Días (1967); en noviembre de 2019 reconoció que las ocupaciones de Palestina, que el Estado de Israel denomina West Bank, no eran considerados ilegales para EU. Cinco años después, la promesa de que el gobierno de EU reconozca la “legalidad” de la ocupación del West Bank es una de las que más fondos recaudan entre la élite económica sionista, que suele apoyar a Trump, pero que lo mismo está dispuesta a aceptar la eventual sumisión que pueda ofrecer Kamala Harris en caso de ser ella la ganadora de la elección presidencial. Para asegurarse ese importante respaldo económico, Trump prometió en sus últimos rallies que ignorará la tragedia humanitaria en Gaza, lo que imposibilitará el acceso a peticiones de refugio a palestinos desplazados de su lugar de origen.

Con no pocas contradicciones políticas al interior de las bases demócratas, la candidata del Partido Demócrata sólo puede responder que todo sería peor si gana el candidato del Partido  Republicano en vez de ella, y no miente, pero tampoco dice la verdad.Como vicepresidenta en la administración de Joe Biden desde 2021 a la fecha, Kamala Harris mostró su apoyo a las decisiones presidenciales en el tema, como lo fue el invocar el supuesto derecho de Israel a defenderse de una invasión y agresión bélica, que comenzó desde el día siguiente de su fundación tras la Segunda Guerra Mundial, en mayo de 1948. Esto de alguna manera confirma dos viejas tesis sobre la política norteamericana, la primera que asume que el sistema político-electoral está diseñado de tal suerte que imposibilita el surgimiento de una tercera alternativa con posibilidades reales de acceder al poder como reiteradamente le ocurrió al propio Sanders; la segunda, que asume que más allá de las diferencias locales, regionales y la volatilidad del voto en algunos estados “bisagra” existen acuerdos bipartidistas que rigen aspectos estratégicos de la administración federal, así como del Congreso, que definen la política que ejercerá el gobierno de EU, independientemente de quién viva en la Casa Blanca u ocupe los escaños de la Cámara de Representantes y el Senado.

Poderes económicos que sigilosa, pero continuamente hacen avanzar su agenda a través de influyentes lobbies que con el poder del dinero se permiten comprar las acciones futuras de representantes políticos sin importar que sean del partido rojo o del partido azul. Sólo es cosa de “seguir el flujo del dinero”; ahora, estimado lector, ya puede intuir que cuando grandes capitales norteamericanos se posicionan en contra de lo que eufemísticamente llaman “antisionismo” y organizan foros para elogiar la “heroica defensa” de Israel, en realidad están imponiendo su agenda sobre el poder político, un gran ejemplo de ello es JPMorgan Chase, el banco más grande en EU, con más de 82 millones de clientes, 6.4 millones de pequeños negocios y activos financieros por 2.4 billones de dólares y operaciones en más de 100 países; se trata del quinto banco a nivel global, sólo por detrás de los gigantes chinos. Ni qué decir de la industria armamentística, cuyo interés en las guerras a nivel global impacta sus flujos financieros, pues ha convertido a la muerte de seres humanos en uno de los activos más rentables en la economía mundial.

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