La igualdad y la reforma
Más nos vale estar presentes en todas las discusiones, foros y acuerdos, y decirlo clara y firmemente. Si hay alguna reforma, la paridad es uno de los innegociables. Va porque va, sea lo que sea que se discuta
Sabemos que eso de la igualdad de género, según el señor López Obrador, es sólo un chascarrillo contado por neoliberales que buscan distraer de lo importante a los machos muy machos. Las mujeres en este gobierno ocupan los cargos que decide el Ejecutivo sin mediar carrera política, profesión o méritos en alguna rama del saber o el quehacer humano. La sumisión es la única norma. Del compromiso de género o de sororidad mejor ni hablar.
La lucha de las mujeres por ocupar el lugar que nos corresponde en todos los espacios ha sido minimizada y los resultados, lamentablemente, se cuentan en feminicidios, desapariciones y trata de personas. Ése es el lugar al que nos remiten quienes son incapaces de valorar la humanidad de las mujeres. Explotación que a todos sirve en diferentes grados y en diversas medidas. Muertes que dejan huecos cada vez más grandes.
- Dicen quienes saben que lo que no se menciona en la reforma electoral es porque no se va a tocar.
La experiencia de milenios, en múltiples lugares y en muy diversas circunstancias nos hace ser desconfiadas. Más nos vale estar presentes en todas las discusiones, foros y acuerdos, y decirlo clara y firmemente. Si hay alguna reforma, la paridad es uno de los innegociables. Va porque va, sea lo que sea que se discuta.
Sabemos que ésa, su reforma, da más poder a los presidentes de cada instituto político (puros hombres) para que repartan las curules entre sus cuates (casi siempre puros hombres y, a veces, sus esposas y cariños) y se distribuyan los dineros que, mala cosa, serán menos, pues ya no costearán las burocracias partidistas (en las que muy pocas mujeres ocupan cargos, obligados por eso de “la paridad en todo”, que ahora quedaría en sueño guajiro o llamarada de petate).
Quienes nos oponemos a esta reforma sí lo hacemos porque perdemos derechos, no privilegios. Lograr ese reconocimiento a nuestros derechos ha sido un muy largo y sinuoso camino y hoy, sin más ni más, nos quieren borrar nuevamente de la política, de nuestra urgente participación en la toma de decisiones. La carrera de muchas valientes mujeres ahora dependerá del señor dueño del partido.
Eso de “darle voz al pueblo” para que decida quiénes serán las autoridades del INE y las del Tribunal Electoral es, otra vez, el truco para que se elija sólo a hombres de probada solvencia lopezobradorista. Si acaso, mujeres e hijas de algunos delincuentes de trágica memoria o de acosadores truculentos.
La opinión de personas informadas es que éste es un nuevo distractor del Presidente, aunque lo que, sin duda, busca lograr es debilitar al árbitro que debe organizar y valorar la elección de 2024. Si Morena no gana, la cantaleta de fraude ya se escucha. Si Morena gana, dirán que fue a pesar del árbitro. Suceda lo que suceda con la reforma, debemos estar pendientes y no dejar de reclamar por la violencia contra nosotras, ya sea en la política o en cualquier otro ámbito.
Citando a Ángeles Mastretta: “Si un cambio esencial le trajo a la humanidad el siglo XX, ese cambio es la presencia de las mujeres en el mundo de lo público. Pero el XXI tiene mucho que andar en el derecho y el deber de las mujeres, no sólo como representantes de su género, sino como parte esencial de lo humano”(https://www.nexos.com.mx/?p=67692).
- Ese gran logro ha sido tarea de muchísimas mujeres de generaciones anteriores, que se preocuparon por heredarnos un mundo mucho mejor que el que les tocó. Las palabras son siempre difíciles de atrapar, pues su significado es un tanto inconstante, y si hay quien trepado en un guacal de poder decide que democracia es que él siempre gane, hay que negarle el derecho de imponer significados. El lenguaje es propiedad de quienes lo hablamos, no de quien quiere retener el poder. Por todo eso, debemos defender a nuestro Instituto Nacional Electoral.
