Con la vara que mides…
• La presión ejercida por AMLO provocó dos efectos en la concepción de conocedores del derecho e, inclusive, de la inteligencia popular: el sometimiento del Poder Judicial al Ejecutivo y el revés inesperado, de ser también éste sometido a juicio.
Por Armando Ríos Ruiz
Bastante se ha dicho en torno a la resolución de la Suprema Corte sobre el juicio a expresidentes, de Salinas a Peña Nieto, que derivó en un galimatías razonado para dar gusto a quien hoy manda y, al mismo tiempo, con observación de la norma sobre la imposibilidad de juzgar delitos prescritos.
Quedó asentado que enjuiciar a exmandatarios es constitucional, pero no como quería el Ejecutivo. Su consulta ciudadana llevaba una dedicatoria precisa contra quienes había elegido, sin que esto fuera cierto tampoco. Sólo quiere a uno: a Felipe Calderón, a quien su rencor apunta como el orquestador del despojo de la Presidencia en las elecciones de 2006.
La presión ejercida por AMLO, antes de la deliberación de la Corte, provocó dos efectos en la concepción de conocedores del derecho e, inclusive, de la inteligencia popular: el sometimiento del Poder Judicial al Ejecutivo y el revés inesperado, de ser también éste sometido a juicio. No obstante, el dictamen de la Corte lo favoreció en las encuestas.
Esto provocó reacciones alarmantes, al descubrirse que el señor de Macuspana está convertido en dueño de todos los poderes, como jamás mandatario alguno lo había logrado.
A partir de entonces hay expresiones de que el peor Presidente en la historia de México, el menos inteligente, refinado y culto está transformado en el más poderoso. ¡Curioso México!
Con ese prurito enfermizo de juicio a expresidentes lo que sigue es ordenar su aplicación contra todos los que tiene en mente, no para castigarlos, sino para mantener locos de contentos a sus partidarios y prolongar el teatro lo más posible. Hablar mal del pasado es fácil y provechoso en retención de simpatías. Es como destruir lo que ya está construido.
Pero dice el dicho: “Con la vara que mides serás medido". El cambio de la pregunta original ideado por los ministros conlleva el riesgo de que el hoy Presidente sea también sometido a juicio. ¡Y vaya que hay tela de donde cortar! Podrá librar el apuro de dos formas: si, como piensan muchos, cambia la Constitución para perpetuarse en el poder o si deja sucesor.
Por lo pronto, incurrió clara y confesamente en delitos previstos en el Código Penal Federal. El artículo 150 señala:
Se aplicarán de seis meses a nueve años de prisión al que favoreciere la evasión de algún detenido, procesado o condenado. Si el detenido o procesado estuviese inculpado por delito o delitos contra la salud, a la persona que favoreciere su evasión se le impondrán de siete a quince años de prisión, o bien, en tratándose de la evasión de un condenado, se aumentarán hasta veinte años de prisión.
Continúa: si quien propicie la evasión fuese servidor público, se le incrementará la pena en una tercera parte de las penas señaladas en este artículo, según corresponda. Además, será destituido de su empleo y se le inhabilitará para obtener otro durante un periodo de ocho a doce años. Ahí está la orden de libertad al Chapito.
Hay más transgresiones a la ley derivadas de la pandemia, de niños con cáncer y de otros actos.
