Ella sí que puede
Su infancia transcurrió como la de millones de niñas y niños en este país: padre alcohólico y madre sumisa y resignada. La violencia la tocaba de cerca, por lo que decidió salir de ese tóxico ambiente, a estudiar para no vivir como dictaba el saber ancestral. La UNAM fue su siguiente refugio. Ingeniería computacional, su reto
Hay una mujer valiente, decidida, inteligente y preparada. Muy autónoma e independiente. Sabe lo que quiere y está decidida a lograrlo. Afortunadamente, no está buscando quedar bien con ningún “padrino”. Hasta sentido del humor tiene. En el México de hoy, en el que las mujeres han seguido arrancando derechos, donde cada día son agredidas, ofendidas y asesinadas, hay una mujer que puede enfrentar con buen ánimo, a quien quiera medir fuerzas con ella. Inteligencia, capacidades, fortalezas y experiencia.
Las estrellas le indicaron desde su nacimiento el camino a seguir, luchar por la democracia. El mismo día de la trágica muerte de Madero, pero 50 años después, inició su vida. No en cuna de seda, sino en un lugar pedregoso, en las faldas del Dengantzha. De “las relaciones geográficas del siglo XVI perteneciente al censo ordenado por la corona en 1548: (…) esta tierra no es muy fría, es seca, no tienen otra agua, sino de magueyes y de esa beben y se sirven; los vientos que corren son del oriente y de poniente, y los más ordinarios son del oriente, que son de la primavera”. ¿Serían esos vientos del oriente los que la llevaron hasta otras latitudes a prepararse para afrontar riesgos catastróficos, apoyada en inteligencia artificial, robótica y energía?
- El Valle del Mezquital está asociado tradicionalmente con los términos otomí, pobreza y aridez; su infancia transcurrió como la de millones de niñas y niños en este país: padre alcohólico y madre sumisa y resignada. La violencia la tocaba de cerca, por lo que decidió salir de ese tóxico ambiente, a estudiar para no vivir como dictaba el saber ancestral. La UNAM fue su siguiente refugio. Ingeniería computacional, su reto.
Experta en analizar información y evaluar alternativas, sin olvidar costumbres como el Zi Nana Mehay en las que se ofrenda a la tierra por ser dadora de vida y en el mismo ritual rezar padresnuestros para el Santo Patrono de la localidad. Es decir, puede iniciar un diálogo entre las muy diversas formas de conocimiento, respetarlas y asumir una posición personal ante ellas.
En ese Valle, que sí ha sido de lágrimas, conviven, no sólo descendientes de otomíes y chichimecas, sino también personas afromexicanas. Esas lágrimas han sido, entre otras muchas causas, por la migración que desde los años 80 se llevó a chicas y chicos hñahñus para trabajar tierras en Allende y el río Bravo. Y la engañosa prosperidad se mira en las casas nuevas, las camionetas que circulan por la Tercera de Naranjo o por la calle de Álamos. A pesar del derroche de remesas, la desnutrición, salud y educación siguen trastornando a los pobladores. En los niños menores de 5 años de 18 comunidades del Valle del Mezquital, en 2012, 80% tenían algún tipo de malnutrición; 10%, sobrepeso y obesidad, y sólo 10% estaban con peso y talla normal (Enutrica).
- La muy resistente cultura otomí sigue dando muestras de eso. Las leyes locales son respetadas, a pesar de TikTok y de alambres cruzando cielos con rayos y centellas porque la Asamblea aprueba o desaprueba grandes y pequeñas ideas, pero si no se reune a todos los hombres y se les escucha, no hay manera de hacer nada. La grosera e insultante exclusión de las mujeres ha ido cediendo terreno y muchas de ellas han logrado cargos políticos y su palabra se respeta.
Es decir, Xóchitl Gálvez conoce desde lo profundo, la realidad múltiple y variada de México. No fue en visitas rápidas, dictando monólogos interminables, sino viviendo las contradicciones, los dolores, las violencias en su propio cuerpo. Labraron un espíritu abierto al cambio, en constante diálogo interno entre costumbres sabias y conocimientos científicos con miras a resolver problemas y soñar mundos posibles. Las discriminaciones y maltratos no la llevan al resentimiento, sino a demostrar que hay otras formas de mirar-nos.
