Valorar lo imprescindible, ¿ternura radical?
Queremos autonomía, pero con afecto, contención, fuerza y valor. Tomar decisiones que no dañen a nuestras, nuestros, semejantes. Difícil arte, creativo e inteligente, necesario y prudente. Tal vez, sabiduría. Porque nunca olvida que, como humanas/os, tenemos todas, todos, lados muy oscuros y tenebrosos. Y cuentas por pagar. Saltar a otra carretera. Generar espacios de diálogo y escucha respetuosa. Las rutas conocidas no han logrado cristalizar deseos de paz y serenidad.
Desde la siempre desdeñada sensibilidad humana, hay que poner la mirada en aquello que nos hace temblar. En aquello que nos muestra a nosotros mismos, como sujetas, sujetos, a nuestras emociones. Y cuando re-cordamos, volver a pasar por nuestro corazón, y escuchamos hasta los sonidos del silencio de una mirada que nos devolvió las ganas de vivir. Una mirada cargada de ¿amor?, ¿ternura?, ¿comprensión? Y quizás hasta con reproche.
Queremos autonomía, pero con afecto, contención, fuerza y valor. Tomar decisiones que no dañen a nuestras, nuestros, semejantes. Difícil arte, creativo e inteligente, necesario y prudente. Tal vez, sabiduría. Porque nunca olvida que, como humanas/os, tenemos todas, todos, lados muy oscuros y tenebrosos. Y cuentas por pagar.
Saltar a otra carretera. Generar espacios de diálogo y escucha respetuosa. Las rutas conocidas no han logrado cristalizar deseos de paz y serenidad. Camino riesgoso, pero las buenas compañías aligeran las fatigas. En política, vencer estereotipos que clausuran afectos; en las ciencias, trastocar lenguajes gélidos y distantes que dejan vacíos que abruman el alma. En educación, aprender a cooperar, encausando emociones. Ternura radical, una alternativa.
“Cada vez estamos más dispuestos a reconocer que lo típicamente humano, lo genuinamente formativo, no es la operación fría de la inteligencia binaria, pues las máquinas saben mejor que nosotros decir que dos más dos son cuatro. Lo que nos caracteriza y diferencia de la inteligencia artificial es la capacidad de emocionarnos, de reconstruir el mundo y el conocimiento a partir de los lazos afectivos que nos impactan” (https://www.uv.mx/veracruz/cosustentaver/files/2015/09/6.-Restrepo-L.-C....).
Estar siempre a la defensiva, aun cuando nadie inicia pleito. Dicen que la mejor defensa es el ataque. ¿En verdad, antes de escuchar a otra, otro, debemos agraviarlo? Y, así, paso a paso, se llega a la crueldad sin percatarnos. Démonos cuenta de nuestro actuar, de nuestro propio desinterés, desamor y desafecto. Aprender a conciliar-nos. A no mentir-nos.
Las mujeres, algunas, hemos aprendido, y con trabajo, de la sororidad, ese pacto político que nos une, ese reconocer la humanidad de la otra, del otro. En ese andar, hemos encontrado armonía, alegría y apoyo. Fácil no es, pero sí, mucho mejor que continuar por la senda de la desconfianza. Aprender a cuidarnos, aun de quienes fingen coincidir.
La ternura, ambivalencia entre lo frágil y delicado, perdida en ocasiones por la búsqueda afanosa de autonomía y autorresponsabilidad. La ternura nos ata a la otra, al otro, y creemos que ahí, en ese vínculo, nos perdemos. Tal vez sí, pero quizá nos ganamos. Tremenda incertidumbre y, mejor, el portazo para recobrar, ¿seguridad?
En la ternura hay algo duradero; práctica de cuidado sostenible, donde se encuentran formas resistentes y solidarias de relacionarse entre las personas. Y, en las adversidades, sólo por ella, resuena la resiliencia para afrontarlas.
Dicen, y dicen bien, que la ternura es el único método de supervivencia en momentos de violencia extrema. Recordemos. Para afrontar el sufrimiento y el desamparo, la ternura abre rutas de esperanza y permite revalorar la importancia de construir vidas que valgan la pena ser vividas.
Una forma de resistir sin amargura, de estar sin rabia o enojo, que pudiera resultar efectiva, sería la ternura. Afecto suave y conmovido. Parece locura, cuando estamos viviendo el arrasamiento de cualquier código ético y el odio salpica injurias, pero es un camino no trillado. Quienes no comparten esas ansias de atropello, pueden conducirse con afecto o, al menos, con respeto. No olvidemos que somos seres vulnerables. ¿Será cierta la frase de Paz: “Los que no tienen rabia tienen miedo”? ¿Ternura radical?
