Sí: transformemos
En los 80, con el lema “lo personal es político” denunciaron la opresión y el cuestionamiento del carácter político de la subordinación en lo privado y sus efectos en la presencia y participación en lo público
Nosotras estamos por cambiar este país (y al mundo). Pero, no por el cambio que quiere el Presidente, del que aún no sabemos de qué se trata, más allá de ricos contra pobres y sin mujeres, y que de pronto, y vaya una a saber cómo, todas las personas seremos almas serenas, obedientes y tranquilas.
Los feminismos transforman las estructuras que sostienen la discriminación hacia las mujeres. Si la historia es “maestra de vida”, la de las mujeres es de las más interesantes, sin gota de sangre y, sí, con mucha ironía, aunque pocas congéneras y casi ningún hombre la conoce. Bueno es dedicar trazos rápidos para agradecerles habernos dado luz para ejercer nuestros derechos.
Christine de Pizan, La Ciudad de la Damas (1405) fue pionera (por escrito) en oponerse a la sumisión según costumbre añeja y perjudicial. Afirmó nuestra ciudadanía, nuestro derecho a decidir nuestra vida y también en las cuestiones de las ciudades que habitamos.
En el siglo XVII, Juana de Asbaje defendió el derecho a la educación y a la vida intelectual de las mujeres. En el XVIII, Teresa Margarida da Silva e Orta, en Brasil, defendió el derecho de las mujeres a la ciencia. Flora Tristan, en el XIX, reivindicó la igualdad política y el derecho a manifestar políticamente sus intereses.
En México, dice Francesca Gargallo, “en el lejano 1870, la poeta y maestra Rita Cetina Gutiérrez fundó La Siempreviva, un grupo sufragista en Yucatán compuesto por maestras que teorizaban sobre la educación y, en especial, la educación de las mujeres”.
Flora Tristan, 1840, afirmó que la situación de las mujeres se deriva de la aceptación del falso principio de inferioridad de la naturaleza femenina y que, al negar la educación a las mujeres, se las relega a puestos de mayor explotación. De las obreras, afirma que son “las proletarias del proletariado”.
La Ilustración y la Revolución Francesa no trajeron los mismos derechos para las mujeres, pero algunas ilustradas como Olympede Gouges y Mary Wollstonecraft levantaron la voz por la igualdad de género. Les costó la vida. Entre 1910 y 1915, ocho estudiantes de la Escuela de Derecho de Mérida presentaron tesis sobre el tema del divorcio y de los derechos de las mujeres. Y en 1914, se legisló en la Ley de relaciones familiares.
En el Principio de Utilidad, Harriet Mill sostiene que la felicidad es un fin en sí mismo, ya que cada individuo tiene derecho a ella. Por tanto, la mujer ha de optar a este derecho por ley. La libertad individual femenina se consigue desapareciendo telarañas legales que impiden sea considerada como sujeto jurídico individual.
En 1848, en Seneca Falls (Nueva York) se realizó la primera convención sobre los derechos de la mujer organizada por Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton. Publicaron la Declaración de Seneca Falls, basada en la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Denunciaban no poder votar, ni presentarse a elecciones ni ocupar cargos públicos ni afiliarse a organizaciones o asistir a reuniones políticas. Sentó las bases de reforma en tres ejes institucionales: educación, matrimonio y trabajo.
En Londres, Emmeline Pankhurst creó en 1903 la Unión Social y Política de las Mujeres. Sus asociadas eran conocidas como las suffragettes, quienes reclamaron derechos políticos. Clara Zetkin buscó el reconocimiento institucional para las mujeres y abogó porque el 8 de marzo fuera el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Una resolución admitida y aprobada en el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas, celebrado en 1910.
En los 80, con el lema “lo personal es político” denunciaron la opresión y el cuestionamiento del carácter político de la subordinación en lo privado y sus efectos en la presencia y participación en lo público. Se pudo nombrar lo que no tenía nombre: violencia doméstica, acoso sexual, violación en el matrimonio. Son y han sido muchísimas.
Virginia Vargas, “los movimientos feministas han sido el fenómeno subversivo más significativo del siglo XX, por su profundo cuestionamiento a pensamientos únicos y hegemónicos”. Los feminismos (¡viva la pluralidad!) son fundamentales para la consecución de la igualdad y la libertad. Sabemos de dónde venimos y a dónde vamos.
