Primer piso de espanto

El segundo piso con apenas ocho meses, ha demostrado que a las mujeres no se les escucha, no se les atiende, no se les protege. Hemos testificado que a la menor insinuación de Trump, el gobierno corre a satisfacer sus deseos por irracionales que sean, con tal de no despertar la cólera del vecino.

Las cifras de homicidios, feminicidios y personas desaparecidas lo constatan. Del horror del primer piso, pasamos al terror del intento de construir el segundo. La muerte de la democracia y la república por la reforma judicial hará posible que toda calamidad del primero se oculte y no salga la verdad. Los eventos de rancho Izaguirre y Tlalpan lo demuestran. Una trama tejida lentamente, aflora a la superficie.

Si se lee a Rosario Castellanos, es fácil percibir lo que ha cambiado y lo que no, en la sociedad mexicana con respecto a las mujeres. Carlos Martínez Assad: “La constante presencia de mujeres en lugares clave es ya un indicio del mundo de la utopía que se presagiaba o por el que se luchaba en otras épocas. Sin embargo, el cambio en la sociedad incluye un problema no considerado que viene a distorsionarlo todo: la violencia”.

(https://confabulario.eluniversal.com.mx/utopia-feminista/).

Y esa violencia dio un enorme salto al vacío con el caso Pelicot. Demuestra, de forma aterradora, que el lugar más peligroso para ellas es su propio hogar. Una violencia a la que casi cualquier hombre se suma sin el menor escrúpulo. Eso sucedió en Francia. Sí, pero en cualquier lugar del mundo, novios, exnovios, maridos y exmaridos asesinan a quienes alguna vez, confiaron en ellos. Y las cifras en México también son aterradoras.

Los feminismos han trabajado mucho y constantemente, en cambiar los imaginarios, en dejar los estereotipos de género en un basurero y acercarse a otras mujeres para transformar la vida de todas y todos. Algunas han transformado sus ideales, sus metas, sus objetivos, sus vidas, mientras muchos hombres se aferran a sus privilegios y están dispuestos a emplear cualquier método para conseguirlo. Hasta la ignominia.

Francesca Gargallo afirma que “el feminismo es una idea actuante, una política y una “propuesta civilizatoria”. Esa apuesta civilizatoria debe ser parte, ineludible, del currículum escolar y de la ética de los medios de comunicación. Sólo modificando las mentalidades, masculinas y femeninas, esa igualdad de derechos, esas vidas sin violencias, serán posibles.

(https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/Feminismo_filosofico...).

Luis Rubio, en su última entrega al periódico Reforma, escribe que “México requiere un gobierno dedicado a construir el futuro, para lo cual son necesarias al menos tres condiciones: seguridad (para las mujeres, imprescindible detener la violencia familiar); infraestructura física (incluyendo el hogar propio), pero también, educación y salud, y condiciones para el desarrollo” (entre ellas, la construcción de un sistema de cuidados).

Inexcusable para construir ese futuro, escuchar las demandas de las madres buscadoras. Francesca: “Las demandas se dirigen, para bien o para mal, a quien controla el poder. Y demandar implica pactar, reducir el propio ideario, evitar la confrontación”. Puede suceder con las madres buscadoras. No sucederá, según la experiencia, con la CNTE.

El segundo piso con apenas ocho meses, ha demostrado que a las mujeres no se les escucha, no se les atiende, no se les protege. Hemos testificado que a la menor insinuación de Trump, el gobierno corre a satisfacer sus deseos por irracionales que sean, con tal de no despertar la cólera del vecino. Otra vez, Francesca: “Esta Latinoamérica que Estados Unidos ve como “suya”, como una esposa esclavizada; suya para que le sirva, para que le dé las y los trabajadores sobrantes con los que abaratar la mano de obra mundial; suya para que reconozca el valor universal de su dominación; suya para castigarla cuando se rebela”.

Gisèle Pelicot: “Que la vergüenza cambie de bando”. La violencia sexual sucede porque los hombres saben que no pasará nada. El consentimiento aún tiene un largo trecho por caminar. ¿Meta del segundo piso?

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