La realidad no es lo que parece
El movimiento sufragista desafió el significado de ser mujer: la costura y el bordado se convirtieron en signo de poder y fuerza y aprovecharon su habilidad en este “arte femenino”. Confeccionaron vestidos adecuados a sus protestas, cuidaron el diseño de estandartes y mandiles, y utilizaron los colores de la Unión Social y Política de Mujeres.
“Hay un poco de poesía en el vaivén de una aguja y mucha prosa en el hilo de la historia de la costura”1. Nació en 1851 en Estados Unidos, la máquina de coser Singer, e inició la conquista del desigual mundo femenino. A muchas casas llegó una. Coser ha sido razón de ser de muchas.
La Singer, ¿adelanto para ellas? Ni duda. Una camisa requería 14 horas de trabajo; con la Singer, sólo una. Hijas y esposas pasaban 48 horas a la semana cosiendo. Sobre las costureras, el New York Herald, afirmaba: “No conocemos ninguna clase de mujeres trabajadoras que estén peor pagadas por su trabajo o que sufran más privaciones y dificultades (que las costureras)”. En esos años, Elizabeth Cady Stanton y colegas reclamaban el derecho al sufragio.
Dicen que la Singer promovió la autonomía económica y la creatividad femenina. El marketing, la idea de comprar en abonos, hizo posible adquirirlas. La publicidad mostraba a las mujeres como responsables en la toma de decisiones: “Vendido por el fabricante directamente a las mujeres de la familia”. “Podrán ganar mil dólares al año”.
El movimiento sufragista desafió el significado de ser mujer: la costura y el bordado se convirtieron en signo de poder y fuerza y aprovecharon su habilidad en este “arte femenino”. Confeccionaron vestidos adecuados a sus protestas, cuidaron el diseño de estandartes y mandiles, y utilizaron los colores de la Unión Social y Política de Mujeres. El morado representaba la lealtad.
A inicios de 1911, las obreras textiles de Estados Unidos iniciaron una huelga histórica. Trabajaban 14 horas diarias. Dicen que los patrones incendiaron sus talleres y fábricas. Murieron 129. Lograron atención a algunas de sus demandas. Así nació el 8 de marzo.
La Singer no requería electricidad. En Chiapas, en los 50 y 60, según Carmen Escobar Villa, era regalo de bodas. Los hombres conseguían pareja con estas máquinas que traerían prosperidad. Los que abandonaban esposas o amantes, para no dejarlas desamparadas, les obsequiaban una.
Las secundarias públicas incluían taller de corte y confección. Importaba aprender bien el oficio. Muchas ganaban estatus, al pasar a ser empleadas. Para otras, tener un negocio en sus hogares resguardaba su reputación y ganaban dinero.
Estos cambios de mentalidad parten de un concepto: el símbolo. Por eso, Evita Perón regalaba Singers a las descamisadas. Y por eso, en la época de Franco prohibieron su importación. Y por eso, Claudia los usó el 15 de septiembre.
En México, la tragedia. El temblor de 1985 derrumbó los edificios donde encerraban a las costureras. Murieron más de mil. El gremio se constituyó en sindicato, aún en pie de lucha.
Gracias a estas máquinas, se estandarizaron las prendas de vestir; impulsaron el crecimiento de la confección y de la producción masiva. Hoy es más barato comprar que reciclar, reparar o mejorar. Es obsolescencia programada: consumir y desechar, sin medir consecuencias en el medioambiente2.
En México, hay 351 mil sastres y modistos, costureras y confeccionadores de prendas de vestir. Edad promedio: 47 años; 81% son mujeres y ganan 6 mil 250 pesos mensuales. Los hombres, 7 mil 199 pesos. 93.3% son informales3. En 2019, había 1,690 unidades económicas.
La máquina de coser, ejemplo de herramienta para controlar la energía productiva de las mujeres. Hoy, para las pobres, dinero en efectivo. A cambio, ellas suplen al Estado en salud, educación y seguridad para hijas e hijos. Las cuentas no salen.
Julieta brilla como siempre.
1. https://audaces.com/es/blog/historia-costura#
2. https://www.economia.gob.mx/datamexico/es/profile/occupation/sastres-y-m...
