La infraestructura sostenible es clave para la transición energética ecológica

Jorge Moreira da Silva*

El impacto de la crisis en Oriente Medio se está sintiendo en todo el mundo, también aquí en México.

Mientras el mundo observa cómo se desarrolla esta crisis, hay algo que está claro: la transición hacia las energías renovables no puede posponerse. No se trata sólo de proteger el planeta. Se trata de decisiones estratégicas a largo plazo y de seguridad energética: reforzar la resiliencia de los sistemas nacionales y proteger a los países de la volatilidad de los mercados de los combustibles fósiles.

El bloqueo del estrecho de Ormuz ha provocado una crisis energética mundial que está llegando a un punto de inflexión. Muchos países ya están implementando medidas de emergencia. Las reservas comerciales de petróleo se están agotando rápidamente, y ahora la OCDE advierte que el mundo podría enfrentarse a un “panorama desolador”, con una caída del crecimiento y un aumento de las tasas de interés, si no se resuelve la crisis energética de Oriente Medio.

Dirijo el grupo de trabajo de las Naciones Unidas para el estrecho de Ormuz y es evidente que el impacto de esta crisis está afectando a todos los aspectos de la vida: la seguridad alimentaria, las cadenas de suministro —incluidas las de productos farmacéuticos— y las operaciones humanitarias. Los países de renta baja y que dependen de las importaciones, sobre todo los que ya afrontan situaciones de fragilidad, sobreendeudamiento o vulnerabilidad climática, se ven especialmente afectados, pero nadie se libra.

Aunque no se puede negar la gravedad de la crisis a la que nos enfrentamos, éste es también un momento de oportunidades.

Nunca ha habido argumentos más sólidos para acelerar la transición hacia las energías renovables. Son baratas, contribuyen a la seguridad energética y protegen el planeta. Las energías renovables son las fuentes de energía más asequibles en la mayor parte del mundo. El año pasado, por primera vez, la energía eólica, la energía solar y otras energías renovables superaron al carbón como fuente de electricidad a nivel mundial.

Sin embargo, la transición energética no se limita a los paneles solares, los aerogeneradores y las tecnologías emergentes. La generación de energía limpia es un elemento clave para un futuro con bajas emisiones de carbono, pero para que esto funcione, no sólo debemos generar la energía, sino también distribuirla de manera eficaz.

Para ello se necesitan redes de transmisión sólidas, redes eléctricas modernizadas, sistemas de almacenamiento de energía, corredores de transporte resilientes e infraestructura pública resiliente al clima. La infraestructura sostenible y resiliente es la columna vertebral de la transición energética.

En este momento, la infraestructura de la red energética simplemente no avanza al mismo ritmo que la generación de energía renovable. Por cada dólar que se invierte en energías renovables, sólo se destinan 60 centavos a las redes y al almacenamiento. Esta situación tiene que cambiar.

Con el fin de aprovechar todo el potencial de las energías renovables, los países deben modernizar, ampliar y digitalizar las redes energéticas, así como aumentar la capacidad de almacenamiento de energía para garantizar la estabilidad de los sistemas energéticos.

En palabras del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, tenemos la oportunidad de construir los sistemas energéticos del siglo XXI.

Las reformas financieras y normativas son fundamentales en este sentido, pero en muchos países en desarrollo los gobiernos también necesitan apoyo para reforzar su capacidad de implementación.

Para países como México, la oportunidad es particularmente significativa. México cuenta con abundantes recursos de energías renovables. Goza de una base industrial competitiva y ocupa una ubicación estratégica dentro de las cadenas de suministro regionales. La inversión en infraestructura sostenible podría impulsar nuevas industrias y crear empleo, al tiempo que reduciría la dependencia de la energía importada. La energía limpia también ofrece la oportunidad de promover la cooperación energética regional, con el fin de proteger a los países del impacto de las tensiones geopolíticas que se producen a miles de kilómetros de distancia.

UNOPS, la organización que dirijo, se compromete a apoyar a México para que cumpla sus prioridades en materia de desarrollo sostenible, incluidas las relativas a la infraestructura estratégica, la conectividad, la transición energética y la mejora del acceso a los servicios de salud. A lo largo de los años, ayudamos al gobierno a crear sistemas de transporte público modernos y limpios, fortalecer la atención de la salud y promover la cooperación sur-sur.

En todo el mundo, UNOPS colabora con los gobiernos para planificar y construir infraestructura sostenible y resiliente al clima, así como para apoyar y acelerar las agendas de los gobiernos en materia climática y de desarrollo. Y apoyamos a México en esas áreas también.

La transición energética requiere una gran colaboración para movilizar financiación, compartir tecnologías e implementar proyectos de infraestructura que aporten valor a largo plazo a las comunidades. Los gobiernos, las instituciones financieras internacionales, los asociados para el desarrollo y, sobre todo, el sector privado deben trabajar de manera conjunta para que esto sea una realidad.

Ningún país puede lograrlo por su cuenta. Pero hay algo que no se puede negar: este es un momento decisivo para dejar de depender de los combustibles fósiles y acelerar la transición ecológica. En medio de esta crisis, países como México tienen una oportunidad única para invertir en infraestructura sostenible con el fin de hacer frente a futuras crisis y generar prosperidad. Aprovechemos esta oportunidad ahora.

*Secretario general adjunto de las Naciones Unidas y director ejecutivo de UNOPS