Hombres
Con el nefasto pacto “de caballeros”, las mujeres quedan a merced de los violentadores. Una imagen: el Palacio Nacional resguardado por altas vallas metálicas. Así, igualito, actúan quienes matan mujeres: protegidos por vallas altísimas, de metal endurecido. Se llama impunidad.
Los adjetivos no alcanzan para calificar o describir el horror vivido en Celaya. Son muchos los implicados, pero no la mayoría (afortunadamente). El patriarcado, amparando a sus (des)preciados y (des)preciables vástagos. Son, suponemos, marginados de casi todos los privilegios. Pero, con el que creen resarcirse de heridas profundas por ser ¿desechables? es el poder sobre las mujeres, sus iguales, en cuanto a discriminaciones se refiere. Mostrar su potencia, en pandilla, drogados y borrachos (porque así actúa la cobardía) les hace suponer que son muy hombres.
Su vida lóbrega transcurre a salto de mata. Su odio y rencor profundo hacia las mujeres se colma sólo de cuando en cuando. Crueles, sanguinarios, patriarcales. Con el nefasto pacto “de caballeros”, las mujeres quedan a merced de los violentadores. Una imagen: el Palacio Nacional resguardado por altas vallas metálicas. Así, igualito, actúan quienes matan mujeres: protegidos por vallas altísimas, de metal endurecido. Se llama impunidad.
Dan los nombres de todas y cada una. De ellos, da igual si son Pedro, Manuel o Juan, están protegidos por muchos de los que debieran perseguirlos. En realidad, son sus protectores. Y más ahora, que tantas indignadas se han especializado en descubrirlos, desenmascararlos, desanonimizarlos. Poner nombre al agresor, saber quién es el primer paso. Esos protectores, con su indolencia, inician el camino para culpabilizarlas de su propia desgracia.
El pacto machista resiste, repele, lacera y vulnera a quienes intentan hacerlo trizas, modificarlo. Es el poder, ni más ni menos. El poder no se negocia y ellas sólo tienen derecho a llorar su inmerecido dolor. Lo que hagan se estampa en el sólido mandato de masculinidad. “No conmoverse, no sentir, sólo agredir” algo así es su consigna.
Ser hombre pudiera significar tener un vínculo (con el padre, real o imaginado) establecido desde temprana edad, del que los hombres son las primeras víctimas. Constantemente, obligados a reafirmar su estatus masculino frente a otros hombres y doblegarse a un “pacto” de reglas y jerarquías. (Isaac Alí Siles B.). La identidad sexo-genérica es siempre precaria, proceso inacabado y puesto en cuestión minuto a minuto. Ansiedad permanente.
Rita Segato: “El hombre tiene poder porque la masculinidad es la posición prestigiosa en la sociedad”. Y más, urge que “los hombres comprendan que el mandato de masculinidad los destruye, los daña física y psíquicamente. ¿Dónde se rehace el poder que tu patrón te expropia todos los días? Un patrón autoritario, despótico... (el “pobre hombre”) vuelve a casa y rescata el poder donde puede, en su mujer, en sus hijos. Restaura ese mandato, esa posición potente perdida en la calle”.
Peor, si el jefe es narco. El machismo exacerbado, donde el mandamás, figura carismática que es indispensable venerar. Violentar mujeres y desecharlas matándolas, al tiempo que transcurre una exitosa manifestación por el 8 de marzo, muestra que el narcotráfico es un dispositivo de poder sexo-genérico. Aquí, sólo cuentan los hombres. Preguntar por el móvil, ocioso. Las mataron por ser mujeres y porque pueden. La muerte tiene amplia permisividad en cuanto a feminicidios se refiere.
Dice Isaac Alí: “El narcotráfico es un dispositivo integrado en una economía política de producción de sujetos hetero/patriarcales, tanto hetero/masculino/patriarcales, como hetero/femenino/patriarcales”.
(https://estudiosdegenero.colmex.mx/index.php/eg/article/view/119/89).
En Celaya hemos visto ese dispositivo actuar en todo su horror. Rita Segato: “Es necesario ser cruel para poder llamarse hombre”, según ese estúpido mandato de masculinidad. Como Francia Márquez, Norma Piña no se “engancha” en miserias humanas. Su dignidad y la de todas, todos, todes, está bien resguardada. Defendámosla, lo mismo que al voto libre y al INE.
