Boomerasking: cuando todo se trata de mí

¿Cuánto tiempo le dedicamos a utilizar las redes para conectarnos con la familia?

Por: Laura Coronado Contreras*

Una forma de cortesía, una muestra de cariño, una respuesta mecánica. Quizás sería impensable contar cuántas veces al día realizamos un saludo con el clásico: ¿Cómo estás? Posiblemente, sí podríamos estar interesados en que nuestro interlocutor se encuentre bien. Sin embargo, en muchas ocasiones, ésas y otras preguntas, son el camino para empezar con un monólogo. El boomerasking se ha convertido en una práctica cada vez más común en redes sociales. Deseamos ser educados y aparentar interés en los demás, pero lo que buscamos, en realidad, es redirigir lo antes posible la conversación a lo que realmente te importa: tu trabajo, tus ideas, tus emociones, tu imagen, tu perfil, tu número de vistas, tus likes.

Los contenidos de este tipo son fáciles de identificar: comienzan con un saludo “a la comunidad, a los seguidores, a cualquier usuario” seguido de un cuestionamiento ¿Cómo estuvo su fin de semana? ¿Qué tal dormiste? ¿Ya hicieron su rutina? Y, mejor aún, antes de recibir comentarios, de inmediato compartimos las fotos o videos de “la mejor fiesta”, “el viaje más lujoso”, “consejos para descansar”, “recomendaciones de ejercicios” y muchísimas veces, etiquetas o enlaces con patrocinios.

Lo mismo sucede en TikTok, Instagram o WhatsApp. Lo relevante es ser visto, escuchado, compartido. Acumular comentarios sin responder, dar respuestas automáticas o ser poco asertivos no es trascendente. Preguntamos por los demás, pero sólo nos importara si nos sirve de camino para “aterrizar” la conversación hacia aquello que es “relevante”.

Ya sea para quejarse, presumir o simplemente darle cauce a nuestro egoísmo, el boomerasking pasa inadvertido para quien lo practica y muchas veces, los seguidores normalizamos estos rasgos. ¿No es sumamente lamentable que perdamos una de las grandes ventajas de las redes que es tener una comunicación multidireccional? ¿Para qué preguntamos si no nos interesa la respuesta?

Esta conducta, que podría parecer trivial, toma fuerza en el entorno digital en donde la búsqueda de validación, la comparación social y la presión por una imagen idealizada son latentes. Ello nos hace tener un ego desbordado que —inconscientemente o no— inhibe las conversaciones y rompen con el interés mutuo y genuino que debe existir en cualquier amistad.

La filosofa francesa, Simone Weil, decía “la atención es la forma más rara y pura de generosidad”. ¿Cuánto tiempo realmente le dedicamos a utilizar las redes para conectarnos con nuestra familia o amigos y cuánto a comentar si ya les dieron un vistazo a nuestras publicaciones y disfrutaron de nuestra última foto?

A título de broma siempre comento que “odio a las personas egoístas que piensan más en ellas que en mí” cuando percibo poca empatía en alguna situación. No obstante, quizás las redes me han inclinado a ser parte de ese grupo de egoístas. El algoritmo nos personaliza —tanto— y —todos— los contenidos que comenzamos a irritarnos cuando alguien se atreve a pasar por inadvertidos nuestros videos o no comparte o festeja nuestras imágenes.

Quizás podríamos intentar como un “gran” acto de “magnanimidad” y un buen hábito preguntar realmente cómo estás y ejercitarnos en la escucha activa. Después de todo, como dirían los abuelos, tenemos dos oídos y una boca, para escuchar el doble de lo que hablamos. Y, en un mundo tan interconectado, el silencio y la atención se están convirtiendo en los activos más deseados.

*Catedrática e investigadora de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México

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