Las abuelas y su legado
Ellas, que nos dieron la palabra y con ella, iluminaron nuestro cerebro; ellas, que nos enseñaron a respetar a los demás. Ellas supieron lidiar con los buleadores, aunque no aplacarlos y reconducirlos para que se desarrollaran como personas en toda la extensión de esa palabra. Es decir, conscientes, pensantes, sintientes y empáticos hacia el dolor de los demás.
Tenía la intención de escribir sobre la parte oscura de nuestra cultura nacional. Bulear. Quiere decir burlarse, mofarse, fastidiar con sorna. A los niños se les bulea y así, aprenden a bulear. A las niñas, casi a muchas, se les ignora y se les enseña a servir. Los niños, casi todos, se la pasan buleando, hasta que se topan con otro peor.
Sabemos que su debilidad intrínseca, su resentimiento por no ser, por no brillar, los convierte en amos de la burla, del sarcasmo, de la risa avinagrada. En realidad, cobardes llenos de fatuidad y resentimiento. La vida se les va por la boca. No paran de ¿hablar? Primer paso a la crueldad. Mejor buscar caminos constructivos.
Hablar de las abuelas requiere afilar la mirada. No todas, y ojalá, la mayoría. Mujeres con experiencias variadas y estrategias diferenciadas, pero han sido y son quienes preservaron la continuidad de la especie a través de hijas e hijos. Expertas en tareas de cuidado infantil, de la senectud y de las personas con discapacidad. Cuidadoras del ambiente, de la cultura y de la lengua. Por eso, lenguas maternas.
Expertas en sobrevivir en ambientes horripilantemente patriarcales, colmados de violencia. Algunas generaron ambientes menos rasposos conscientes de los daños. Construir en sus hijas e hijos, personas íntegras, evitando, a cualquier precio, la violencia, pues solamente así se hace política, sólo así se puede hacer política o, por lo menos, sentar las bases para poder ponerla en práctica. La política, arte de negociar y de gestionar acuerdos, sea entre dos personas o en una comunidad. Política con mayúscula cuando se logra establecer acuerdos a nivel nacional.
Tristemente, en México llevamos años intentando construir la paz a partir de respetar las leyes, respetar el Estado de derecho, pero a quienes les pagamos por ese trabajo no han estado a la altura. Debemos insistir en la rendición de cuentas, pero debemos también buscar otros caminos para lograr ese ancestral anhelo, la sana convivencia.
Y es aquí donde el legado de las abuelas cobra vigencia. Ellas, las que supieron establecer vínculos de fuerte afecto con sus hijas e hijos, nietas y nietos son quienes pueden colaborar en la construcción de un Sistema Nacional de Cuidado. Ellas, que nos dieron la palabra y con ella, iluminaron nuestro cerebro; ellas, que nos enseñaron a respetar a los demás. Ellas supieron lidiar con los buleadores, aunque no aplacarlos y reconducirlos para que se desarrollaran como personas en toda la extensión de esa palabra. Es decir, conscientes, pensantes, sintientes y empáticos hacia el dolor de los demás.
Muchísimas abuelas fueron y son cuidadoras informales. El 55% de las infancias son cuidadas por sus abuelas, mientras su madre o tutor trabaja. (Inegi. ENESS, 2017). Atienden y apoyan, en su mayoría, de forma gratuita, precaria e invisible. No es justo, merecen reconocimiento y apoyo, y también los abuelos pueden colaborar.
“La hipótesis de la abuela ha tenido variaciones, pero en el centro está la idea de que la cooperación al servicio del cuidado y el cariño, ha sido una parte esencial en nuestra historia evolutiva”.
“Según esta hipótesis, gracias a estos periodos inusualmente largos, infancia y senectud, las mujeres y los hombres pudieron convertirse en la especie que son: extremadamente social, con extraordinarias capacidades de aprendizaje y habilidades cognitivas muy complejas. La vulnerabilidad de la infancia al cobijo de la vejez permite que la creatividad de nuestra especie florezca, que las culturas humanas sean más sofisticadas que la de cualquier otra especie, y que nuestras formas de cooperación se conviertan en expresiones de amor transgeneracional”.
Defendamos al INE.
(https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/881397b9-f91b-4798-b18e-7...).
