Acapulco no se olvida

En las pasadas festivas fechas, Acapulco tiene una enorme tristeza. Quizá, los expertos la llamarían depresión. Nada de juventudes volcadas en las playas, ningún acapulqueñito correteando detrás de una pelota. Suspiros y trabajo es lo que hay. La cada día más escasa ...

En las pasadas festivas fechas, Acapulco tiene una enorme tristeza. Quizá, los expertos la llamarían depresión. Nada de juventudes volcadas en las playas, ningún acapulqueñito correteando detrás de una pelota. Suspiros y trabajo es lo que hay. La cada día más escasa ayuda ya no levanta ni los ánimos. Uno que otra turista al sol, esperando no pisar un vidrio escondido en la arena.

La basura, desde material hasta moral, presentes en cada esquina. Los cárteles no han parado ni los han parado. Reconstruir debiera suponer acuerdos para hacer mejor lo que antes no estaba bien. No. No hay acuerdos, sólo filas para recoger electrodomésticos que regala el gobierno “a las personas censadas”. Muchas no supieron del censo, otras, persiguieron a los servidores de la nación, pero no hubo modo. Quienes están inscritos no saben bien por qué, pero agradecen. Y son los menos. Hay doscientas cincuenta mil personas afectadas, aproximadamente.

No basta. Levantar Acapulco no es cuestión de palabrería. No hay varita mágica. Hay que poner talento y esfuerzo, pesos y centavos, diseñar planes para construir mejores viviendas que resistan huracanes, mejores vialidades, mejores escuelas, mejores hospitales. Instituciones base para el acceso a derechos para todas y todos. Pero no hay. Ni interesa al gobierno. Lo único, no perder muchos votos.

La precariedad será la norma. Autoconstrucción, apilar la basura quién sabe dónde, pagar la extorsión, no provocar a los abusadores. Cuidarse hasta de su sombra, acostumbrarse a vivir con miedo, sin médicos, ni medicinas. Té de yerbabuena, de manzanilla, de tila, y en el mejor de los casos, aspirinas. La escuela, con maestras y maestros un tanto golpeados por la tragedia, otro tanto dispuestas y dispuestos a intentar lo casi imposible: enseñar sin herramientas adecuadas.

Otis, nueva palabra para designar el miedo, la devastación, la tragedia. Otis, persona adinerada en alemán; nombre de aves como las avutardas, que ni por casualidad vuelan por Acapulco, Otis tarda. O también, Otis se llama la compañía más famosa de elevadores y escaleras eléctricas. Hasta una prueba para medir la capacidad intelectual lleva ese nombre. Todo esto también lo ha borrado el huracán.

Hoy, Otis sólo nombra la tragedia de la indiferencia gubernamental ante la devastación provocada por el huracán.

En las mujeres se concentra el dolor, la angustia y la desesperación. Mujeres que quizás, esperaban que Adelina fuera sorora, están desengañadas. Ella está ahí por AMLO, pero también, por la lucha de muchísimas mujeres.

La primera presidenta municipal del país fue la de Chilpancingo. Andrea Meza Andraca, en 1936. Su trabajo, a favor de la población, pero con énfasis en mejorar la situación de las chilpanguenses.

De Evelyn Salgado, primera gobernadora, cuyo mérito para ocupar el cargo es ser hija de su padre, no hay mucho que esperar. Enredada entre sentimientos filiales y reclamos feministas, sólo cabe desear que no se agrave la muy precaria situación de las mujeres, de las de Acapulco en particular. La trata de personas las acosa a diario.

Nada conmueve a quien inaugura obras inacabadas, que poco ayudarán a las más pobres, porque, dicen, detrás del hombre más pobre siempre está una mujer más pobre y a esa no le interesa subir a un trenecito. Acapulco creció sin dirección, con ingenio, con voluntad, pero sin mapa para beneficiar a toda la población.

Con el tren militar se repite la experiencia, pero amenazante. Dicen que habrá 18 polos de desarrollo. La experiencia sentencia: si acaso, serán polos de subdesarrollo, donde quienes pueden invertir, ganaran más y tendrán privilegios. Los pobladores originarios, los mayas, sobrevivirán en la precariedad. Devastación es la transformación de cuarta que, afortunadamente, no llegó para quedarse. Votemos por un país seguro.

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