Hamás los secuestró y asesinó; terminemos con su terrorismo

PorEinat Kranz Neiger* Las imágenes nos persiguen: una madre joven, Shiri Bibas, arrancada del corazón de la vida cotidiana, cargando a sus dos pequeños hijos pelirrojos, un niño de cuatro años y un bebé de nueve meses, con los rostros marcados por el horror, ...

Por Einat Kranz Neiger*

Las imágenes nos persiguen: una madre joven, Shiri Bibas, arrancada del corazón de la vida cotidiana, cargando a sus dos pequeños hijos pelirrojos, un niño de cuatro años y un bebé de nueve meses, con los rostros marcados por el horror, mientras son arrastrados hacia Gaza.

Esta escena grabada por los terroristas de Hamás que atacaron el kibutz Nir Oz el 7 de octubre del 2023 es una de las muchas historias de esa trágica mañana, cuando los terroristas mataron, violaron y destrozaron a innumerables familias. Es un duro recordatorio de que Hamás no es un actor político legítimo, sino una organización terrorista cuyo único propósito es infligir sufrimiento y destrucción.

Por más de 16 meses, el mundo observó cómo Hamás exhibía a la familia Bibas con artículos de propaganda, explotando su sufrimiento para la guerra psicológica. Yardén Bibas, el papá, fue obligado a aparecer en un video tras ser informado de que su familia había sido asesinada, una cruel manipulación que ejemplifica el trato sádico a los secuestrados.

Con la reciente liberación de Yardén, la magnitud del horror ha quedado clara. Su reencuentro con la libertad se produjo al devastador precio de la confirmación: su mujer y sus hijos fueron asesinados por sus captores. Tras retenerlos en condiciones inimaginables y someterlos al miedo, al hambre y posiblemente a torturas, Hamás los asesinó. A un bebé, a un niño y a su madre.

La tragedia de la familia Bibas es un duro recordatorio de la verdadera naturaleza de Hamás. No son luchadores por la libertad ni miembros de la resistencia: son monstruos que atacan a civiles, asesinan a niños e infligen el máximo dolor y maltrato psicológico posible. Los secuestrados que han sido liberados relatan los horrores padecidos: golpes, hambre, violencia sexual y el terror constante de morir.

El asesinato de Shiri y sus hijos, la tortura que soportó Yardén, el cautiverio de otros secuestrados, no son excepciones en el comportamiento de Hamás. Son su esencia. Es una organización que construye túneles en lugar de escuelas, utiliza hospitales como cuarteles, desvía ayuda humanitaria para adquirir armamento. Su gobierno no ha traído más que miseria a los civiles de Gaza.

Aquellos que siguen apoyando a Hamás deben tener en cuenta que cada justificación o intento de contextualizar sus acciones, cada “pero” que sigue a la condena de sus atrocidades, sólo sirven para permitir más sufrimiento. Hamás ha demostrado en repetidas ocasiones que no tiene interés alguno en la paz, ningún respeto por la vida humana —palestina o israelí— ni visión más allá del conflicto y la destrucción.

Pese a esta realidad, todavía encuentra apologistas en Occidente: activistas y políticos que, por ignorancia o malicia, envalentonan sus atrocidades al justificar su violencia. Cada manifestación que glorifica a Hamás y minimiza sus crímenes sólo extiende el sufrimiento de israelíes y palestinos por igual.

La familia Bibas y todas las víctimas del terror de Hamás merecen justicia. Se debe erradicar su terrorismo y romper su dominio sobre Gaza. El camino hacia la paz en la región y la estabilidad para israelíes y palestinos comienza con el fin de Hamás.

*Embajadora de Israel en México

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