Atletas paralímpicos: orgullo nacional, deuda social

Óscar del Cueto García Extaekwondoin · Promotor del Deporte En días recientes, México volvió a escuchar su himno nacional en un escenario internacional gracias al talento y la disciplina de nuestros atletas paralímpicos. Arnulfo Castorena obtuvo la medalla de oro en ...

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Óscar del Cueto García

Óscar del Cueto García

Extaekwondoin · Promotor del Deporte

En días recientes, México volvió a escuchar su himno nacional en un escenario internacional gracias al talento y la disciplina de nuestros atletas paralímpicos. Arnulfo Castorena obtuvo la medalla de oro en los 50 metros pecho SB2 durante el Mundial de Paranatación en Singapur, reafirmando su lugar como referente del deporte mexicano. A su lado, Fabiola Ramírez Martínez consiguió el bronce en los 200 metros libres S2, con un tiempo que además marcó Récord de América.

Estos triunfos no son hechos aislados. Representan la constancia y la preparación de atletas que han puesto a México en lo más alto del medallero mundial. Pero también evidencian un pendiente nacional: la falta de difusión, apoyo y reconocimiento a las disciplinas adaptadas y a quienes las practican.

El brillo de Castorena y Ramírez nos invita a reflexionar en al menos dos sentidos. Primero, la necesidad de dar mayor visibilidad al deporte paralímpico. Si los medios de comunicación y las instituciones reconocen con la misma fuerza los logros olímpicos y paralímpicos, se dignifica el esfuerzo de atletas que entrenan en condiciones muchas veces desiguales y se acerca a niñas, niños y jóvenes con discapacidad a referentes reales y alcanzables.

Segundo, el impacto social. El deporte paralímpico es mucho más que competencia; es un espacio de inclusión, desarrollo personal y construcción de comunidad. Cuando una niña o un niño con discapacidad ve en Arnulfo o en Fabiola un ejemplo, se abre la posibilidad de que también sueñe con conquistar el mundo desde una alberca, una pista o una cancha.

El reto es acompañar a nuestros atletas más allá de la ovación momentánea. Se requiere fortalecer programas de apoyo, generar infraestructura adecuada y, sobre todo, impulsar la difusión constante de sus logros. Reconocer sus victorias no es solo un acto de admiración: es un derecho al acceso equitativo al deporte y a la visibilidad social.

Si queremos un país más incluyente y justo, los atletas paralímpicos deben ocupar un lugar central en nuestra narrativa deportiva y nacional. Su ejemplo no es únicamente para las personas con discapacidad: es para toda la sociedad mexicana.

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