Claudia Sheinbaum ante el reciclaje imperial y neoliberal

Por Fadlala Akabani A la ya de por sí ocupada agenda de la presidenta Claudia Sheinbaum, se ha añadido la tarea política de responder a interlocutores naturales como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y algunos un tanto anacrónicos como Ernesto Zedillo, que ...

Por Fadlala Akabani

A la ya de por sí ocupada agenda de la presidenta Claudia Sheinbaum, se ha añadido la tarea política de responder a interlocutores naturales como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y algunos un tanto anacrónicos como Ernesto Zedillo, que representan la propuesta opositora, la de regresar al pasado neoliberal.

El saldo de las seis llamadas que han tenido ambos mandatarios es positivo para México, pues hasta el cierre de marzo del presente, las exportaciones de México hacia EU crecieron 15.4% y debido a la elusión de aranceles el superávit comercial alcanzó niveles récord, 18 mil 600 millones de dólares. En el primer trimestre de 2025, México se ubicó como el principal socio comercial de la Unión Americana con 14.6% del total de las importaciones.

De manera particular, ha sido el propio Trump el que mejor se ha expresado al respecto, calificando a la presidenta Sheinbaum como una mujer maravillosa e inteligente.

La propia Presidenta, a raíz de la última llamada, agradeció el esfuerzo y la buena voluntad de EU por cumplir con su parte de los acuerdos, pues para México es clave que las más de 240 mil armas que anualmente ingresan a nuestro país por la frontera norte decrezca significativamente. De acuerdo con datos de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF),  del 20 de enero al cierre de abril del presente, es decir, desde el inicio de la administración Trump se han incautado más de 9 mil armas estadunidenses que tenían a nuestro país como destino de exportación. Mejores resultados que las dos mil armas incautadas en todo 2023, último año de Joe Biden en la Casa Blanca y ni qué decir de los tiempos dorados para el tráfico de armas EU-México cuando los abogados, el pacifista, Barack Obama, y el demócrata, Felipe Calderón, inundaron nuestro país de armas que cruzaron la frontera en un operativo denominado Rápido y Furioso y que estuvo a cargo de la misma ATF. Es por ello, que la orden dada por Trump a la ATF de implementar mano dura contra el tráfico de armas fue acertadamente calificada como viraje histórico por la presidenta Sheinbaum.

Teniendo siempre claro que la soberanía nacional es una línea roja en las conversaciones con Trump y la colaboración en temas de seguridad con el gobierno de EU, la Presidenta es internacionalmente reconocida por negociar tranquila, pero valiente y patriótica, salvaguardando la inviolabilidad del territorio nacional. Agradeciendo la buena voluntad en la materia, así como la disposición de Trump, Sheinbaum también le ha dejado claro que en México nunca vamos a aceptar la intervención del ejército de EU; mientras, podremos compartir información y colaborar estratégicamente, pero cada quien en su territorio.

Por si la agenda de la Presidenta no fuera ya por demás compleja, al escenario de la discusión política nacional ha llegado un viejo actor. Ernesto Zedillo, pieza clave para que mediante el Fobaproa (1995) se convirtieran los pasivos bancarios en deuda pública por 553 mil millones de pesos que fue asumida por el contribuyente mexicano; el autor intelectual de represiones brutales como las de Aguas Blancas (1995) y Acteal (1997); el sátrapa que de un plumazo desapareció a la SCJN (1995) y escogió a todos los candidatos a nuevos ministros viene ahora a exigir auditorías internacionales sobre las obras públicas emprendidas por el presidente López Obrador como la refinería Olmeca o el Tren Maya.

La Presidenta ya ha respondido al nefasto personaje de reciclaje neoliberal, que no es necesario realizar tales auditorías, pues ya lo hace la ASF y si bien Zedillo cuenta con amplia experiencia en la materia como destacado empleado de la Union Pacific poco tiene que aportar al rescate ferroviario de la 4T, pues se trata de obra pública para impulsar el desarrollo industrial, comercial y turístico de México, no de entregar infraestructura estratégica a empresas extranjeras, lo único que sabe hacer Zedillo.

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