El Sr. Escobar

El Sr. Escobar no se detuvo a pensar, reaccionó con vehemencia y estuvo presente durante los interminables días y noches tras las huellas de su hija. Confió en las autoridades y se estrelló con la ineptitud y las mentiras. Igual que tantísimas madres, hermanas, hijas. Rompió el estereotipo.

Levantó la voz por la desaparición y muerte de su hija Debanhi. No debería causar sorpresa, pero el recuerdo dice que es el primer padre que reclama fuerte y ante los medios nacionales y locales. Y la nación lo escuchó y siguió paso a paso los tristes acontecimientos. Sabemos que, por machismo, la fuerza de la voz de un hombre es mucho más eficaz que la de las mujeres.

El Sr. Escobar no se detuvo a pensar, reaccionó con vehemencia y estuvo presente durante los interminables días y noches tras las huellas de su hija. Confió en las autoridades y se estrelló con la ineptitud y las mentiras. Igual que tantísimas madres, hermanas, hijas. Rompió el estereoti- po: “El hombre fuerte no expresa sentimientos, porque estos se consideran una debilidad, propia de las mujeres”. Lo hizo con la voz firme y el dolor estallándole en el corazón.

Que los hombres no hablen de sus sentimientos, de su rabia, de su coraje, será por ¿prejuicio, o incapacidad? Muchos intentarán, quizás, vengar el asesinato de sus cariños, sus amores. No lo sabemos. Que un hombre siga procesos legales en estos casos y de frente a la ciudadanía, lamentablemente no es costumbre. Algunos hombres esconden su dolor, pero eso no ayuda. Otros, se suman a marchas y con pancartas, reclaman la injusticia y la impunidad. Pero son muy pocos los que hablan fuerte.

  • El valor y el amor del Sr. Escobar a la vista y oídos de todas y todos pueden marcar un nuevo rumbo para la búsqueda de justicia. Ante la violencia de género contra las mujeres, que los hombres afectados alcen la voz y obliguen a las autoridades a hacer su trabajo. Aunque se encuentren obstáculos, absurdas peticiones, incoherencias a millones.

Pero eso resuena en la patria, esa que López Velarde llamaba “impecable y diamantina”. ¡Ay de los poetas de otros tiempos!

Debanhi estudiaba Leyes en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Una de las competencias que pretende dicha institución es que las y los alumnos sean capaces de tomar “decisiones oportunas y pertinentes en los ámbitos personal, académico y profesional”. Importa mucho señalar que si no se enseña con perspectiva de género, ese aprendizaje carece de relevancia, especialmente para las mujeres.

¿Accidente?, ¿feminicidio? No sabemos de posibles responsables y, quizás, coparticipe el chofer que, a decir del Sr.

Escobar, hostigó a Debanhi. Si esto es así, son hombres incapaces de ver en las mujeres la dignidad de un ser humano, las consideran sólo objetos para “lavar” su insignificancia y sentirse todopoderosos, capaces de decidir si vive o muere una muchacha. Esa prepotencia no es más que una enorme, criminal y atroz impotencia.

  • Esperamos, sin esperanza, que no haya más mujeres en riesgo. Necesitamos muchos Sr. Escobar que acompañen y reclamen con fuerza; urgen estrategias nacionales para el cuidado de los derechos de niñas, jóvenas, mujeres, en escuelas, universidades y medios de comunicación. Urge desmontar los machismos, aunque eso está complicadísimo si desde las altas esferas se muestran muy orgullosos de amigos violadores y acosadores.

Ideas tales como que la pobreza es causante de estos terribles delitos es otro absurdo. Nadie gana nada con estos asesinatos. El perpetrador, los perpetradores sólo quizás ganan una rara y momentánea satisfacción, pero regresan a su insignificancia al poco rato. Y pobreza hay en muchos otros lugares, y sin embargo, no se cuentan por miles los feminicidios.

Con la letra de Vivir sin miedo, de la genial Vivir Quintana, pedimos que, por lo menos: “No olvide sus nombres, señor Presidente”: Debanhi Escobar Bazaldúa, Yolanda, Fátima, etcétera, etcétera. Las familias afectadas lo que reclaman es sencillo y fácil de otorgar: iniciar la búsqueda inmediata de las personas que son desaparecidas.

Además, hay que defender al INE. Si lo perdemos, no habrá democracia.

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