¿Será falta de amor?

Clara Scherer

Clara Scherer

Editorial

Difícil imaginar cómo vivían las mexicanas en 1950. Aún no ganábamos el derecho a votar y ser votadas y mucho menos, teníamos control sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra fecundidad. La Iglesia y los médicos eran quienes hablaban y pontificaban, pero nosotras vivíamos los siete embarazos (promedio) y cuanta situación relacionada con hijas, hijos, sin apoyos, sin conocimiento, sin consideraciones. Un mundo raro.

Llegaron los 70, con que la familia pequeña vive mejor, y ¡claro! la píldora anticonceptiva. Por ahí canturreaban flores en tu pelo, y algunos se decían hippies. Muchas mujeres entramos a la universidad. Aún complicado, pero ya decidíamos sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras vidas. La violencia conyugal era angustiosamente silenciada y de violaciones nadie quería enterarse. Menos, cuando los abortos arrebataban vidas. En este ambiente, surgieron las colectivas en defensa de nuestros derechos. José José, cantaba El triste.

Creíamos que la familia pequeña vivía mejor hasta que las y los jóvenes mostraron que no eran tiempos propicios para hijas e hijos. Con tanto empleo precario, arriesgando la vida en motocicleta; mercar hasta en los tianguis banqueteros de cualquier colonia, pero, no salen las cuentas. Y si pensaban alquilar un cuartito, ya ni en las azoteas. Las rentas se llevan más de la mitad de las propinas. No tengo dinero.

Habrá, según la Encuesta Inter Censal 2025, cada día más personas ancianas y menos menores de edad. Para muchas y muchos, desolador. Menos niñas y niños significa menos alegría. Menos globos y menos confeti. A cambio, más personas de la tercera edad, a quienes hay que cuidarlas hasta de sí mismas. Un desgarriate con una economía que no crece, atorado en una ideología tapadera de delincuentes.

Hay más gente soltera que casada por primera vez desde que existe el registro civil, más divorcios, menos hijos por mujer y más hogares encabezados por mujeres. Los corridos tumbados y Bad Bunny son tendencia.

Ellas, además, no quieren tener hijas/hijos porque los parejos, posibles padres, son incapaces de colaborar. Siguen delegando en las mujeres las tareas de peinado, lavado, vestido, comida, etcétera, que requieren tiempo, paciencia y mucho cariño. “Las mujeres ya no lloran, facturan...”.

Ellos, que se les exige mucho, que han perdido privilegios y que no están dispuestos a seguir en esa ruta. Prefieren cumplir sueños profesionales, o deportivos, o artísticos. Invertir lo poco en ellos mismos y en su salud mental. Para colmo, ahora todo dicen que es violencia y es una pesadilla. “¿Te vas con Kapo, te vas pa´ Cali hoy por la noche?”.

Desde la crisis del ambiente hasta la amenazante inteligencia artificial, atentan contra la idea de cuidar niñas y niños. Quizá, por eso, cada día vemos más formas para atender y consentir a las mascotas. La necesidad de compañía, de comunicación, de cariño, parece satisfacerse por medio de estas nuevas compañías.

Esta situación debiera impulsar la creación del Sistema Nacional de Cuidados, asignándole suficiente presupuesto. Es una vía directa para que más mujeres tengan trabajo remunerado. Cuidar con calidad a las y los ancianos; con dedicación y ternura a niñas y niños, ya urgente. No a Dopamina de Peso Pluma.

El 55.9 por ciento de las mujeres trabajadoras se encuentra en la informalidad laboral, sin derechos, y las madres tienen que optar por el autoempleo flexible (por la falta de un sistema nacional de cuidados y centros de desarrollo) presagia un futuro poco satisfactorio. “Márchate de una vez si es para siempre”.

Los expertos afirman que se acabaron los tiempos en los que la expectativa natural era que los hijos vivieran mejor que sus padres. Seguro, van a vivir de manera diferente y quizá, más satisfechas/os de sí mismas, mismos. Lo que seguro ya no vuelve, es el romanticismo del Bésame mucho.