Nadie como la Chapa
Diputada, jamás votaría Sí a todo sin cambiar una sola coma. No buscó trocar convicciones por garantía de estabilidad laboral, blindaje político o guardarropa de pasarela. Nunca acataría la caduca orden: a recoger el tiradero. Injusta y abusiva constatación de que las mujeres deben “limpiar” el desastre causado por más de 2,500 noches de copas sorbiendo el agridulce licor del poder.
Amiga estupenda, diría Elena Ferrante, tocayas habían de ser. Feminista desde que se entendió poliédrica. Algo que la anclara, que le diera cauce a su impetuosidad. Hacer pensar era su misión. Reflexionar desde su cuerpo, obvio, de mujer; súper obvio, discriminada. O sea, incomodar a los de enfrente. Y su hábitat era el PRI.
Experta en un arte difícil de calibrar: la amistad entre mujeres. ¿Cómo driblar esa presencia-ausencia, la rivalidad? Honesta, enfrentó amores, desamores, maternidades y soledades, profundizando en los porqués y concluyendo: el poder trastoca románticas ilusiones. ¿El patriarcado, más fuerte que la voluntad por la dignidad con igualdad?
Intentó cumplirle a Virginia Woolf: que las mujeres escribieran sobre su universo, sobre lo que no se había contado, y que lo hicieran bien. Y se siguió de largo. A cumplir las promesas de 1953: sufragio efectivo para las mujeres. Más mujeres al poder. Ni más ni menos. Atrevida, encabezó el reclamo que concluyó en la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial: la sentencia 12624. Primer peldaño para la paridad.
Abrevó de ideas del arte y de la política, subrayando clase y género, filosofía y destino, todo con un enfoque dedicado a crear un auténtico Instituto Estatal de las Mujeres, pendiente y combativo.
Diputada, jamás votaría Sí a todo sin cambiar una sola coma. No buscó trocar convicciones por garantía de estabilidad laboral, blindaje político o guardarropa de pasarela. Nunca acataría la caduca orden: a recoger el tiradero. Injusta y abusiva constatación de que las mujeres deben “limpiar” el desastre causado por más de 2,500 noches de copas sorbiendo el agridulce licor del poder. Seis años de dislates, algún importante acierto y complicidades inconfesables. Chapa se asumió insumisa y valiente, hoy alzaría la voz.
Reclamaría, junto con su gran amiga, Rosario Guerra, investigar a quienes presumen riquezas sospechosamente mal habidas. Método al parecer ancestral, no de pueblos originarios, esconder basura bajo la alfombra. En eso estamos. Y para colmo, diría María Elena, encontraron su “maestro limpio”, que acaba con la pesadilla de tener cadáveres y otros huesitos en el clóset. Borra cualquier pecado. Y se robaron hasta las escobas, como el Inai.
Ella, la Chapa, sostenía que “Nadie tiene derecho, ningún Estado ni ningún diputado o diputada, a convertirse en árbitro de la moral de nadie ni a meterse a las recámaras de nadie ni a decidir por nadie, desde su moralidad”. Y da risa, “son superiores moralmente”.
Dicen, hay menos pobres. Pero “allá donde viven las mujeres las cosas siguen igual o peor. Y en el fondo la censura”. Según la ENIGH 2024, la brecha en el ingreso trimestral entre hombres y mujeres es de 34.2 por ciento. Por cada 100 pesos que percibieron los hombres, las mujeres ganaron sólo 65.8 pesos. Y además, “limpiaron el desastre cotidiano”.
¿Por qué mejor rescatamos a las mujeres, y no, a Pemex?, que la empresa declare “brazos caídos” y deje que, después de su agonía de más de 30 años, se construya ese tan traído y llevado Sistema Nacional de Cuidados, compromiso firmado en Tlaltelolco, cuna de tantos “defensores de la igualdad y la democracia”?
“El Compromiso de Tlatelolco implica un nuevo piso en las obligaciones de los Estados en materia de cuidados; los países de la región deberán promover medidas para superar la división sexual del trabajo, incorporar la dimensión de los cuidados en la planificación nacional y formular políticas para que los medios de comunicación incorporen referencias que visibilicen el valor y la corresponsabilidad de los cuidados”.
(https://www.milenio.com/politica/aprueban-compromiso-tlatelolco-conferen...).
En este sexenio se hará poco por falta de presupuesto. Mapeo de lo que ya hay. Ya les ordenaron: Antes, a recoger el tiradero. ¿Cómo Sísifo?
