Una puesta en escena

La seguridad, la amabilidad, la ¿empatía recién aprendida? El mensaje, directo a los inversionistas. Calma, sí va la reforma al Poder Judicial, pero no, hay que discutirla para darla a conocer. ¿Ganar tiempo? No, pero sí. Llegamos al poder. Hablar de las mujeres, ¿llegamos todas? No son mi prioridad, pero así, hasta lo parece.

Escenografía: un enorme portón, del antiguo y poderoso Palacio Nacional. Cerrado. Imponente.

Caracterización: él, con traje oscuro, bien cortado, camisa blanca, corbata roja con rayas. Elegante, según él. Ha cambiado su estilo en estos años. Ella, traje sastre moderno, sencillo, azul oscuro, blusa blanca, muy formal, según cree que debe verse una Presidenta. Olvidados los vestidos guindas con adornos de pueblos ancestrales.

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Acto 1º. El amor eterno. Se abre el portón de par en par. Cordial bienvenida. Él sale a recibirla desde arriba del escalón, sintiéndose dueño del Palacio, con su siempre ambigua sonrisa. ¿Gesto de caballerosidad? Cuidado. Ella, en la calle, abajo, de espaldas, se acerca. Él la jala. Abrazos y besos, expresiones nada habituales. Raro en personas ¿tan contenidas? Una manifestación de apropiación de la otra persona. ¿Persona? Señales de que aquí no pasa nada, la queremos tanto, ¿me quiere tanto? A saber. Un abuso ante el que ella debe sonreír. Vean, nos queremos tanto. ¿Nos debemos tanto? Ella, es claro. Una cuenta larguísima y difícil de pagar. Él, ¿qué le debe?, seguir un perverso juego: democracia de mentiritas. La deuda ¿por hacerle perder a ella hasta el sentido contrario? Eso, ¿se recupera? Él le alza el brazo en señal de victoria. Luego, los dos alzan los dos brazos. Ganamos. ¿Está claro?

Acto 2º. ¿Bastón de mando? Ella sale y se para frente al micrófono, que es de él, el que usa todos los días. Él, tras bambalinas. Escondido, la escucha una muy atenta oreja de espía. La seguridad, la amabilidad, la ¿empatía recién aprendida? El mensaje, directo a los inversionistas. Calma, sí va la reforma al Poder Judicial, pero no, hay que discutirla para darla a conocer. ¿Ganar tiempo? No, pero sí. Llegamos al poder. Hablar de las mujeres, ¿llegamos todas? No son mi prioridad, pero así, hasta lo parece.

Evidencias. La escenografía. Prestada por él. Para que se ilusione. Es mujer. Pero que la use, como si fuera él. Ella, ¿recupera seguridad? ¿Nuevos, nuevas asesoras? A saber. Aprendió del camaleón. Según la audiencia, la personalidad que muestra. Con él, sabe aparentar igualdad y hasta con afecto. Con el público, ella toma decisiones, nadie le cree. La seducción femenina. Pero enfrente, topó con una inesperada, sorpresiva y agresiva seducción caballerosa. No somos iguales, eres frágil frente a mí. Ni siquiera huyes de mi fuerte abrazo aniquilador.

Él sabe cómo portarse con una Presidenta que le debe hasta la sonrisa. Ser condescendiente y dejar que se la crea y sea feliz con su ¿triunfo? Muy caballeroso. Ella tiene que ganar tiempo y él le dio chance. Otra deuda. Calculador, apostador. Quien se enoja, pierde. Sólo sonrisas.

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El público, los públicos. Nos engañamos, queremos alejar la catástrofe. Pero nos acecha. Las porras y porristas cantan: llegaron a un acuerdo. Él cedió un poquitín. Ella lo convenció. No nos engañemos. Él sigue al mando. No lo dejará. Si no está pendiente, ella perderá el rumbo. Las feministas, ese dolor de muelas que no acaba. Sus cantaletas y su interminable memorial de agravios. Pero ayuda apelar a sus causas. Confunde. ¿Ésa es su aportación a la centenaria causa, pensiones para algunas?

El pretexto, la reforma judicial. La venganza, prioritaria contra la ministra y sus colegas. Recordar el terror en Francia, cuando Robespierre firme, autoritario, decidió purificar todo. Aquel daba la cara. Éste, escondido tras bambalinas. Los dos, defensores de la justicia social y de los pobres. Aquel fue guillotinado. Éste, pretende imitar a Porfirio Díaz, 30 años en el poder. Otra historia, otra melodía. Ella se aleja sola, caminando altiva, con sonrisa obligada. Él, la desmiente al día siguiente. “Es un honor estar con Andrés Manuel López Obrador”. La incertidumbre cerca ¿continuidad sin sumisión?, ¿fin a la esperancita?

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