México y Canadá van a mejorar su relación de negocios
Si los dos gobiernos se lo propusieran asignarían recursos a programas estratégicos de comunicación que rendirían frutos seguros.
Por José Treviño*
Aunque hay diferencias notables, las relaciones bilaterales se han desarrollado de manera considerable, por encima de diferencias que parecerían fundamentales.
En el corazón de la cultura canadiense radica el respeto a la ley. Canadá es un Estado de derecho, México no.
Esta diferencia radical, con las imágenes que proyecta y las reacciones que provoca en Canadá, donde la prensa tiende a resaltar más la corrupción y la inseguridad que los casos de éxito en México, es uno de los aspectos que menos ayudan a la integración de las dos culturas de negocios.
Docenas de empresas canadienses llegaron a México antes y después del empeoramiento de las condiciones de inseguridad, pero hay todavía una gran cantidad de inversionistas potenciales que han decidido no venir hasta que el ambiente mejore.
Con todo, las relaciones entre mexicanos y canadienses se han desarrollado de manera callada, sin alboroto ni grandes aspavientos.
Al canadiense le gusta mucho México, le atraen sus playas, su rica cultura, su comida, la simpatía de sus gentes y, ¿por qué no decirlo?, los precios más accesibles. El año pasado llegaron a México cerca de un millón 750 mil visitantes y el número de viajeros mexicanos a Canadá fue de 190 mil.
Esta última cifra, aunque es muy baja en comparación con la anterior, muestra una clara recuperación frente a la caída que sufrió el número de mexicanos que visitaron Canadá en el año de la imposición del requisito de visa (116 mil), en agudo contraste con el nivel de 272 mil previo a la visa. No obstante, Canadá tiene un importante potencial turístico, pues al mexicano le fascinan los paisajes y las montañas de Canadá, la modernidad de sus ciudades y la sensación de orden y seguridad. No conozco a ningún mexicano que no haya disfrutado su estancia en ese país y que no esté pensando en un nuevo motivo o pretexto para regresar.
Sin embargo, al margen del aspecto turístico, si hubiera mayor difusión a lo que ocurre entre los dos países, como se tuvo durante la crisis que provocó la visa, estaríamos más al tanto uno del otro y nos conoceríamos mejor. Es típico el caso de los empresarios que han visitado el otro país como turistas, pero que ignoran, y no se interesan en saber, cómo podrían hacer negocios en él.
Otro caso en el que no hay un suficiente nivel de información es el relativo a la Alianza México-Canadá, un instrumento creado por los dos países en 2004 para impulsar los negocios en ocho sectores o esferas de actividad (energía, medio ambiente, agroindustria, capital humano, etc.). ¿Hay quien sepa a qué se refiere esa iniciativa o se haya beneficiado de ella?
Si los dos países asignaran presupuesto para una mayor difusión y comunicación, muchas de las áreas ocultas o grises de la relación bilateral se harían visibles y los ciudadanos de ambos países se sentirían invitados a visitarse, conocerse y tratarse más.
El programa de trabajadores agrícolas temporales (PTAT) que trabajan varios meses del año en el campo canadiense —302 mil 632 trabajadores se han colocado desde que el PTAT entró en operación en junio de 1974—, ha funcionado con éxito porque cuenta con difusión gubernamental y autopromoción.
Si los dos gobiernos se lo propusieran asignarían recursos a programas estratégicos de comunicación que rendirían frutos, tal vez no inmediatos, pero sí seguros. Hace mucha falta organizar más eventos, ferias y misiones que promuevan el conocimiento de los valores culturales, los atractivos turísticos, los avances tecnológicos y los intereses de cada uno.
Una decisión política que, claramente, dañó la relación de negocios entre los dos países fue el establecimiento de la visa canadiense. La imposición de este requisito fue vista como una acción inamistosa e impropia entre dos socios comerciales. La visa tuvo un efecto contraproducente, pues redujo en más de la mitad los viajes de mexicanos a ese país y ha dificultado el que más empresarios viajen a Canadá en plan de negocios. De ahí que la eliminación de este requisito contribuirá también a impulsar la relación económica.
Estamos en un momento en el que México debe secundar el interés creciente de las compañías canadienses por conocer mejor el país y hacer más negocios con empresas mexicanas.
Pero el esfuerzo mayor debe concentrarse en fortalecer el Estado de derecho, combatir la corrupción y la impunidad que desaniman a muchos hombres de negocios canadienses a invertir y hacer comercio con México. De todos los factores que afectan nuestra relación económica con Canadá, este es, probablemente, el más pernicioso y cuya eliminación recae 100 por ciento en nosotros los mexicanos.
*Presidente del Comité Empresarial México-Canadá, COMCE.
