La fuerza y el poder
Escuchar y ver a una mujer con fuerza y con poder es más bien un fenómeno raro. Tenemos la fortuna de tenerla al frente de la Suprema Corte de Justicia. Quisiéramos más con tanta claridad y con tanto valor. Ya vendrán. Y no es simplemente un deseo. Basta escuchar a las mujeres en muchos espacios, donde pueden hablar sin cortapisas. Lo mejor, hay muchísimas dispuestas a apoyarlas.
No son lo mismo, lo sabemos. Lo hemos sabido desde antaño. Hay quien tiene el poder, pero ni el más mínimo atisbo de fuerza. Hay tantísimas que tienen la fuerza y nunca llegarán a tener el poder. A veces, recuerdo a Juana, la mal llamada Loca, y al figurín llamado Felipe, ni tan hermoso. Historias que, a veces, parecen actuales, salvo que, afortunadamente, ya no hay de esos reinos.
Escuchar y ver a una mujer con fuerza y con poder es más bien un fenómeno raro. Tenemos la fortuna de tenerla al frente de la Suprema Corte de Justicia. Quisiéramos más con tanta claridad y con tanto valor. Ya vendrán. Y no es simplemente un deseo. Basta escuchar a las mujeres en muchos espacios, donde pueden hablar sin cortapisas. Lo mejor, hay muchísimas dispuestas a apoyarlas.
En Aguascalientes tuvimos un encuentro de la Red de Mujeres por la Paridad. Vinieron de todos los estados, todas con la alegría de saber que hablamos un mismo idioma. Queremos mujeres en los espacios de poder, pero las queremos con fuerza para hablar desde sus convicciones, sus principios, sus deseos y no haciéndole el trabajo a un señor que, por esas cosas raras de la vida, las puso en un lugar que les queda enorme (como a muchos).
Mujeres como Rosario Robles, que, a pesar de todo, sigue con su sonrisa, su optimismo, su confianza en las demás. Como Cecilia Soto, brindando su experiencia y alentando a las jóvenes a subirse al tren del feminismo (¿recuerdan aquel tren de la libertad, movimiento social feminista en defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres que culminó el 1 de febrero de 2014 con una manifestación en Madrid?). Sí, el feminismo, los feminismos son trenes para ir ganando libertades.
Ahí estaba Josefina Meza, con su abrazo cariñoso, sus palabras alentadoras, su alegría al ver su gran capacidad de convocatoria. Estaba para darnos la bienvenida Angélica de la Peña, con su disposición para apoyar en lo que haga falta, con sus conocimientos sobre los recovecos de la política (masculina) y prevenirnos de los malos pasos. Estaba Mónica Mendoza, con su prudencia y sabiduría para cuestionar y conducir los discursos de las insumisas. Patricia Cárdenas sorprendió por su gentileza y prudencia, atenta y participativa, sin intentar ser la protagonista de este encuentro.
Se habló de los muchos retrocesos, graves y muy graves, para el ejercicio de los derechos de muchas mujeres, especialmente de las más pobres y vulnerables; del gravísimo clima de violencia feminicida que viven, especialmente, las jóvenes de varios estados; del desamparo de las madres buscadoras y una mención suave al destartalamiento institucional, donde la primera acometida fue anular las unidades de género, uno de cuyos objetivos era el de construir y hacer sostenible la paridad.
Por ese decreto es que ahora no vemos ningún avance en la paridad al interior de las dependencias. Seguimos como en el 2019: el 70% de los puestos ocupados por hombres y sólo 30%, por mujeres. Clarísimo que ellos en las posiciones de mayor jerarquía y ellas arrastrando el lápiz y en las posiciones “operativas”, o sea, haciendo la chamba y con menor sueldo que sus pares varones. Nada raro.
https://imco.org.mx/wp-content/uploads/2021/05/20210511-Mujeres-en-la-APF-más-allá-de-la-foto_Documento.pdf
En medio del gusto por sabernos juntas, no dejamos de sentir profundamente el dolor causado por tanta inconsecuente “politiquería” en torno a las vidas de las personas en situación de movilidad (migrantes). A 40 de ellos se les infligió una muerte atroz, absolutamente condenable. El gobierno debía cuidar la dignidad de su vida y, ya sabemos, la responsabilidad no es una de sus virtudes. Dar explicaciones no le corresponde a quienes no tienen atribuciones. Eso, ni duda, sí le corresponde al Sr. Garduño, director del Instituto Nacional de Migración.
