Una persona sensible

“Hay ciertos recuerdos que permanecen inviolables ante los estragos del tiempo. Y del sufrimiento. No es cierto que todo esté teñido por el tiempo y el sufrimiento. No es cierto que lo arruinen todo”. Contundente. Pero, nada vuelve a ser igual. ¿Será que dejó la rabia por la pobreza de sus padres, que pudo ocasionar el dolor de su madre y decidió vivir con esos recuerdos inviolables? Resiliencia.

Blanco, de Han Kang, es una obra maestra para dar cuenta de que “el sufrimiento no anula las alegrías”. Inclasificable, sugiere una historia profunda que quizá, muchas familias han enfrentado, pero que casi siempre, prefieren el olvido. Ese olvido acarrea consecuencias, aunque seamos incapaces de reconocerlo. La tenue sombra de la tristeza.

“No te mueras. No te mueras, por favor”, la súplica de la madre a una bebé, que finalmente, muere. No se sabe cómo, pero el dolor de la madre se encarna en la hija, que vive sintiendo el dolor de su madre. Reflexiona y sabe que esa hermana muerta a las pocas horas de nacer, hubiera cambiado su vida, quizá, ni siquiera hubiera nacido ella misma.

Con la observación sobre cómo se reconstruye la ciudad destruida en la que habita, señala la posibilidad de reconstruirnos como lo vio hacerlo en Varsovia: del resto de una columna, con materiales nuevos la vuelven a levantar o a prolongar un muro. Maestra de metáforas, da una lección de la fuerza de la vida ante la muerte, del amor frente al dolor, de respeto hacia la humanidad. Habla de ella, de su dolor, de su forma de enfrentarlo. De su delicadeza al hablar del dolor de las madres por la pérdida de una hija, de un hijo.

No se puede dejar de pensar en los miles de madres que hoy buscan a sus hijas e hijos. En la Guardería ABC. De cómo México se ha convertido en una inmensa fosa clandestina, en un cementerio bajo nuestros pasos. Cada página es como una pintura de colores tenues, dibujada con palabras entrañables. Y eso, ayuda a intentar descubrir la belleza que encierra una piedra, un terrón de azúcar o una página en blanco.

“Hay ciertos recuerdos que permanecen inviolables ante los estragos del tiempo. Y del sufrimiento. No es cierto que todo esté teñido por el tiempo y el sufrimiento. No es cierto que lo arruinen todo”. Contundente. Pero, nada vuelve a ser igual. ¿Será que dejó la rabia por la pobreza de sus padres, que pudo ocasionar el dolor de su madre y decidió vivir con esos recuerdos inviolables? Resiliencia.

¿Es posible ignorar los “pactos inconfesables”, pero por todos conocidos? ¿La frialdad recorre permanentemente el cuerpo de los perpetradores? ¿O será la soberbia la que los blinda ante el dolor que provocan? ¿Tener poder significa aplastar cuanto se resista y, aunque ni siquiera se resista? ¿Asesinar es sólo un escalón más para aumentar las gruesas cuentas bancarias? ¿La implosión de Morena, la prisión preventiva oficiosa y toda su injusticia, están en nuestro horizonte? ¿Más poder para no poder? ¿Sinaloa, Tabasco, Teuchitlán?

Dicen que el blanco es el color de la muerte y de la fragilidad, pero también de la posibilidad de renacer. “Necesitaba ponerme en las heridas un ungüento claro y recubrirlas después con una gasa blanca”. En el llamado Oriente, es el color del duelo. Todas y todos necesitamos ese ungüento y esa gasa blanca. Vivir no es cosa fácil, pero cuando al país lo sacuden los cárteles, las amenazas de Trump, la incertidumbre mundial, leer Blanco ayuda.

La pérdida de un hijo, una hija es innombrable. Un proverbio chino: “Cuando muere un padre (una madre) perdemos el pasado y cuando se muere un hijo, (una hija) perdemos el futuro”. En México, muchas, muchísimas mujeres pierden hijas, hijos por pobreza y por violencia. Increíble la insensibilidad de las autoridades y de la sociedad. No hay atajos en el proceso del dolor, la única forma de enfrentar el sufrimiento es pasar por él. Y estar acompañadas, acompañados.

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Por todo eso, no podemos permitir que nos silencien. Las Madres Buscadoras tienen derecho a alzar la voz sin miedo. Ojalá, ahora que hay una nueva comisionada, las escuche y atienda. Su dolor grita por un poco de empatía. Que la justicia sea consuelo. Que la angustia se aleje de nosotras, nosotros. Eso ¿será la paz? ¿Por eso, Blanco?

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