Dos mujeres brillantes del siglo XX

A Jane Goodall, etóloga y primatóloga, lo que más la impactó fue descubrir que los chimpancés se enfrascan en guerras territoriales duraderas con los grupos vecinos, a cuyos miembros matan sistemática y deliberadamente.

Vivian Gornick (1935) y Jane Goodall (1934) desde sus primeros años, pioneras del feminismo rompiendo barreras, buscando construir su vida con las riendas en sus manos. Sus madres, sin ser perfectas, ahí estuvieron. Una, viajó con su hija a África para derribar obstáculos; otra, con su afecto constante y enrevesado por su forma de entender la vida y sufrir por sus decisiones.

Vivian, narradora y ensayista, escribe sin sentimentalismo ni cinismo, sobre sí misma y sus diversas relaciones, donde reconoce y agradece la importancia de su madre para llegar a ser la mujer que es. Una madre persuadida de que todas deben tener un hombre a su lado.

El objetivo del feminismo, para Gornick, es que las mujeres sean vistas como personas con vidas reales y significativas. Para Jane Goodall, el mayor logro fue trastocar el concepto de humanidad, al constatar la sensibilidad, imaginación y creatividad de los chimpancés. Producir herramientas no es sólo capacidad humana.

Las dos empeñadas en bajar de su pedestal a los hombres, científicos, literatos, ingenieros o simples y comunes mortales. Vivian afirma que “la vida es trabajo, y sólo después es amor. Creo que trabajar con un propósito es la esencia de la vida, y eso es lo que hay detrás del movimiento feminista”.

Jane, desde la “proximidad emocional, y su paciencia, documentó aspectos inquietantemente humanos en el comportamiento (de los chimpancés), como el que cada uno de los individuos tenía una personalidad única, siendo capaz de desarrollar pensamientos racionales, experimentar emociones –como alegría y tristeza– o desarrollar alianzas complejas –y mudables en el tiempo– con otros congéneres”.

(https://theconversation.com/).

Vivian, también a partir de la proximidad emocional, invita a “una mirada empática que permita “encontrar al otro en sí mismo”. Habla de “la política del daño”, que surge de la conciencia “de haber nacido en una injusticia social preestablecida”.

(https://letraslibres.com/).

La política del daño. La condición de mujer es emblemática de algo que afecta al conjunto de la condición humana. Entre otras cosas, comprender la situación de las mujeres es entender las luchas de poder que rigen la vida. Por eso, “estar sola es una postura política”. Nacer en una sociedad que estructura y jerarquiza las relaciones empeñadas en su inamovilidad.

A Jane Goodall, etóloga y primatóloga, lo que más la impactó fue descubrir que los chimpancés se enfrascan en guerras territoriales duraderas con los grupos vecinos, a cuyos miembros matan sistemática y deliberadamente. Estudiando rasgos de comportamiento de diversos tipos de chimpancés, dedujo que cada grupo tiene una cultura distinta y que la difusión de las variables culturales la realiza sexo femenino, como también lo sugiere el que la transmisión cultural por aprendizaje se da desde las madres a sus crías. El libro de la esperanza, llamado urgente a la acción.

Vivian concluye en El fin de la novela de amor, que “la cosa se reduce a lo siguiente: quien no entiende sus sentimientos se pasa la vida vapuleado por ellos, a su merced; quien los entiende, pero no es capaz de procesarlos está abocado a años de dolor; quien niega y desprecia el poder que tienen está perdido”.

(https://elpais.com/ideas/2022-).

Hay que leer sus libros en estos turbulentos tiempos, pues algunos seres poderosos semejan chimpancés no evolucionados y otros, viven enredados en sus odios ponzoñosos. El mayor peligro, la indiferencia. Recordar que la lealtad sólo es de abajo para arriba, con transferencias de por medio o por designación.

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